necesidad de abrazo

Pasión breve en cuentos para leer IV

Leer nos abre la mente, porque viajamos con los relatos a otros mundos que no son nuestros y, gracias a ello, aprendemos, poseemos experiencias a las que de otra forma no tendríamos acceso. De ahí que cuanto más leemos más grande se nos hace el corazón, también se hace más flexible nuestro cerebro, somos más abiertos, más sociables. Nunca he visto un elefante, pero sé que poseen una gran memoria. Nunca he caminado bajo una tormenta con rayos y truenos, aunque conozco la sensación de pánico al no encontrar refugio cuando estás en ella. Nunca he disparado un arma, o viajado en un cohete, o montado a caballo…Y, sin embargo, pareciera que todas esas acciones no me son desconocidas.

Viajes son pasiones para aquellos que disfrutamos saboreando otros mundos, dejándonos invadir o colonizar por ellos, porque a la vuelta sabremos, como poco, que hay más, mucho más, aparte de nosotros y de esos lugares a los que alcanzamos con la vista, y con el bolsillo. Por eso a veces me invento mundos, por eso a veces escribo, porque la pasión por la escritura me da vida y ninguna vida merece si no es compartida.

Aquí les dejo una nueva dosis de pasión breve en cuentos para leer. Mi pasión por la lectura y por la escritura, la que me hace sonreír a solas, cuando de mis travesuras me acuerdo. Ojalá rías conmigo porque así es la pasión, y quien la probó lo sabe.

 

Llamando a la Tierra

-Estaba queriéndote -había sonado el despertador. Ella se acercó para abrazarlo con todo su cuerpo. Él le sonrió, aún de espaldas.
-¿Cómo es posible? ¿Estabas queriéndome dormida, a millones de años luz de mi cuerpo?
-Sí. Te estaba acariciando en mis recuerdos gracias al aroma de ti que aún respiro. Escuchando tu voz para tumbarme en su eco, y retumbarme en tus pensamientos. Así hago un viaje sobre los haces de luz que salpicaban en tus pupilas la última vez que hablamos, cuando me sonreíste -entonces, sonó el despertador.

Mujer soñando

Hambre, nada más

Así que aquel pequeño no creía en la existencia de los dragones. Por eso, le pedí que la próxima vez que mirara al cielo se fijara en las nubes; porque, si ponía atención, vería que algunas de ellas tenían forma de alas, también un gran hocico por el que echar fuego, e incluso una cola larga que finalizaba en una flecha. El niño me dedicaba su mejor expresión de desconfianza, pero me estaba escuchando. Entonces le expliqué que los dragones no querían dejarse ver. Sin embargo, en ese momento sobrevolaban nuestras cabezas, quedando solo su estela blanca para que supiéramos que estaban ahí, con toda su magia. El chiquitín fijó sus ojos en mí, incrédulo una vez más, y enseguida alzó su vista. Me confesó que una vez vio un tren allí en lo alto, preguntándome después si los trenes podían volar junto a los dragones.

 

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Cuántica literaria

Un pasillo lleno de puertas, y en cada puerta una historia, una Julieta, un aprendizaje, una aventura, una alegría y un dolor. Ahora resuenan mis golpes en la que más secretos esconde, en la novela de mis pesadillas. Son los aposentos de seres que sobrecogen con las verdades que solo se aceptan con el tiempo. “¿Quién es?”, preguntan con voz amenazadora. “Yo”, respondo fingiendo autoridad. Se ríen porque me conducirán a un final que solo ellos conocen. Entro asustada, pero entro.

Árboles en flor

Apátrida

A la hora señalada, tras su rastro fueron las estrellas. La cercanía de tierra nos afectaba a todos. Demasiado pronto para lanzarse al agua, demasiado tarde para dar marcha atrás y jamás subir a bordo. Alcanzar el punto de partida obliga a hacer balance. No a los que, ebrios de vino, habían extrañado a sus mujeres a golpes con otros marineros. Tampoco a aquellos que ahora reían a carcajadas por su mano favorable, con un palito entre los dientes, sin nada más suerte. Me hacía hacer balance a mí; que había dejado mi hogar, mi fortuna y mi honor con la esperanza de morir en aquel viaje. Pero regresaba con vida para escribir las olas, y mirar con viento.

tumba pirata

La caja de música

Voy a contarte un secreto, pero no debes decírselo a nadie. Da igual cuántas veces te pregunten, da igual lo que indaguen, no te rindas a las zalamerías para sonsacarte. Se trata del mayor enigma de la humanidad, guardado desde el principio de los tiempos en las peñas más hondas, en las cumbres más altas y en los rincones visibles pero invisibles. Y este misterio ha pasado de boca en boca en nuestra estirpe sin que nadie lo haya revelado jamás; porque la supervivencia de los nuestros, de los otros y hasta de aquellos que no queremos, depende de ello. Querrán saberlo, créeme. Siempre quieren. Pero debes recordar que es tu responsabilidad guardarlo, e incluso, olvidarlo hasta que un día te toque contarlo.
Cuando tuvo esta misma conversación años más tarde con el siguiente eslabón de la cadena de supervivientes le confesó que nunca quiso saberlo. Y que, por eso mismo, le había sido tan fácil guardar el secreto.

 

despacho de un escritor

Ningún lobo aúlla en el circo

Te regalo un libro. Ten en cuenta que voy en él. Que en sus páginas dejé lágrimas y sonrisas, que me acompañó en viajes cercanos y lejanos, que me habló cuando las palabras de otros quemaban, cuando las mías odiaban. Que hizo de escudo y espada, que me llenó de ternura cuando llegó la madrugada. Que odié y amé con él. Que me contó la verdad más profunda, más odiosa y más hermosa de todas: que voy a morir, pero que no estoy sola.

Apuntes del escritor

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Manual de Laura para viajar

Conducía por aquella carretera del norte al amanecer cuando se dio cuenta de que iba chocar contra una cabra. Pisó el frenl en un acto reflejo y logró que el vehículo quedara apenas a un milímetro del animal, que no se habían inmutado lo más mínimo y seguía rumiando tranquilamente en medio de la carretera. Laura la miró para maldecir pero al verle aquella expresión de indiferencia pastoril se echó a reír a carcajadas. Había comenzado a viajar sin rumbo, o con un rumbo preciso, aunque aún no se diera cuenta.

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Allí, en medio de la nada se dio cuenta de que estaba amaneciendo y de que aquellas primeras luces del día convertían en cielo, la carretera, su coche y la cabra en un milagro de la naturaleza. Un paisaje del alma, bello y accidentado, como estaba también la suya.

Se acercó al animal, que seguía donde mismo, para acariciarlo pero al llegar a su lado este reaccionó depositando rapidamente una retahíla de heces, pequeñas y oscuras como el chocolate. Laura se las quedó mirando sonriendo de nuevo. La cabra, sin inmutarse, había expresado su inquietud dedicándole sus excrementos. Pero seguía rumiando y su coche echando humo.

-Te voy a contar un cuento. A ver si cuando termine me dejas acariciarte. -le pidió con voz suave y mirada mansa.

-Bueno -le respondió la cabra. -pero no te conozco así que si no me gusta me iré aunque no hayas terminado.

Laura estaba muy sorprendida. Aquel animal, además de ser suicida y de estómago ligero, era también exigente.

-¿A qué esperas? -la cabra seguía hablándole. –Cuéntame un cuento y recuerda que estamos en  la hora bruja así que ten cuidado con lo que imaginas.

-¿La hora bruja? Nunca había escuchado hablar de ella.

-Claro, Laura -la joven se quedó perpleja porque supiera su nombre. -Es que solo eres humana. A la hora bruja -comenzó a explicarle, -se ve todo lo que no se ve, se siente todo lo que se esconde y se hace realidad todo lo que se sueña.

-¿Cómo puede ser eso? -ella no podía creer que aquella cabra hablara en serio. Con los deseos y sueños que ella había albergado toda su vida.

-Pues así es. Lo que ocurre es que solo sucede dos veces al día. Al amanecer y al anochecer y hay que estar avispado porque dura apenas un momento.

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-¿Estamos ahora en la hora bruja? -preguntó Laura.

-¿Qué comes que adivinas, pequeña? ¿Si no fuera así iba una cabra a estar hablando contigo?

-Tal vez me quedé dormida al volante -razonó.

-Puede ser. Pero esta mañana yo pedí que una humana me contara un cuento y aquí estás. En medio de la nada dispuesta a hacerlo, ¿verdad?

-Sí. La verdad es que contarle un cuento a una cabra en la hora bruja es un privilegio.

-Pues venga, que nos queda poco tiempo.

-En la hora bruja todo es posible, ¿verdad?

-Más que nunca -respondió la cabra con un alarido.

-Entonces voy a contarte una historia de amor, pero no una historia de amor cualquiera. Te voy a contar la historia de cómo el amor nos lleva allá donde imaginamos, de cómo si uno es valiente abre la puerta de la fantasía y nos hace creer, pero no solo a nosotros sino también a quienes han renunciado a él o han dejado de creer que tanta felicidad sea posible. De cómo viajar con el amor nos lleva a otros mundos y nos transforma.

La cabra guardó silencio un momento, rumiando la respuesta.

-¿También devuelve la fe a las cabras?

-Por supuesto. Si una cabra ama todo es posible -al escuchar esto el animal se tumbó tal como estaba, en medio de la carretera, junto al coche que aún tenía la puerta del conductor abierta y las marcas del frenado sobre el asfalto, bajo el cielo rojizo del amanecer, dispuesta para viajar al cuento de Laura en la hora bruja.

Había una vez una joven que estaba enamorada de un caballero que vivía en un castillo inaccesible. Lo había descubierto cuando llegaba en su barca al pueblito, porque se había construido la torre más alta del reino al otro lado de la bahía, pero tenía que llegar hasta la costa una vez por semana, cuando iba al mercado a comprar víveres. Solía pasar desapercibido para los demás, porque ni su atuendo no la expresión severa de su rostro dejaban entrever ningún don agradable para animar a nadie a decirle esto o aquello, nada más allá de las áridas conversaciones sobre el tiempo. Sin embargo a veces, cuando escogía la fruta entre las que se exponían a la venta, la joven había observado que se le dibujaba una sonrisa al llevárselas a la nariz para inspirar su aroma. También se sentaba en uno de los pilones del puerto, siempre en el mismo, antes de subir a su barca para remar de nuevo hacia su fortaleza. Pasaba allí largo rato hasta que al fin se echaba al agua y desaparecía en soledad. Ella un día se sentó en aquel rincón, aspiró el aroma a marisco, escuchó el bullicio del mercado y admiró a todos aquellos pescadores que recogían sus redes y limpiaban sus barcos tras un día de dura faena. Entonces algo saltó en su interior, y amo a aquel caballero que había encontrado el lugar perfecto del puerto para disfrutar de la vida que había en él. Y no pudo comprender por qué nadie se había dado cuenta antes.

Decidida, la joven saltó a una de las chalanas de los pescadores y llegó remando hasta la fortaleza. Allí la empalizada estaba subida, no había más que muros de piedra. Ni siquiera una ventana le permitían ver lo que había dentro. Aunque ella sabía que allí estaría su caballero, pero no sabía en qué pasaba su tiempo o en qué pensaba. Lo que sí sabía era que estaría haciendo algo que mereciera la pena, como aspirar el aroma de la fruta o disfrutar de la vida del mercado.

-¡A del castillo! -gritó. Y como nadie contestaba gritó más fuerte: -¡A del castillo, por favor!

-¿Y por qué grita? -la interrumpió la cabra. -que entre y ya está.

-Es que el caballero había decidido aislarse del mundo y había levantado un castillo en medio del mar sin empalizada, sin almenas y hasta sin torres. Su mundo cabía en único obelisco sin huecos que casi rascaba el cielo.

-Caramba. ¿Y cómo entraba?

-La joven no lo sabía, por eso gritaba -aclaró guiñándole el ojo a la cabra.

Ese caballero es muy complicado. Creo que va a ser un cuento demasiado largo –la cabra miró el cielo. El rojo del amanecer ya era naranja y comenzaba a sentir unas ganas tremendas de tirar para el monte. –Dale prisa, muchachita, si quieres que se haga realidad tu historia.

-Vale vale. ¿Cuánto tiempo tenemos? –la cabra levantó el hocico, señalando las montañas.

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-Cuando sean verdes ya no habrá magia –en aquel momento aún retenían el fuego de la llegada de la mañana.

-Volvió a llamar y nadie contestó –Laura hablaba sin dejar de mirar al horizonte hasta que cerró los ojos para viajar con su corazón hasta el centro del relato -pero como ella era joven pero de alma vieja, de estirpe de brujas buenas, guardó silencio un instante para escuchar desde dentro, a la vez que pedía consejo a sus ancestras. Ella quería conocer a aquel caballero que había descubierto el tesoro de la vida aún estando fuera de ella.

Así que escuchó y escuchó hasta que un gemido casi imperceptible llegó hasta ella. Miró hacia lo alto, hacia el obelisto para ver de dónde salía. Allí no habían huecos, solo piedra. Sin embargo, su alma vieja comprendía que aquel lamento era como una bandera que de auxilio que hondeara al viento, invisible a los ojos y corazones de quienes solo veían las apariencias.

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Por eso acercó un poco más la barca hasta el muro y se encaramó como pudo, escalando, subiendo con toda la dificultad del mundo, guiada por aquel lamento que solo ella escuchaba. Las manos le sangraban, se resbalaba y caía al agua pero volvía a subir al bote y desde él saltaba hasta la roca de nuevo. Mientras, el lamento era cada vez más débil, hasta que finalmente desapareció del todo. Desvaneciéndose como la bruma en la tarde que llena de humedad los corazones hasta congelarlos, pero no el de Laura, que seguía escalando, trepando y escuchando con su instinto de bruja buena.

Sin embargo, y casi cuando estaba en lo alto, una piedra mal encajada hizo que perdiera el equilibrió y cayó al mar sin remedio. El golpe fue tan fuerte, porque ya estaba casi casi a la altura del cielo, en lo alto del obelisco, que la dejó inconsciente y a merced de la marea.

-¿En serio? –la cabra no podía creérselo. –¿Tanto esfuerzo para nada? Ese caballero no se la merecía–se molestó de tal manera que escupió parte de la hierba que rumiaba justo al lado de los pies de Laura.

-Si crees en la hora bruja deberías creer en los encantamientos –le advirtió para tranquilizarla.

-No te digo que no pero, ¿que magia hace que te escondas? -era una cabra con carácter, de eso no cabía duda.

-¿No conoces el sufrimiento? -Laura acudió entonces a la verdad de su corazón para hacerla comprender.

El sufrimiento no es magia. Y él no se había escondido del todo. Iba al mercado a observar la vida, y gemía. En mi opinión -concluyó el animal, -algo dentro suyo luchaba por salir de aquella torre. Él fue el que hizo magia.

-Ciertamente eres muy lista–Laura se sorprendió con aquella reflexión y ya jamás la olvidaría. La cabra se acercó a ella y restregó su lomo contra su cintura. –Me caes bien -la acarició con ternura.

-Y tú a mí -la cabra estaba tan a gusto que casi sonreía. –Pero es que tengo que marcharme. Mira la montaña. Se está cerrando la puerta y he de irme al otro lado. ¿Me cuentas el final de la historia? Ella se habrá salvado, ¿verdad? –la cabra ya había salido de la carretera y trotaba alegremente monte arriba.

-Tendrás que esperar a la hora bruja de esta noche, o a la de mañana, para viajar con la hora bruja y saberlo –Laura la despedía dirigiéndose a su coche, que seguía en medio de la carretera, enviándole besos volados.

La cabra trotaba por el monte camino hacia la cumbre de la montaña a la vez que el verdor se llenaba de cantos de pájaros, de mariposas, de nubes que se levantaban dejando ver el cielo azul, despejado, amarillo. La hora bruja había concluído, por eso cuando llegó a la cima y bajó por la ladera ya caminaba a dos patas; con la melena al viento y una gran sonrisa en los labios. Caminaba hacia la bahía con el puerto de pescadores para llegar más allá, en medio del mar, hacia el obelisco de piedra dura que llegaba casi casi hasta el cielo; sin empalizada, sin almenas, sin torres…Al alcanzar la orilla se adentró en el agua y, un poco antes de llegar a él, se sumergió en las profundidades para llegar a su base, donde presionando una roca se habría una puerta por la que accedió hasta el interior. Allí estaba el caballero, sentado leyendo un libro junto a una chimenea. La recibió con una gran sonrisa y se levantó para envolverla en una toalla.

-Buenos días, Laura –y le dio un beso.

-Buenos días, mi vida –ella se quedó abrazada a él un buen rato para calentar su cuerpo mojado con el calor que desprendía.

-¿Mañana iremos al pueblo a comprar pescado? –le preguntó el caballero sin dejar de acariciarle la melena.

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-Claro, cariño, y al atardecer, en la hora bruja, bailaremos como cabras con nuestros vecinos.

 

 

La poetisa Elsa López y Alexís Simón, de Bodegas Tamanca  durante 'Un vino para un libro' . El Paso. La Palma .

El vino de La Palma se une con Elsa López y la literatura

“Reunirse en torno a una botella de vino para reír, charlar, cantar…Eso es cultura” . La poetisa, Elsa López conmovió los cimientos de El Paso junto con Alexis Simón Rodríguez, de Bodegas Tamanca en el primer encuentro Un vino para un libro, organizado por el Ayuntamiento Pasense. Respondió la autora, que este año ha recibido la Medalla de Oro de Canarias 2016, a una pregunta del público sobre uno de sus versos que, siempre ha sido “una niña triste“, reconoció, “o tal vez no triste pero sí con nostalgia de todo lo que quedó atrás”. Sin embargo, precisamente fue este sentimiento el que conmovió a todos los asistentes, que confesaban participativos sentirse identificados. Y es que todos lo sentimos, lo que ella decía, porque sus verdades como puños, esas que nadie quiere oír pero que todos anhelamos compartir animaron a todos a contar, pero sobre todo ella, Elsa López, y su manera de escucharnos. De hecho, en este evento “vivo y dinámico”, como lo describió el concejal de Cultura del Ayuntamiento de El Paso, Andrés Carmona, si hubo una nota característica fue la emoción, porque también hubo momentos para el recuerdo de personas cercanas amadas, como el fundador y patriarca de Bodegas Tamanca, Federico Simón Cruz, al que se dedicó el brindis final con el vino Tamanca Blanco Selección, escogido especialmente para el maridaje con los poemas de Viaje a la nada (Ediciones Hiperión).”Ha estado y está entre nosotros”, destacó la poetisa haciendo latir el corazón de todos hasta el último momento. Igualmente, ella recibió como regalo extra el emparejamiento con otro vino, esta vez de ella como persona y como artista. El vino Tamanca Roble Selección, “que es fuerte, que es cálido y que no deja indiferente a los paladares sensibles”, describió Alexis Simón Rodríguez al maridarlo con la artista.

 'Un vino para un libro' . organizado por el Ayuntamiento de El Paso. La Palma. De derecha a izquierda: Alexis Simón, de Bodegas Tamanca, Andrés Carmona, concejal de Culttura, la poetisa Elsa López y quien les escribe, Julieta Martín Fuentes, escritora y periodista.

‘Un vino para un libro’ . organizado por el Ayuntamiento de El Paso. La Palma

Un vino para un libro

“Mi libro de poemas”, explicó Elsa López en el encuentro Un vino para un libro, “describe un viaje que me regaló mi marido al Círculo Polar Ártico porque”, añade, “como todas las personas de tierras cálidas yo soñaba con conocer paisajes de nieve”. Por eso, y gracias a que como buena escritora siempre lleva consigo una libreta, comenzó a escribir sus emociones, anotando el lugar, el día y la hora que lo hacía mientras se desplazaba por el otro lado del mundo, en pleno febrero, a cuarenta grados bajo cero. Tal vez por la temperatura, o tal vez porque estar lejos de casa y de lo que uno conoce permiten ver, o vernos, con más claridad, los versos de Viaje a la nada dejan sin aliento, y en silencio, a quien escucha a un corazón que late con tanta transparencia:

Sobre la blanca sábana

el cuerpo desnudo de una mujer.

El cuerpo triste de una mujer

sobre las sábanas blancas

16 de febrero 3.30 de la madrugada

Elsa López. Viaje a la nada. Ediciones Hiperión

Al pasar por delante del espejo

se vio de perfil, caídos los pechos, 

la barriga hinchada, la cara

enrojecida, enrojecidas la frente

y las mejillas, los ojos enrojecidos

más aún que la frente y la barbilla .

Y se odió a sí misma. O no.

No lo supo muy bien.

Elsa López. Viaje a la nada. Ediciones Hiperión

Poemario de Elsa López 'Viaje a la nada', que se pudo adquirir durante 'Un vino para un libro' gracias a la Librería Bambi, ubicada en El Paso.

Poemario de Elsa López ‘Viaje a la nada’, que se pudo adquirir durante ‘Un vino para un libro’ gracias a la Librería Bambi, ubicada en El Paso.

Por estos poemas, “mis favoritos del libro, y no sé por qué”, según desveló al leerlos, le preguntaron los asistentes. Había interés por conocer el motivo de que esa mujer de la que escribe se odiara al mirarse al espejo, en vez de valorarse, de celebrar lo vivido. Elsa López agradeció la pregunta y explicó que “las exigencias de esta sociedad en la que vivimos tal vez no permiten ver eso al observar nuestro reflejo, porque solo es el exterior lo que se valora y acabamos por creer que es lo único que existe”. Y, sin embargo, esta conversación íntima, entre la poetisa y el público asistente al encuentro Un vino para un libro, y entre ella y Bodegas Tamanca, con Alexis Simón Rodríguez, se desenvolvió justamente al otro lado del espejo, un espacio en el que habitan la poesía, la verdad y, como comprobamos en esta ocasión, también el vino Tamanca Blanco Selección. Porque ambos calzaron a la perfección siendo artes en apariencia tan diferentes, como si de un guante se tratara, con el beneplácito de los asistentes, que recordaron y confirmaron la sentencia de la artista sobre que el vino, y lo que se reúne en torno a él, es cultura. “Yo confieso que no bebo”, intervino una asistente, “pero vivo al lado de Bodegas Tamanca y lo que más recuerdo siempre son esas reuniones en las que la familia citaba a todos los vecinos y conocidos, cómo disfrutábamos de la compañía mutua y cómo se alargaban hasta la mañana sin que nadie quisiera marcharse”. Tal vez por eso, la nota de cata y las reflexiones que nos regalaron sobre Viaje a la nada fueron consideradas por todos como poesía, también por Elsa López, que citó a Gustavo Adolfo Bécquer para explicarlo: “Porque poesía es esta madre que entre el público tiene en brazos a su bebé. Lo que ella está haciendo es poesía, porque poesía eres tú, somos todos”.

'Un vino para un libro' . organizado por el Ayuntamiento de El Paso. La Palma

‘Un vino para un libro’ . organizado por el Ayuntamiento de El Paso. La Palma

Reflexiones acerca de Viaje a la nada, de Bodegas Tamanca

Para Elsa López y para Un vino para un libro. Al leerlas se comprende cuánta poesía hay en el vino, y en todo lo que se mueve en torno a él:

Viaje a muchos lugares, viaje a la nada. Escenarios, para el lector, lejanos…fríos, esteparios, desérticos y nevados. Pero siempre hay un mar que lo apacigua todo: lo impasible, lo perturbador, la soledad, lo sólidamente níveo e inmaculado. 

¿Cómo acercar un perturbador, en nuestro paladar, vino blanco a este poemario de Elsa López Viaje a la nada? No es sencillo, tampoco dificultoso. 

Nuestra imaginación puede navegar en un barco sobre rocas de lava volcánica o volar en un aeroplano por paisajes boscosos de tupida laurisilva. El vino se acerca a un intercambio, a una fusión con la palabra, con la emoción y el sentir. Somos nosotros los únicos responsables de este desleimiento entre dos artes efímeros, el de la palabra escrita y el de la pócima embriagadora, ambos alquimistas de sueños, de fulgor retiniano, de viajes a infinitos destinos, de viajes a la nada.

Las cicatrices de nuestra isla, sus agrestes cordilleras y picos, sus barrancos, sus coladas de lava, sus malpaíses, sus morros, sus arenales, son nuestros paisajes helados de calor, de fuego y de ímpetu atmosférico. Son nuestros rasos, nuestro terruño, de apariencia estéril del que brotan esquejes verdes tiernos de las arrugas de la vid, de las viñas. La rugosidad de los troncos nos muestra el devenir de su ardua vida y del esfuerzo continuo para extraer del suelo la otra vida que dará un metamórfico y embriagador fruto. 

Blanca, gris, y silenciosa. Negra, gris, y silenciosa. Es el silencio el sol que madura los frutos del alma. Es el silencio el grito más fuerte; si lo pronunciamos, desaparece. 

En ese ruidoso silencio, en soledad, crecen las vides, en la más indeleble nada. La nada lo es todo, y llega a todo. En este particular viaje por dos mundos, el de la poesía y el del vino, encontramos tantos paralelismos entre ellos como hechos tenemos en nuestro sueño cotidiano. 

El frío nos hace abrigar, refugiarnos. Es el mismo frío con el que nos aliviamos o incluso disfrutamos; son las antítesis de la vida, los argumentos que nos hacen sentir y estar vivos. Frío abismo, frío hielo, fría nieve, frío vino blanco, frío frescor de una cueva en un caluroso día de estío. 

Dice Ovidio en su ‘Ars Amandi’: “El vino predispone al amor, ahuyenta la tristeza, disipándola con continuas libaciones. Entonces estallan las risas, el pobre se cree rico, las inquietudes desaparecen de la antes arrugada frente, el corazón se ensancha y la sinceridad, hoy día tan rara, resplandece sin artificio alguno”. 

El frío se vuelve calor en nuestras almas, y el calor en depresivo hielo: el silencio que llevamos dentro. todo se transforma, existe la mutación de lo aparente: donde existe un todo, aparece la nada; se nos muestra la nada y brota siempre un indescifrable sueño, una quimera en la que navegamos y volamos sin razón, como iluminados por una diáfana copa de vino Tamanca Blanco Selección

La poetisa Elsa López con el vino Tamanca Blanco Selección, maridado para la lectura de sus poemas por Bodegas Tamanca.

La poetisa Elsa López con el vino Tamanca Blanco Selección, maridado para la lectura de sus poemas por Bodegas Tamanca.

Y fue este vino el que acompañó la velada, y el que luego, a la salida, se disfrutó entre los asistentes al encuentro Un vino para un libro, organizado por el Ayuntamiento de El Paso, con la colaboración de Bodegas Tamanca, de esta que les escribe y la participación de la Librería Bambi. Pero, ¿por qué este vino? Ambos, en el encuentro previo que tuvo lugar en Bodegas Tamanca, estuvieron de acuerdo desde el primer momento. Elsa López le pidió un blanco, “no sé por qué, porque yo no sé de vinos, confieso que soy bebedora social, que me gusta solo cuando me une a otras personas para celebrar”, destacó al recordarlo. Y Alexis Simón Rodríguez se mostró sorprendido porque “le gustó el primero que le llevé nada más probarlo, y eso es muy emocionante al tratarse de una artista como ella. Me sentí muy orgulloso”.

Así es que, y aunque el gusto es algo muy difícil de definir, Bodegas Tamanca preparó también una nota de cata sobre el vino Tamanca Blanco Selección para el maridaje con Viaje a la nada, de Elsa López, (Ediciones Hiperión). También fue leído en el encuentro, leído y catado en un momento en el que todos disfrutamos de esa magia que brota al descorchar una botella y un experto, apasionado por el proceso, nos explica cómo hay que beberlo.

Nota de cata

En el vino aparecen palabras relacionadas con las uvas y el vino: cesta de mimbre, hombros (de los racimos, de la botella, de los viticultores); sol, luz, corte de las mandíbulas; nube de hielo transparente; mar…

El vino se elabora con uvas blancas del oeste de la isla de La Palma: albillo de Garafía, bujariego de Fuencaliente, malvasía de Las Manchas y sabro de Todoque. Es amarillo pálido brillante con reflejos verdes. 

En nariz tiene toques de hierbas aromáticas (hinojo, caña limón…) y de frutas de hueso y tropicales. 

Con buena acidez, la sensación en boca es de frescura. Es denso, glicérico y esponjoso que nos envuelve. Muy agradable cuando se consume muy frío, dándonos la sensación de que nos corta las mandíbulas. 

Es un vino fácil de maridar con queso fresco, pescado y mariscos, arroces, incluso con carnes blancas y, por supuesto, con el poemario ‘Viaje a la nada’ , de Elsa López.

Bodegas Tamanca. 21 de julio de 2016

Rincón de 'Un vino para un libro' preparado por el Ayuntamiento de El Paso con ocasión del maridaje.

Rincón de ‘Un vino para un libro’ preparado por el Ayuntamiento de El Paso con ocasión del maridaje.

¿Qué tal este maridaje? En mi caso, puedo decir que comprendí desde un primer momento la intención de unir opuestos en apariencia con la que nace Un vino para un libro, sobre todo en el caso de esta poetisa a la que admiro y respeto, como es Elsa López, porque ella siempre habla con la verdad, y porque, como bien dice Bodegas Tamanca en sus reflexiones sobre su poemario Viaje a la nada y el vino, con ellos “la sinceridad, hoy día tan rara, resplandece sin artificio alguno”.

Elsa López

Conocí a Elsa López cuando trabajaba como periodista en Gran Canaria y Tenerife, ese conocer que da la profesión , desde la distancia y la curiosidad para informar, no desde el corazón inquieto que sueña. En aquella ocasión tuve que escribir sobre dos conferencias que dio, una en la que abordaba el tema de escribir desde una isla y, la otra, sobre ser mujer y escritora. Sus palabras, llenas de esa verdad que nadie quiere escuchar pero todos anhelamos compartir, me atravesaron. Ella es así, no deja indiferente, como a mí  me gustan las personas. Hace un año la entrevisté para una publicación con la que colaboro desde La Palma y, esta vez, decidí acercarme a ella con otra actitud, menos objetiva, más emocional, más humana, más animal, como me terminó reconociendo ella que era en esta etapa de su vida. Comprendí bien estas palabras suyas, como todas las que dice en realidad, porque escucharla nos sintoniza con el mundo que nos rodea, a la vez que nos reafirma con nuestro ser individual.¿Quién no se vuelve cada vez más animal cuando vive la vida? Creo que ella nos enseña a aceptarlo con su presencia, y yo se lo agradezco. Igual que le agradezco el apoyo que siempre ha dado a la literatura, a personas como yo, que me acerqué a su puerta con mi novela en la mano y, aún con sus dudas porque no había leído nada de mí, me aceptó y me ha acompañado como solo ella sabe hacerlo: con la verdad. También le agradezco que estuviera con nosotros, no solo en esta Casa de la Cultura inaugurando  Un vino para un libro (muchas gracias también al Ayuntamiento de El Paso, a Bodegas Tamanca y a la librería Bambi, a todos los que nos acompañan participan con nosotros en esta aventura) sino que le agradezco también que esté en La Palma, viviendo, regalándonos su presencia y su arte.

Cartel del encuentro 'Un vino para un libro', organizado por el Ayuntamiento de El Paso

Cartel del encuentro ‘Un vino para un libro’, organizado por el Ayuntamiento de El Paso

Porque ella vive en La Palma, pero nació en Santa Isabel de Fernando de Poó, Guinea Ecuatorial, pero ha escogido nuestra isla para vivir, aunque sigue viajando allá donde la curiosidad, las amistades, la familia, los amigos, el arte, la lleven. Porque Elsa López también es antropóloga, licenciada en Filosofía y ha recibido premios como el Premio Internacional Ciudad de Melilla, el Premio de Poesía Rosa de Damasco o el Premio de Poesía José Hierro. Además, es presidenta del jurado del Premio Internacional de Poesía Santa Cruz de La Palma, ha sido profesora de Literatura Española en Suiza, directora de la Fundación Antonio Gala….la lista es interminable, como la de todas las personas que viven y se atreven pero es que este 2016 ha recibido la Medalla de Oro de Canarias, que concede el Gobierno de nuestra comunidad autónoma, y que, según ella ha afirmado al recibirla, “se la han dado las gentes de Canarias”. Tiene razón, nosotros se la hemos dado, porque la admiramos y, lo que es más importante, la queremos mucho.  Como novelista y como poetisa, ha inaugurado con nosotros en Un vino para un libro; compartiendo la lectura de sus poemas del libro Viaje a la nada (Ediciones Hiperión) con el maridaje de sus versos que ha realizado especialmente para la ocasión Bodegas Tamanca, con el vino  Tamanca Blanco Selección. Creo que ella estará de acuerdo conmigo en que es una manera, como poco, original de presentar su libro en La Palma, para que, junto con este vino, nos caliente el corazón a todos con ese viaje al corazón del Círculo Polar Ártico del que ella escribe y que nos conduce a un viaje sin igual por ese universo contradictorio que define al ser humano.

 “Escribo en la cubierta. Las manos

y la pluma completamente heladas.

El cerebro no es capaz de colaborar

En la comprensión de tanta belleza” 

Elsa López. Viaje a la nada. Ediciones Hiperión