necesidad de abrazo

Pasión breve en cuentos para leer IV

Leer nos abre la mente, porque viajamos con los relatos a otros mundos que no son nuestros y, gracias a ello, aprendemos, poseemos experiencias a las que de otra forma no tendríamos acceso. De ahí que cuanto más leemos más grande se nos hace el corazón, también se hace más flexible nuestro cerebro, somos más abiertos, más sociables. Nunca he visto un elefante, pero sé que poseen una gran memoria. Nunca he caminado bajo una tormenta con rayos y truenos, aunque conozco la sensación de pánico al no encontrar refugio cuando estás en ella. Nunca he disparado un arma, o viajado en un cohete, o montado a caballo…Y, sin embargo, pareciera que todas esas acciones no me son desconocidas.

Viajes son pasiones para aquellos que disfrutamos saboreando otros mundos, dejándonos invadir o colonizar por ellos, porque a la vuelta sabremos, como poco, que hay más, mucho más, aparte de nosotros y de esos lugares a los que alcanzamos con la vista, y con el bolsillo. Por eso a veces me invento mundos, por eso a veces escribo, porque la pasión por la escritura me da vida y ninguna vida merece si no es compartida.

Aquí les dejo una nueva dosis de pasión breve en cuentos para leer. Mi pasión por la lectura y por la escritura, la que me hace sonreír a solas, cuando de mis travesuras me acuerdo. Ojalá rías conmigo porque así es la pasión, y quien la probó lo sabe.

 

Llamando a la Tierra

-Estaba queriéndote -había sonado el despertador. Ella se acercó para abrazarlo con todo su cuerpo. Él le sonrió, aún de espaldas.
-¿Cómo es posible? ¿Estabas queriéndome dormida, a millones de años luz de mi cuerpo?
-Sí. Te estaba acariciando en mis recuerdos gracias al aroma de ti que aún respiro. Escuchando tu voz para tumbarme en su eco, y retumbarme en tus pensamientos. Así hago un viaje sobre los haces de luz que salpicaban en tus pupilas la última vez que hablamos, cuando me sonreíste -entonces, sonó el despertador.

Mujer soñando

Hambre, nada más

Así que aquel pequeño no creía en la existencia de los dragones. Por eso, le pedí que la próxima vez que mirara al cielo se fijara en las nubes; porque, si ponía atención, vería que algunas de ellas tenían forma de alas, también un gran hocico por el que echar fuego, e incluso una cola larga que finalizaba en una flecha. El niño me dedicaba su mejor expresión de desconfianza, pero me estaba escuchando. Entonces le expliqué que los dragones no querían dejarse ver. Sin embargo, en ese momento sobrevolaban nuestras cabezas, quedando solo su estela blanca para que supiéramos que estaban ahí, con toda su magia. El chiquitín fijó sus ojos en mí, incrédulo una vez más, y enseguida alzó su vista. Me confesó que una vez vio un tren allí en lo alto, preguntándome después si los trenes podían volar junto a los dragones.

 

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Cuántica literaria

Un pasillo lleno de puertas, y en cada puerta una historia, una Julieta, un aprendizaje, una aventura, una alegría y un dolor. Ahora resuenan mis golpes en la que más secretos esconde, en la novela de mis pesadillas. Son los aposentos de seres que sobrecogen con las verdades que solo se aceptan con el tiempo. “¿Quién es?”, preguntan con voz amenazadora. “Yo”, respondo fingiendo autoridad. Se ríen porque me conducirán a un final que solo ellos conocen. Entro asustada, pero entro.

Árboles en flor

Apátrida

A la hora señalada, tras su rastro fueron las estrellas. La cercanía de tierra nos afectaba a todos. Demasiado pronto para lanzarse al agua, demasiado tarde para dar marcha atrás y jamás subir a bordo. Alcanzar el punto de partida obliga a hacer balance. No a los que, ebrios de vino, habían extrañado a sus mujeres a golpes con otros marineros. Tampoco a aquellos que ahora reían a carcajadas por su mano favorable, con un palito entre los dientes, sin nada más suerte. Me hacía hacer balance a mí; que había dejado mi hogar, mi fortuna y mi honor con la esperanza de morir en aquel viaje. Pero regresaba con vida para escribir las olas, y mirar con viento.

tumba pirata

La caja de música

Voy a contarte un secreto, pero no debes decírselo a nadie. Da igual cuántas veces te pregunten, da igual lo que indaguen, no te rindas a las zalamerías para sonsacarte. Se trata del mayor enigma de la humanidad, guardado desde el principio de los tiempos en las peñas más hondas, en las cumbres más altas y en los rincones visibles pero invisibles. Y este misterio ha pasado de boca en boca en nuestra estirpe sin que nadie lo haya revelado jamás; porque la supervivencia de los nuestros, de los otros y hasta de aquellos que no queremos, depende de ello. Querrán saberlo, créeme. Siempre quieren. Pero debes recordar que es tu responsabilidad guardarlo, e incluso, olvidarlo hasta que un día te toque contarlo.
Cuando tuvo esta misma conversación años más tarde con el siguiente eslabón de la cadena de supervivientes le confesó que nunca quiso saberlo. Y que, por eso mismo, le había sido tan fácil guardar el secreto.

 

despacho de un escritor

Ningún lobo aúlla en el circo

Te regalo un libro. Ten en cuenta que voy en él. Que en sus páginas dejé lágrimas y sonrisas, que me acompañó en viajes cercanos y lejanos, que me habló cuando las palabras de otros quemaban, cuando las mías odiaban. Que hizo de escudo y espada, que me llenó de ternura cuando llegó la madrugada. Que odié y amé con él. Que me contó la verdad más profunda, más odiosa y más hermosa de todas: que voy a morir, pero que no estoy sola.

Apuntes del escritor

Cielo

La historia de El Recorrido y La Trayectoria

Hace muchos muchísimos años, en una galaxia muy lejana en la que vivía la Primera Despierta, el relato de su salida del Pequeño Mundo Hecho en el que habitaba y su expedición hacia lo desconocido, lo nuevo y lo imposible, la convirtieron en leyenda. Los Pequeños Mundos Hechos de aquel Universo Creado que componía el Gran Mundo Hecho recibieron la noticia de su partida y posterior llegada al Más Allá Desconocido porque La Luna Risueña, El Viento Caliente, Los Atarcederes Musicales y todos los amigos nuevos que hizo por el camino terminaron regresando a su lugar de origen, porque el alma de los seres creados siempre regresa a donde pertenece. Ellos contaron su historia, en diferentes lugares, de todas las maneras, en muchos idiomas, y siempre con un denominador común: crear es posible siempre que se despierta y se conecta con la compañía adecuada, siempre que acude La Risa Compañera.

Sombras

Cuando la historia sucede, la mayor parte de las veces por lo menos, los protagonistas no se dan cuenta de que son los dueños de su destino. Luego, cuando los recuerdos se asientan, cuando se macera el fondo de la memoria, cuando los acontecimientos se revelan desde el subconsciente al consciente. Es entonces cuando comprenden que siempre tuvieron la llave de su destino y que esa llave, utilizada o no, es la llave maestra que de ahí en adelante abrirá todas las puertas. Siempre y cuando recuerden y se mantengan despiertos.

Pero la Primera Despierta desapareció. Se quedó en el Más Allá, nadie supo nunca haciendo qué, creando qué, conectando con quién. Su Recorrido y su Trayectoria permanecieron en el anonimato hasta que ambos regresaron sin ella, cuando la Segunda Despierta logró sobrevivir a su primer año de exilio, engañada por el Viento Wifi, entre los seres que habitaban esta y aquella frontera, junto a los que no seguían el camino del Bien Común, entre los desheredados que, despiertos y conscientes, escogían salirse de la trayectoria del grupo de los habitantes de los diferentes pequeños mundos hechos que conformaban el Universo Creado. Allí permanecían, aislados, hasta que la comunicación abrió el camino y recondujo sus trayectorias, permitiéndoles un nuevo recorrido.

Por eso, El Recorrido y La Trayectoria de ese Otro Gran Universo por Crear se manifestaron a la vista de todos, iluminando su soledad y su aislamiento, conduciendo su sabiduría y sus encantos solitarios a través de la senda del Mercado de las Almas, enlazando sus desconectados sueños para que el Viento Wifi hiciera de puente hasta llevarlos más allá, junto a la Primera Despierta. Esa había sido su intención primera, cuando los condujo a todos al lugar idóneo para que pudieran conectar entre ellos, provocando que precisamente por su aislamiento sintieran la necesidad de comunicarse. Porque tras sobrevivir al sacrificio exigido por la Fuerza Creadora, que deborada periódicamente a la Esperanza Dormida que habitaba en los posibles hacedores, su verdadero ser se despertaba en ellos.

Escalinata

Así que cuando el grupo de seres extraños, raros, diferentes, despiertos, procedentes de los Pequeños Mundos Hechos, se encontró con la Primera Despierta fue la Segunda la que habló. Sus palabras eran ininteligibles para todos, pero no para el Viento Wifi, que iba y volvía de unos a otros, entre unos y otros, reproduciendo como un eco el sonido, repitiéndolo, atravesándolos con él. Ambas se miraron, y luego observaron el grupo que las rodeaba, aún en sus cápsulas, aún a oscuras, y advirtieron que todos tenían algo en común, incluso entre tinieblas. Todos habían llegado hasta allí, màs allá que el resto, en medio de la nada pero, sin embargo, una nada habitable puesto que, aún allí, se mantenían con vida. Y el viento silbaba, creando pequeños destellos de luz al llevar el sonido de las voces de unos a otros hasta que, finalmente, sus oídos y sus ojos contemplaron aquellos destellos y comprendieron que cada uno de ellos contenía un mensaje, el mensaje del rostro del otro ser que iluminaba.

Y entonces decidieron permanecer allí un tiempo para aprender a comunicarse con la energía más poderosa que existe: la voluntad. Pero esa, la historia de cómo lo lograron y de cómo se escribió el segundo manuscrito, esa, esa es otra historia.

grafiti de mujer sonriendo

Camino hacia la Risa Compañera

Érase una vez, hace muchos, muchísimos años, en una galaxia muy muy lejana, una Hacedora se perdió a sí misma y tuvo que encontrarse. Vivía en un País Pequeño, así que lo convirtió en un juego porque pensó que perderse era una oportunidad para crear sueños nuevos.

Había en su país grandes cascadas, cielos despejados y atardeceres llenos de música; noches estrelladas, viento caliente y Luna Chistosa. Sí, sí, el suyo era un País Pequeño pero lleno de recovecos para el sentido del humor, las buenas maneras y los encuentros casuales. A la Hacedora le gustaba así, se había esforzado mucho en construirlo cuando un día se levantó de entre los suyos, que permanecían dormidos, y marchó sobre sí misma para crearlo. Era una tradición del Mundo Hecho; que sus hijos y sus hijas crearan a su vez algo nuevo, algo entrañable, algo único para sí mismos. La pega era que, una vez se hacían, ya no se encontraban jamás los unos a los otros porque cada uno viviría en su País Pequeño. De modo que tenían que llevarse todo lo que podían de su lugar de procedencia, conocerse mucho los unos a los otros y regalarse otros muchos hechos pequeños hasta tener la suficiente fuerza para crecer, despertarse y crearse. Los que se iban nunca volvían, o eso parecía desde el Gran País Hecho, donde la Hacedora había vivido hasta crear su País Pequeño.

Por eso, cuando se perdió a sí misma, la Hacedora no se tenía más que a sí misma para encontrarse y pasó mucho miedo porque, si iba a buscarse, podría no encontrarse y ya jamás recuperaría lo que había conocido, lo que había sentido, lo que ahora sabía en su País Pequeño. Allí había disfrutado de días y noches de felicidad, de caminos llenos de recodos en los que dormitarse mientras el viento caliente la acunaba en sus charlas bajo la Luna Chistosa, mientras dejaba que las cascadas la rodearan y la llevaran más allá, más lejos, hacia nuevas extensiones que ella podía crear bajo nuevos cielos despejados y noches estrelladas. Así que, la sola idea de dejar su País Pequeño para ir a buscarse la paralizaba; porque no sabía regresar al Gran País Hecho de donde procedía y nunca nadie había entrado en el suyo para visitarla. Por eso, seguía por los caminos que había creado, se bañaba en las cascadas soñadas bajo el cielo despejado y, en la madrugada, dejaba que la Luna y la noche estrellada le contaran de nuevo sus sueños para que el viento caliente los escuchara y la sorprendiera luego, también en sueños, con más recodos en los que seguir durmiendo al calor de su encuentro.

Pero la Luna, bromista y viajera, como todo el que admira el mundo por fases, estaba cansada de que la Hacedora tuviera siempre los mismos sueños porque no había vuelto a salir del País Pequeño. Así que decidió empujarla para que viviera una aventura y la animó a romper la primera y única regla para los seres creadores: no abandonar su País Hecho. La única forma de que los hacedores dejaran sus países era perdiéndose, y estaban tan cómodos en ellos que nunca salían de los lugares conocidos. Por eso, la Luna Chistosa perdió a la Hacedora cuando dormía en brazos del viento caliente y, al despertar ésta y buscar el camino de vuelta, ya no estaba. Se buscaba pero ya no estaba, solo tenía una vaga conciencia de sí misma, y solo entendía que no sabía dónde estaba, que ya no era y que debía encontrarse. Sin embargo, el viento caliente estaba, la Luna Chistosa estaba, las cascadas y el cielo despejado también e, incluso, llegado el atardecer la música llenó el aire de su pequeño País Hecho para traer la noche estrellada. Todo estaba menos ella, que no se veía, ni se sentía, ni se reconocía, ni se entendía. Solo se pensaba a sí misma como la habitante de un mundo que ella había hecho pero que ya no era más.

Luna Llena

La Luna Chistosa rió desde lo alto y el viento caliente guardó silencio, se escondió entre los remolinos de agua de las cascadas, que se ensortijaban asustadas. Y ya no atardeció más con música, y el cielo despejado se llenó de nubes. Entonces, como Hacedora que era, llegó a la conclusión de que aquello era una oportunidad, porque podría conocer lo que había más allá de su País Pequeño para regresar y continuar creando en él. Estaba fuera de sí misma y debía dejar que el viento caliente guardara sus sueños para que, si conseguía regresar,  se los recordara mientras ella le contaba otros nuevos.

Y, en vez de salir a buscarse con miedo, fue en su busca como un juego, como la oportunidad de jugar que le daba el encontrarse como el sueño de sí misma; y algún día contaría esa aventura como un sueño nuevo en su País Pequeño. Era la primera Hacedora que lo hacía, según sus noticias, así que fuera de los mundos hechos había muchos seres desconocidos para ella que, además, tampoco advertían su presencia porque no eran seres creadores y desconocían los misterios que la habían llevado hasta allí. Sin embargo, deseaba preguntarles, aprender de ellos para encontrarse, pues entendió que ese era su Único Camino. De modo que se les acercó para escuchar sus voces; luego, sintió deseos de saber quiénes eran y, después, mucho tiempo después, se dio cuenta de que, aunque ellos no le hablaran, ella sí podía hablarles pero eso le dio miedo. Intentó preguntarles y conocerles pero había estado tanto tiempo en su pequeño País Hecho que sus palabras no sonaban más que a eso; a cascadas y viento, a cielos despejados, atardeceres musicales, noches estrelladas y a la Luna Chistosa. Por eso, muchos huyeron pero, en medio de aquel desierto lleno de otros para los que ella no era nada, dejó de sentir temor, y vio que ellos tampoco la temían a ella. ¿Qué serían entonces? y, sobre todo, ¿qué lengua hablarían? Porque comenzó a crecer en su interior la necesidad de hablarles, de descubrir sus sueños; porque presentía que, si estaban allí como ella, habrían tenido sueños. Tal vez otros sueños, tal vez sueños nacidos de otros juegos, tal vez por otras costumbres adquiridas en sus respectivos mundos diferentes, pero algo los unía porque todos estaban allí.

Pasó mucho tiempo hasta que por fin se acercó a uno de aquellos seres y le contó su historia. El ser la miraba extrañado, eso lo reconoció enseguida y, aunque eso la hizo dudar, decidió continuar contando historias de su pequeño País Hecho, caminando a su lado, pese a que aquel otro ser no respondía, pese a que solo caminaba, pese a que solo escuchaba. Un buen día, ya no quiso hablar más y guardó un sereno silencio. Entonces, ¡oh maravilla!, del ser que iba junto a ella salió un leve carraspeo, o a ella se lo pareció, al que siguió un sonido extraño, ininteligible para ella, y el sonido ya no dejó de salir de sus labios, unos labios en los que no se había fijado y que le parecieron preciosos. Así que miró al ser que movía aquellos labios extrañada, pero encandilada e intrigada por el sonido que emanaba de ellos. Caminaron mucho tiempo, la Hacedora en silencio, el otro entonando un discurso que no significaba nada para ella pero que terminó por parecerle casi musical, casi como el arrullo del viento.

Vista de una calle en colores cálidos

Y sucedió que, dado que no comprendía lo que el otro ser decía, terminó por comparar sus pensamientos con los sonidos, terminó por encajar unos sonidos con otros y comenzó a soñar sueños nuevos gracias a los sonidos con los que el otro ser hablaba. Ya no soñaba con el viento caliente, ni con las cascadas, ni con el cielo despejado, ni con la noche estrellada. Aunque, de pronto, recordó a la Luna Chistosa, porque con su sentido del humor se hubiera divertido mucho con los sonidos del otro ser junto al que caminaba. Y el recuerdo de la Luna la hizo sonreír, y cada vez sonreía más porque se sentía ridícula por sonreírse hasta que una sonora carcajada provocó que su acompañante en el ya Camino Nuevo frenara en seco y la mirara directamente a los ojos. Ella continuaba riéndose así que el ser imitó primero la expresión que la Hacedora llevaba dibujada en el rostro, también extrañado, luego quedó solo la sonrisa y, por fin, la sonora carcajada salió de su boca también. Al cabo de un rato, ambos reían a mandíbula batiente y la curiosidad hizo que los otros se acercaran, intrigados y sorprendidos, atraídos por aquel sonido que lo llenaba todo de luz y que los hizo reír también.

Pero aquella risa desconsoló a la Luna Chistosa, que sola sin la Hacedora ya no reía. Así que se las arregló para traerla de vuelta a su pequeño País Hecho cuando el viento trajo el eco de aquella alegría conjunta. Y la Hacedora regresó sola; no supo cómo, ni por qué pero aquellos otros quedaron fuera mientras se divertían y ahora quería volver a buscarlos, porque no podía reír igual solo con la Luna Chistosa. Necesitaba ir a buscarlos para invitarlos a su pequeño País Hecho y para, entre todos, construir un País Hecho Mayor.

Por eso, tras reencontrarse con sus sueños anteriores, decidió ponerse en camino con la Luna, con el viento caliente, con las grandes cascadas y los atardeceres llenos de música para las noches estrelladas. Con ellos, encontraría al ser que rió primero, que se convertiría en su Amigo Primero pero esa, esa es otra historia.

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Adiós escritura solitaria, hola internet


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El valor de la escritura, no solo es el de un eco, sino el del emocionante cántico que te araña el corazón y te impulsa a entrar, a conocer, a ver, a identificarte con lo que está sucediendo ante tus ojos. Porque la palabra es una puerta que abre otras puertas. Me atrevería a decir que es como el personaje situado a la entrada de un circo; da golpes sonoros en el asfalto con su bastón, publicando a los cuatro vientos las increíbles historias y seres que el visitante podrá disfrutar si se decide a entrar. ¿Te imaginas ese circo sin nadie que lo anuncie? Ahí tienes también el poder de la palabra.

Y hoy en día hay tantas opciones para la escritura creativa que es un no parar. En serio, ¿no te lo crees? Bueno, tal vez debamos utilizar algo que forma parte de nuestro atrezzo de creadores de otros mundos: la imaginación. Sí, antes utilizábamos la imaginación para soñar con historias, con la vida que tendríamos si fueramos este o aquel, para dejar un poco de nosotros y convertirnos en eternos al ser leídos en “libros” Pero en el siglo XXI todo ha cambiado, las películas, las series de televisión y las nuevas tecnologías con las webseries y hasta los videojuegos parecen haber acabado con nosotros pero, ¿con quién? Hasta dónde yo sé, hace siglos los periodistas publicaban artículos escritos y las películas ya en blanco y negro, e incluso las mudas, se elevaban y tomaban movimiento gracias a los textos que los guiaban. De modo que nada ha cambiado a grandes rasgos; más aún, se ha ampliado. Si añadimos la publicidad y el comercio online del que quieren tomar parte las empresas a través de las redes sociales y con webs donde ofrecen sus productos, todas estas plataformas siguen utilizando la escritura para comunicarse, para enviar mensajes, para emocionar, para, en fin, contar historias que luego convierten en imágenes.

Tom Hanx y su máquina de escribir

¿Crees que ser creativo es lo mismo que contar historias? Hace poco una amiga me preguntó a lo que me dedicaba y yo le contesté que era escritora. Tras un segundo de silencio comentó muy divertida, y creo que con un poco de sorna: “Eres creativa”. Y es cierto que, entre las acepciones del diccionario se encuentra la de “persona capaz de crear algo”, aunque seguidamente se lee: “Profesional encargado de la concepción de una campaña publicitaria” En mi opinión ambos significados se han mimetizado y, ahora, la creatividad es un valor en alza en cuanto que la persona que es capaz de crear algo concibe una campaña publicitaria. Y no me parece mal, he vivido momentos muy felices e inspiradores viendo buenas campañas de publicidad pero en mi opinión no se pueden ligar ambos conceptos. La creatividad es innata al ser humano, pues a lo largo de los siglos ha creado de tal forma que hemos acabado construyendo nuestros sueños. ¿O es que Julio Verne no creó el submarino mucho antes de que existiera en su novela “Veinte mil leguas de viaje submarino”? De ella  se hizo una película, varias versiones, y hasta una serie de televisión más futurista titulada “SeaQuest”. Tal vez pronto veamos un extracto de su magia en algún anuncio así que: ¿está o no está conectada la escritura con la actualidad? El mismo Tom Hanks ha ideado una máquina de escribir para hacer guiones; claro que su invención tiene las últimas tecnologías.

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Y es que la creatividad está ligada a la imagen, a la escritura, a la pintura, a la escultura y, en fin, a las artes; de modo que acotar su significado a la concepción de una campaña publicitaria es, como poco, menospreciarlos a ambos: a la publicidad y a la creatividad. En el terreno de la escritura podemos decir que el campo es tan amplio como formas de escritura creativa existen. Desde escribir una nota de prensa, hasta hacer el guión de un anuncio, el story board de una película, pasando por dar voz a las ilustraciones para libros infantiles o dotar que contenidos que acerquen con historias los productos con corazón, Y no hablemos de los guiones en sí, ya sean para series de televisión, para películas o cortometrajes, para webseries y hasta para los guiones de los videojuegos. También el teatro y la novela seducen gracias a lo que dicen sus actores o protagonistas, con tramas enredadas y desenlaces inesperados, si el autor que las escribe está inspirado.

Escribir en la era digital, ya no es solo usar las palabras y los signos de puntuación: escribir es también copiar, pegar y re-escribir; generar imágenes, producir vídeos, registrar audios que interactúan con estas palabras…Escribir en internet se vuelve un proceso multimedia, y resulta cada vez más una tarea colaborativa: los textos no son el producto del esfuerzo único de un autor.

Así que no hay problema si dices: ¿Mamá quiero ser escritora? La única diferencia es que hace siglos utilizaban pluma que mojaban en tinta y, hoy, la estrella es un teclado de ordenador o el mismo móvil. Tampoco hay problema si quieres ganar algo de dinero extra mientras te inspiras, vives y encuentras aquello sobre lo que tengas algo que decir. Las áreas son infinitas como vimos arriba: el cine y los videojuegos te lanzan a un mundo en el que lo que uno sueña siempre se ve rebasado por la posibilidad de unir lo que sueña el equipo de rodaje o el contrincante. El periodismo te enseña que no debes creer todo lo que oyes y que las preguntas para averiguar la verdad son tan importantes como los hechos, porque los hechos no siempre son lo que parecen. Y la pintura, bueno, la pintura es movimiento, pasión y trazos certeros que hablan de ti más que si ofrecieras una confidencia; porque es la manera en la que miras el mundo.

Stebe Jobs y sus librosComo dijo Stebe Jobs: “Todo lo que hagas y todo lo que aprendas mientras encuentras tu camino te servirá de algo después, cuando menos te lo esperes” Y yo estoy de acuerdo, de modo que  ¿a qué esperas? ¡Vive! y escribe luego sobre lo que aprendas, utiliza tu imaginación no solo para crear sino para entender que esta sociedad de la información necesita tus historias; busca el formato que se adecúe al camino que vas a escoger. ¿Y qué pasa si cambias de camino? Pues solo que aprenderás más y escribirás mejor. ¿Por dónde vas a empezar? A mí me acaban de dar ganas de contar un cuento, tal vez pequeño, tal vez grande…Dejémonos llevar a ver qué pasa, ¿vale?