necesidad de abrazo

Pasión breve en cuentos para leer IV

Leer nos abre la mente, porque viajamos con los relatos a otros mundos que no son nuestros y, gracias a ello, aprendemos, poseemos experiencias a las que de otra forma no tendríamos acceso. De ahí que cuanto más leemos más grande se nos hace el corazón, también se hace más flexible nuestro cerebro, somos más abiertos, más sociables. Nunca he visto un elefante, pero sé que poseen una gran memoria. Nunca he caminado bajo una tormenta con rayos y truenos, aunque conozco la sensación de pánico al no encontrar refugio cuando estás en ella. Nunca he disparado un arma, o viajado en un cohete, o montado a caballo…Y, sin embargo, pareciera que todas esas acciones no me son desconocidas.

Viajes son pasiones para aquellos que disfrutamos saboreando otros mundos, dejándonos invadir o colonizar por ellos, porque a la vuelta sabremos, como poco, que hay más, mucho más, aparte de nosotros y de esos lugares a los que alcanzamos con la vista, y con el bolsillo. Por eso a veces me invento mundos, por eso a veces escribo, porque la pasión por la escritura me da vida y ninguna vida merece si no es compartida.

Aquí les dejo una nueva dosis de pasión breve en cuentos para leer. Mi pasión por la lectura y por la escritura, la que me hace sonreír a solas, cuando de mis travesuras me acuerdo. Ojalá rías conmigo porque así es la pasión, y quien la probó lo sabe.

 

Llamando a la Tierra

-Estaba queriéndote -había sonado el despertador. Ella se acercó para abrazarlo con todo su cuerpo. Él le sonrió, aún de espaldas.
-¿Cómo es posible? ¿Estabas queriéndome dormida, a millones de años luz de mi cuerpo?
-Sí. Te estaba acariciando en mis recuerdos gracias al aroma de ti que aún respiro. Escuchando tu voz para tumbarme en su eco, y retumbarme en tus pensamientos. Así hago un viaje sobre los haces de luz que salpicaban en tus pupilas la última vez que hablamos, cuando me sonreíste -entonces, sonó el despertador.

Mujer soñando

Hambre, nada más

Así que aquel pequeño no creía en la existencia de los dragones. Por eso, le pedí que la próxima vez que mirara al cielo se fijara en las nubes; porque, si ponía atención, vería que algunas de ellas tenían forma de alas, también un gran hocico por el que echar fuego, e incluso una cola larga que finalizaba en una flecha. El niño me dedicaba su mejor expresión de desconfianza, pero me estaba escuchando. Entonces le expliqué que los dragones no querían dejarse ver. Sin embargo, en ese momento sobrevolaban nuestras cabezas, quedando solo su estela blanca para que supiéramos que estaban ahí, con toda su magia. El chiquitín fijó sus ojos en mí, incrédulo una vez más, y enseguida alzó su vista. Me confesó que una vez vio un tren allí en lo alto, preguntándome después si los trenes podían volar junto a los dragones.

 

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Cuántica literaria

Un pasillo lleno de puertas, y en cada puerta una historia, una Julieta, un aprendizaje, una aventura, una alegría y un dolor. Ahora resuenan mis golpes en la que más secretos esconde, en la novela de mis pesadillas. Son los aposentos de seres que sobrecogen con las verdades que solo se aceptan con el tiempo. “¿Quién es?”, preguntan con voz amenazadora. “Yo”, respondo fingiendo autoridad. Se ríen porque me conducirán a un final que solo ellos conocen. Entro asustada, pero entro.

Árboles en flor

Apátrida

A la hora señalada, tras su rastro fueron las estrellas. La cercanía de tierra nos afectaba a todos. Demasiado pronto para lanzarse al agua, demasiado tarde para dar marcha atrás y jamás subir a bordo. Alcanzar el punto de partida obliga a hacer balance. No a los que, ebrios de vino, habían extrañado a sus mujeres a golpes con otros marineros. Tampoco a aquellos que ahora reían a carcajadas por su mano favorable, con un palito entre los dientes, sin nada más suerte. Me hacía hacer balance a mí; que había dejado mi hogar, mi fortuna y mi honor con la esperanza de morir en aquel viaje. Pero regresaba con vida para escribir las olas, y mirar con viento.

tumba pirata

La caja de música

Voy a contarte un secreto, pero no debes decírselo a nadie. Da igual cuántas veces te pregunten, da igual lo que indaguen, no te rindas a las zalamerías para sonsacarte. Se trata del mayor enigma de la humanidad, guardado desde el principio de los tiempos en las peñas más hondas, en las cumbres más altas y en los rincones visibles pero invisibles. Y este misterio ha pasado de boca en boca en nuestra estirpe sin que nadie lo haya revelado jamás; porque la supervivencia de los nuestros, de los otros y hasta de aquellos que no queremos, depende de ello. Querrán saberlo, créeme. Siempre quieren. Pero debes recordar que es tu responsabilidad guardarlo, e incluso, olvidarlo hasta que un día te toque contarlo.
Cuando tuvo esta misma conversación años más tarde con el siguiente eslabón de la cadena de supervivientes le confesó que nunca quiso saberlo. Y que, por eso mismo, le había sido tan fácil guardar el secreto.

 

despacho de un escritor

Ningún lobo aúlla en el circo

Te regalo un libro. Ten en cuenta que voy en él. Que en sus páginas dejé lágrimas y sonrisas, que me acompañó en viajes cercanos y lejanos, que me habló cuando las palabras de otros quemaban, cuando las mías odiaban. Que hizo de escudo y espada, que me llenó de ternura cuando llegó la madrugada. Que odié y amé con él. Que me contó la verdad más profunda, más odiosa y más hermosa de todas: que voy a morir, pero que no estoy sola.

Apuntes del escritor

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La carta de presentación a una editorial o cómo encantar.

“No hay pasión en tus palabras y con lo que cuentas no me dan ganas de leer tu novela”. Esta fue la primera crítica que recibí al mostrar a un amigo experto la carta que iba a enviar a una editorial. Dado que el título de la obra es ‘Lolita Pasión’, me quedé frustrada porque había escrito aquellas letras lo mejor que sabía; o eso creía. Pero no era así,  no había escrito lo mejor que sabía, había escrito un texto con lo que creía que las editoriales querían leer. Pero no caí en esto en aquel momento, lo que hice entonces tras recibir aquella crítica fue sentarme y contar la verdad sobre mí y sobre mi novela, como si el mundo se fuera a acabar mañana, es decir, sin vergüenza y sin miramientos. Creo que mi orgullo herido tuvo mucho que ver en lo que expuse porque salió de un tirón una carta muy diferente. Y era cierto, podía hacerlo mejor. Cuando le enseñé este otro borrador a mi consejero sus palabras fueron diferentes. Dijo algo así como: “Vaya, te has despachado a gusto”. Y aunque me dio algunos consejos más que también agradecí, afirmó rotundo que aquella carta sí le movería a leer mi historia.

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  •  La perspectiva empresarial

El siguiente paso que di fue hablar con un experto en relaciones comerciales entre empresas. Tras la primera crítica, llegué a la conclusión de que no sabía dónde me estaba metiendo y que el mundo editorial, al igual que otros sectores de la economía, se regía por los intereses comerciales. En él, creía, las buenas historias pasaban a un segundo plano. Para publicar una novela esta debe ajustarse a lo que en ese momento interesa al público objetivo al que la editorial se dirige. Como me indigné, mi segundo consejero me explicó que había mucha pasión en lo que escribía pero que debía tener en cuenta que las editoriales buscaban obras que siguieran su línea comercial porque ese era el público en el que se especializaban, el que compraban las obras que editaban. Es decir, no podía enviar una novela histórica, por ejemplo, a una editorial que dirigía sus libros al público interesado en la autoayuda. Así comprendí que la carta necesitaba ese enfoque en alguno de sus párrafos y me hice un listado de las editoriales a las que podía enviar mi novela según su género, mientras trataba en vano de no pensar demasiado en ello. “¿Interés comercial? -pensaba-. Eso no es lo que había soñado.”  Así que yo no sabía, o no creía saber por mi visión romántica del oficio del escritor, cómo reflejar el posible interés comercial de mi obra en una carta que debía ser lo más corta posible. De modo que realizaba borradores hasta que me llegó la inspiración. Para poder escribir la carta de presentación me ayudó mucho establecer entre las editoriales y mi novela un símil con dos personas que se conocen y una se enamora de la otra. ¿Qué haría la que se enamoró? Obviamente, se acercaría al objeto de su amor para conquistarlo ofreciendo lo mejor de sí mismo.

  • La perspectiva artística 

Por eso, y ya asumiéndolo como un verdadero reto, acudí a una novelista editada que, además, trabajaba para una editorial. Tengo que reconocer que esa fue la mejor conversación sobre literatura y la más bonita de mi vida, hasta el momento, claro. Me habló de los derechos de autor, de que mi autoestima no debía depender de que eligieran mi novela o no o que al escribir aquella carta había que tener en cuenta la integridad, puesto que lo que dices en ella lo leerán personas que no conoces. Así que yo debía entender que no había que dar nada por sentado, pero tampoco ser demasiado obvia. Necesitaba ofrecerles una carta acorde con mi estilo porque las personas que aman la lectura, al igual que les sucede a los perros con el miedo, reconocen un buen libro desde la primera frase. Esto último volvió a recordarme mi simil del encuentro entre enamorados y la fuerza de los flechazos para abordar la escritura de esas primeras frases de presentación.

  • La perspectiva del escritor como personaje público 

Además, cuando presentas una novela hay otro factor determinante aparte de la línea editorial a la que te diriges. El otro factor importante eres tú. No basta con describir por qué es interesante tu obra, qué aporta de nuevo o por qué crees que tendrá éxito y poner un título llamativo, atractivo y sugerente. Para que una editorial apueste por ti e invierta su dinero lo que escribas en esa carta debe hablar de ti, debes contar tu historia con la misma intensidad que lo hiciste en la novela. De esta forma, esa carta será una extensión de la obra y serás tú quien los anime a leerla porque te conocerán, dejarás de ser uno más para ser un escritor interesante al que leer. Además, es bueno explicar cómo te mueves en las redes sociales pues ya todas las empresas, más aún las editoriales, saben que la red es una gran plataforma de lanzamiento para las novelas y que son los autores con su actividad en ellas los que consiguen que estén de actualidad el mayor tiempo posible. Ya no escribes aislado, ya no eres un escritor del que se conoce el nombre y poco más; ahora eres un autor público que si sabe utilizar su imaginación dejará de escribir solo porque relamente hay personas, comentarios e historias muy inspiradoras en las redes sociales y laborales.

  • La perspectiva desde el contenido: la sinopsis y el capítulo de muestra. 

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Con todo esto en la cabeza y en el corazón me senté de nuevo a escribir una carta de presentación para enviar a las editoriales. La parte formal fue fácil de buscar y de entender pues hay muchos y buenos post al respecto en la red, así que no voy a entrar ahora en este apartado. En cuanto al contenido vuelvo a insistir en que para lograr que una editorial publique tu novela tienes que arriesgar, porque tienes que transmitir que lo que cuentas en la obra va a interesar a una buena parte de la población. ¿Y cómo se hace eso? Esto se logra en la sinopsis, uno de los escritos más difíciles de hacer. Digamos que tienes una historia sobre un fuego que destruye un pueblo y quieres mostrar cómo en las grandes catástrofes los seres humanos se solidarizan y hasta se enamoran. Para llegar a resumir una novela de más o menos, pongamos, doscientas páginas, en treinta líneas y hasta en una hay que hilar muy fino; es decir, tienes que ir al comienzo. ¿Cómo se te ocurrió la historia? ¿Qué escribiste primero y por qué? ¿Hay moraleja? Porque la sinopsis debería reunir todo esto y mucho más. La sinopsis eres tú contando la historia a tus amigos un sábado por la noche mientras se divierten en un pub, es lo que respondes cuando tu familia te pregunta qué es lo que escribes…Así que por muy difícil que parezca ya tienes un borrador de ese resumen antes de sentarte a escribir la carta; solo tienes que recordar todas esas veces, apuntar lo que dijiste y extraer lo mejor de cada una. El consejo más grande que puedo dar sobre la sinopsis es que cuanto más hables de lo que escribes mejor será. No nos engañemos, no es fácil pero si podemos escribir novelas que emocionen también podremos emocionar en nuestra carta de presentación hablando de nosotros y de por qué nos gusta escribir sin vergüenzas.

Enviar la novela entera es un error muy común, por lo que es bueno seleccionar un capítulo representativo y adjuntar solo ese, o tal vez las primeras cincuenta páginas directamente. El capítulo irá acompañado de la carta de presentación del escritor y de la obra. En mi caso, y tras la crítica debastadora que me hicieron de la primera, tras caminar mucho y casi desistir de volver a intentarlo, encendí mi ordenador y escribí sobre lo que sentía, sobre lo que me movía y también conté por qué se debía confiar en que mi obra iba a interesar al público en general. No sé si estaba bien o mal, pero una vez que comprendí cómo tenía que explicar mi trabajo, abordé mi vocación, mi pasión y mi novela; una obra con un proceso de creación que me ha enseñado a amar la vida y en la que confío plenamente. Tuve en cuenta todas las reglas básicas empresariales pero soy escritora, y un escritor escribe de lo que conoce y de lo que siente. Espero no olvidarlo, mucho menos ahora que una editorial confía en mí para publicarme el libro. Procuraré recordar también los consejos de mis consultores de confianza para, como sucede en todas las historias de amor más tarde o más temprano, seguir lanzándome a la aventura de mostrar lo que escribo con una gran sonrisa después de un: “Hola, me llamo Julieta”.