sundress-336590_1920

Pasión breve en cuentos para leer I

Te regalo estos bocaditos de realidad apasionada en forma de cuentos, porque a veces para soñar solo hace falta mirar un poco lo que tenemos delante y dejar que la imaginación haga el resto. Por eso comparto aquí una selección de pequeños escritos para leer traviesamente, desesperadamente, milagrosamente y recuperar el entusiasmo por todo aquello que nos rodea. Son mis pequeñas vitaminas, las que escribo más o menos a diario para ayudarme a ser yo misma, a seguir conectada con lo que me rodea a través de la fantasía pero estando aquí, con los pies bien plantados en el suelo. Si al leerlos logro que por un instante algo palpite en tu pecho, o que una imagen entre en tu mente y llegue hasta tus entrañas, me daré por satisfecha. No es fácil, lo sé, pero así es la pasión. Quien la probó, lo sabe.

Suspiros de magia

Había cambiado todas las monedas por una bolsita de piedras así que, camino al patio trasero, se quedó mirando el cajón de las hierbas y al instante agarró la adormidera. El vendedor ambulante le había explicado que si lanzaba los guijarros pidiendo un deseo vendría a convertirlos en realidad un hacedor de sueños. Así que lo extraordinario de aquella compra no era solo lo que se podía conseguir con ella, sino que le permitiría conocer también a quien poseía los secretos de la magia que convertía en realidad los anhelos. Por eso, cogió también el martillo, un saco y una larga cuerda gruesa.

Niña

Pasión en el cine

Nos conocimos una noche como esta, en el Grand Café del Boulevard des Capucines de París. Corría el año 1895 y me llamó la atención el anuncio de que allí tendría lugar un acontecimiento histórico: la primera proyección de cine pública de los hermanos Lumière. Cuando llegué había unas cuantas filas de sillas y muchos caballeros; pero en la mesa del fondo, en penumbra, se vislumbraban unos guantes blancos junto a un pañuelo de seda bordado. Me acerqué para descubrir cómo era la única dama de la sala.

Cine_Lumierejpg

Llorando música

La aguja lloraba en medio del mercadillo callejero aún por encima del parloteo de los compradores, también de las quejas a causa del tráfico atascado en la avenida contigua. “Otro disco”, chirriaba. “Música”, aguijoneaba. “Más ternura”, se lamentó al fin ante el ir y venir de quienes no escuchaban el silencio en el que había quedado la gramola. Me paré junto a ella y la acaricié despacio, llevando hacia un lado su brazo extensible, dándole un descanso. Luego, entretuve mi tacto en sus curvas, porque ya había decidido llevarme a casa sus redondeces para la magia sonora…

Gramola

El espejo

Había algo en él que le despertaba una necesidad feroz de rebelarse, de ir más allá de lo humanamente permitido. Le provocaba el mismo cosquilleo que ver un cartel de “Prohibido el paso”; cuando se le dibujaba una sonrisa en la comisura de la boca mientras sentía dolorosamente secos los labios y el paladar. Por eso iba, para estar viva.

Pantano

Conjugando amar

Cerraron las puertas a su espalda. Se quedó parado un instante, de pie, mudo y sin apenas capacidad para pensar, mirar o respirar. De pronto, un sonido entró bandido en sus oídos, resbalando hasta esa parte del cerebro en la que se cuecen los miedos y la cólera; también el amor. Al escucharlo. sentía como una aguja se la perforaba así que pudo ponerse en marcha en dirección a la ventana. Permanecía abierta dejando ver un almendro de dedos huesudos y colores agrietados, posado sobre sombras negras, inquietantes. En aquella mano abierta al cielo y a la noche estaban ella y su pasión, aullándole a él.

caballos

 

Foto Taller Escritura para CrearTe

Taller de escritura y cómo organizarlo

¿Cómo organizar un taller de escritura? Según sea para jóvenes o para adultos, si se hace en solitario o se integra en un programa con otros talleres, si lo imparte uno o en compañía de otro docente…en todos los casos existen dos fases previas tan importantes o más que el taller en sí mismo: la producción y la comunicación. Así como sin contenido no hay taller, sin producción tampoco; porque el cómo y el dónde hay que preverlos con antelación para que este no sea un total fracaso. En cuanto a la comunicación, puedo decir como periodista además de escritora que de nada sirve impartirlo si no asiste nadie, además de que informar de su realización pone en conocimiento de otros posibles interesados este taller, así como otros que se realicen en el futuro.

Taller Juvenil de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales

¿Por qué impartir un taller?

Para explicar desde mi experiencia cómo se organiza un taller voy a poner como ejemplo dos que he impartido recientemente: el Taller Juvenil de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales y el Taller Escritura para CrearTe Taller, integrado en la Jornada Cuídate, Escúchate, Apasiónate. Estos casos, distintos en concepción y en participantes a los que van dirigidos, son similares sin embargo en la fase de concepción y producción. Ambos fueron ideados para trabajar un determinado objetivo a través de la escritura, y así fueron presentados a las instituciones que los impulsaron, el Ayuntamiento de Breña Baja y el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane. Esta fase previa de diseño del proyecto es muy importante y determinante a la hora de, una vez que se pone en marcha, abordar la producción y la comunicación del mismo. De hecho, hace unos días hablaba con otra de las organizadoras de la Jornada sobre este tema, y concluimos que si no hubiéramos presentado un proyecto concebido desde la experiencia y desde el conocimiento de la lucha contra la violencia de género no hubiéramos comprendido la importancia de tratar en cada uno de los talleres los aspectos de la autoestima que deben fortalecerse en el individuo para que este la erradique; tanto  en su faceta privada y en su comunidad.

Taller EscucharTe, con la coach y trabajadora social Mabela García Toledo y Taller Libera tu Fuerza Interior, del Colectivo de Hombres por la Igualdad en La Palma

Taller EscucharTe, con la coach y trabajadora social Mabela García Toledo y Taller Libera tu Fuerza Interior, del Colectivo de Hombres por la Igualdad en La Palma

Cuídate-Escúchate-Apasiónate: herramientas positivas para la lucha contra la violencia de género

Y el definir cada uno de los talleres que integrarían la jornada nos llevó a buscar los docentes, el lugar y la forma en la que cada uno de ellos ofrecería herramientas positivas para reforzar la autoestima, clave, por otro lado, en nuestras relaciones con los demás.

Inauguración Jornada Cúidate, Escúchate, Apasiónate

Apertura de la Jornada Cuídate, Escúchate, Apasiónate, organizada por el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane.

Escritura para CrearTe

El objetivo del  Taller Escritura para CrearTe es aprender a crear la vida que soñamos utilizando la escritura como terapia. Para ello es importante decidir la vida que queremos en función de lo que deseamos, y que se manifiesta en lo que soñamos. Es posible separar lo posible de lo imposible construyendo un camino para alcanzarlo a través de un relato coherente, con nuestra imaginación y nuestra experiencia, de lo que podría ser. Porque acostumbrándonos a modificar nuestras acciones con nuestra imaginación, cambiando con ello la realidad que describimos en nuestros relatos, comprenderemos que existe una vía para transformar la realidad en la que vivimos, solo tenemos que encontrar una forma creativa de mirarla para encontrar la solución y recorrer el camino que nos lleva a ella.

Información Jornada Cuídate, Escúchate, Apasiónate

Así, en el taller, aprendimos a comprender las fases de toda historia, que también es la nuestra.  En ella el inicio el desarrollo y el desenlace están relacionados e impulsadas por las acciones de los protagonistas, sus causas y sus consecuencias, que son las nuestras. Realidad y ficción se unen de esta forma como si del relato de un diario de nuestra vida se tratara, con lo que al leerlo descubriremos qué nos llevó hasta el punto en el que estamos ahora, y qué debemos modificar de ahora en adelante si deseamos alcanzar el final soñado.

Taller Escritura para CrearTe

En este caso, yo organizaba la jornada junto con Mabela García Toledo, respaldadas y apoyadas en todo momento por el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, a través de las concejalías de Cultura y Bienestar Social. También impartía un taller, y realizaba la comunicación de la misma. Por eso, puedo afirmar que la producción y la comunicación se retroalimentan y que la previsión en la primera y la estrategia en la segunda son muy importantes para su éxito.

Taller de Cocina Sana, con Pedro Hernández, del Restaurante El Duende de Fuego

Taller de Cocina Sana, con Pedro Hernández, del Restaurante El Duende de Fuego

La producción de un taller

Prever en producción significa adelantarse, solicitar con tiempo, manejar varias opciones y, sobre todo, adaptarse y tratar de adaptar lo que ofrecemos a lo que podemos conseguir. En este sentido,  y como sucede con el guion en los rodajes de cine, solo si se posee un proyecto trabajado, que sale directamente de las entrañas, de la experiencia, podremos ofrecer lo mejor de nosotros, incluso cuando todas las puertas se cierran y solo tenemos, precisamente, el contenido del taller. Muchas veces, según mi experiencia en comunicación, producción de festivales de cine y como ayudante de dirección, soy consciente de que hay que estar al tanto de todos los detalles ya que, por pequeños que sean, en la organización de un evento todo es importante. Hay que verlo como la organización de una casa, en la que la despensa, la limpieza, la decoración, los armarios, el jardín….todo cuenta cuando llega una visita o cuando se va a celebrar una fiesta. Por eso es tan duro el trabajo de producción, porque se levantan los cimientos de la nada, porque hay que gestionarlo todo, desde la compra de servilletas hasta si las que pondremos serán de papel con una capa, con dos o con cuatro. Me refiero a que, cuando se organiza un taller, hay que buscarlo todo: el lugar, el material, orientar a los docentes de los talles en el contenido de su actividad y cubrir sus necesidades, mantener el contacto con los posibles asistentes, orientar el enfoque para animar a los interesados a inscribirse y, una vez inscritos, moverlos a participar activamente del mismo teniendo previsto lo que puedan demandar. Todo ello forma parte de la producción y, por supuesto de la comunicación del evento, ya que esta la alimenta, y viceversa.

Taller de Yoga para Escucharte con Belén Pérez, del Centro de Yoga Estrella del Norte

Taller de Yoga para Escucharte con Belén Pérez, del Centro de Yoga Estrella del Norte

La comunicación de un taller

Estrategia en comunicación quiere decir comprender desde la misma fase de concepción del proyecto a quién va dirigido, porque de ello depende su enfoque y, sobre todo, su difusión. Esta es indispensable para el éxito del mismo, ya que las inscripciones de los participantes, la asistencia y su satisfacción, da la medida del trabajo bien hecho. Para comunicar es necesario definir el mensaje en base a la definición previa del mismo que se ha hecho en el proyecto; una vez que se identifica a quién le puede interesar. La forma de hacerlo, como he dicho alguna vez, debe ser clara, sencilla, contundente, mucho más si se emprende una campaña de promoción en las redes sociales. También es bueno establecer dos formas de lanzar el mensaje, más formal y más cercana, la primera si se lanza una nota de prensa, ya que así como en las redes sociales el tono que se emplea es directo, en los medios de comunicación convencionales sigue imperando la objetividad y la información a través del contenido que se define a través del ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? y ¿Por qué?

Jornada Cuídate, Escúchate, Apasiónate

¿Cómo escriben los jóvenes en las redes sociales?

En el caso del Taller Juvenil de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja, que impartí con la Ilustradora Anu Jato, la redacción del proyecto ya contemplaba la orientación hacia el uso adecuado de internet con el arte como excusa y como vehículo de expresión diferente y original.

Taller de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales en el IES Las Breñas, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja

Taller de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales en el IES Las Breñas, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja

Un taller para enseñar a comunicar con el arte

Pero además, el objetivo último del mismo era también facilitar una herramienta a los jóvenes que les fuera útil durante toda su vida para ayudarlos a conocer y comprender sus emociones. Por eso, y dado que se trata de una edad en la que no es fácil acceder a ellos, propusimos apoyar la teoría con la exposición de nuestro libro Travesías. Cuentos para soñadores (Mercurio Editorial). De esta forma, romperíamos el primer bloqueo adolescente y, gracias a las ilustraciones, abriríamos una puerta en su imaginación que nos llevara directamente a lo que escondían en sus corazones.

Taller Juvenil de Microrrelatos e Ilustración en Redes Sociales

Con este taller compartimos la herramienta del arte para la comunicación social, de forma que se convierte en vehículo de expresión que permite a los jóvenes compartir en las redes sociales historias breves apoyadas en manualidades e ilustraciones. Tal y como funcionan en la actualidad las nuevas tecnologías, y el uso generalizado de las mismas sin una educación obligatoria que los oriente, para nosotras eran fundamental hacerles comprender que aquello que publican habla de quiénes son. Por eso, un objetivo primordial de nuestra actividad con ellos fue, precisamente, hacerles ver lo que son las redes sociales y cómo pueden manejarse en ellas dando una imagen coherente de sí mismos con la que estén a gusto, tanto en el momento presente como dentro de unos cuantos años.

Taller de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales en el IES Las Breñas, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja

Taller de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales en el IES Las Breñas, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja

La exposición como herramienta del taller

Para ello, nos fue de gran ayuda la exposición de las ilustraciones de Travesías. Cuentos para soñadores, ya que cuenta con más de una docena de cuadros que, dispuestos en torno a las manualidades ideadas por Anu Jato, permitieron a los jóvenes viajar a través de los Pequeños Grandes Mundos Posibles de los que hablo en los cuentos de este libro interactivo para soñadores. Elaborado de forma conjunta por ambas, lleva a quien la visita por las etapas del soñador desde su juventud a la edad adulta, ofreciendo un manual práctico para mantener vivo al niño que existe dentro de cada ser humano, y que le hará mucha falta en su madurez.

Taller de Microrrelato e Ilustración en Redes Sociales en el IES Las Breñas, organizado por el Ayuntamiento de Breña Baja

Por eso, caminar y profundizar a través de la escritura de sus propios microrrelatos e ilustraciones permitió a los estudiantes conocer herramientas con las que explorar sus emociones. Así, canalizaron no solo su creatividad en el momento, sino que esta les acompañará durante toda su vida y les permita formar parte de la sociedad, tanto a través de las redes sociales como en todas sus elecciones. El arte es una forma de comunicación útil y mostrarlo al mundo con valentía abre muchas puertas, además de enriquecer y serenar los corazones.

niños explorando el mundo

El País Pequeño de la Perpetua Corriente

Iba por todas las habitaciones con los ojos abiertos de par en par. Casi no podía respirar porque una puerta conducía a otra y, cuando creías que ya no había más, de algún rincón se pasaba a la siguiente y desde aquella, a alguna de más allá, o de más arriba. Finalmente, decidí asomarme a una ventana que permanecía abierta cuando llegué a un torreón. Me subí a un baúl para no caerme y, desde él, me alongué despacio, tratando de controlar el vértigo, envalentonándome para gritar al nuevo país que se abría ante mí.

-¡Hola! –el sonido de mi voz quedó colgando de las ramas para saltar por ellas, rebotando en las hojas, permaneciendo suspendido en el aire hasta avanzar con eco a través de la llanura.

-¡Hola! –escuché al fin.

-¡Hola! –repetí.

-¡Hola! –contestó aquella voz.

Así que satisfecho me bajé del baúl, puse los pies firmes en el suelo y retrocedí sobre mis pasos para deshacer el camino andado pensando que aquel trayecto no lo iba a olvidar nunca. Había alguien ahí fuera.

casa solitaria en el campo

Los días siguientes preparé afanado una mochila. Puse dentro una cantimplora, medio bocadillo de paté de hígado, que me encantaba, y unos lápices de colorear. No pensé en dónde dibujaría. Para mí, en aquellos tiempos, el papel no existía. Solo los colores y lo que dibujaba con ellos, porque siempre hay algo donde pintar si se mira alrededor con atención. También busqué, y en esto tardé un poco más, qué ropa ponerme. No porque fuera uno de esos presumidos, sino porque no sabía a dónde iba y esto me provocaba un gran nerviosismo. Era ese nerviosismo bueno que te impide dormir, pero no soñar. Por eso tardé varios días en ponerme en marcha. Varios días y unas cuantas madrugadas en dulce y ansioso duermevela hasta que, finalmente, decidí que me llevaría una camiseta y un paraguas. Fuera a donde fuera, siempre podría sacármela si hacía calor, y ponerme a cubierto si llovía. No quería enfermarme durante el viaje. A veces me enfermaba, y sería desconsiderado llegar de visita con mala salud.

Así que pertrechado con mi atuendo de travesía, con mis víveres y con mis lápices, lleno de ilusión, emprendí de nuevo el camino hacia el torreón, a través de puertas secretas en estancias continúas, para conocer a quien estaba al otro lado.

pasadizo

Pero cuando llegué por fin a la ventana me la encontré cerrada. Aquella vez estaba abierta, de modo que me senté en el suelo, desinflado y desconcertado. Quizás el viento la había golpeado, o tal vez me hubiera equivocado de habitación. Miré a mi alrededor y no. Definitivamente era aquella. Allí estaba el baúl y, sobre él, los cristales a través de los cuales se veían los árboles y, más allá, el espacio abierto, azul, desde el que me saludaron. Así que me acerqué decidido, puse un pie delante de otro, sobre la madera y pegué la nariz. Sí, era el sitio. Traté de abrirla empujándola con todo mi cuerpo pero no pude. ¡Qué tristeza más grande!

De nuevo en el suelo me quedé mirando el baúl. Quizás dentro estuviera la llave de la ventana. El resto de la habitación, con la cama y la mesa de noche, el armario de tres cuerpos y la lavadera con agua, la silla de mimbre o la mecedora estaban demasiado lejos. Sin duda, de haber sido llave, me hubiera escondido dentro de aquel cajón donde, realmente, podría haber cualquier cosa. Me quité la mochila de la espalda como quien se remanga la camisa para trabajar mejor y me acerqué sigiloso al mueble. Una vez delante me agaché para observarlo bien y después tocarlo. Al hacerlo, se me llenaron las manos de polvo y estornudé.

-Salud… –lanzó una voz desde mi espalda, pero al girarme no había nadie.

Volví a agacharme para escudriñar si salía de dentro del baúl, aunque tenía un poco de miedo. Quizás debía volver pero, una vez allí, tenía que comprobar todas las opciones. Una aventura era una aventura, o eso me repetía cuando levanté la tapa y estornudé otra vez, porque el aire de aquel país encerrado se llenó de polvo.

niño espiando por un agujero en la pared

-Salud… –volvió a decirme.

-¿Por qué está cerrada la ventana? –me atreví a preguntar aferrado a la tapa del baúl.

-Porque estoy aquí dentro.

-¿Dentro del baúl? –y me agaché para mirar con más atención. A un primer vistazo allí solo había ropa vieja, unos cuantos sombreros y más polvo.

-¿Vas a estornudar otra vez? –me preguntó.

-No lo sé –y de golpe cerré la tapa. Estaba un poco avergonzado. –Creo que no.

-Si lo haces no importa –me gustó mucho que dijera eso. –A mí también me pasa, a veces.

-¿Tienes alergia al polvo?

-¿Se llama así?

-Sí. No es nada en realidad. Solo necesito que mi cuerpo se adapte a lo que permanece cerrado. Luego ya estoy bien.

niño

-Mi cuerpo también necesita adaptarse entonces.

-¿Estás aquí encerrado? –no comprendía bien qué hacía dentro del baúl y lo abrí de nuevo para mirar dentro, buscándolo.

-¿Dentro de dónde?

Entonces me di cuenta. Él no veía lo que estaba haciendo. Solo me escuchaba, pero esto al principio fue solo una intuición, por lo que me decía, así que me dispuse a comprobarlo. Dejé la tapa del baúl apoyada en la pared, debajo de la ventana cerrada, para abrir mi mochila y sacar el medio bocadillo de paté para ofrecérselo.

-¿Quieres?

-¿Qué es? –no era una respuesta del todo aclaratoria.

-Es un bocadillo de paté.

-Ah. No, gracias

-¿Te gusta el paté? –indagué para comprobar mi hipótesis.

-No especialmente. Me gusta más la mantequilla. ¿Y a ti?

-A mí me encanta –como se hizo el silencio, seguí hablando. Por nada del mundo quería que se marchara. –También me gusta la mantequilla. Otro día, si quieres, lo traigo de mantequilla –y guardé mi medio bocadillo como si estuviera infectado. A partir de ahora comería todos los bocadillos del sabor favorito de mi amigo.

-Bueno.

Se hizo el silencio un largo rato así que decidí sentarme en el suelo. Como no decía nada empecé a sacar de mi mochila el paraguas, la cantimplora y los colores… los colores como el arco iris, y me quedé mirando al vacío, esperando no sé qué.

-¿Qué haces? –preguntó mi amigo.

-Quiero dibujar. ¿Tú dibujas?

-No.

A los colores no iba a renunciar así que decidí contarle algo más sobre ellos y mostrarle el país de los colores.

-Yo utilizo colores. Me gusta dibujar con ellos.

-¿Son bonitos los colores?

-Sí –respondí casi ahogando un grito de alegría porque no se había cerrado en banda, como me pareció que había hecho con el paté. –Me gustan todos pero mucho mucho el rojo, que es caliente; el azul, que parece frío pero también es caliente; y el lila, que es una mezcla de ambos: ni frío ni caliente, o muy caliente, según se mire.

-Suena bien. ¿Cómo lo haces?

-¿Dibujar?

-Sí.

-Hum, no sé –mientras hablaba miraba a mi alrededor buscando dónde hacerlo. Al momento vi bajo la cama un periódico viejo que cogí inmediatamente. Al lado había una cajita pequeña que también me llevé conmigo. La puse junto al paraguas y las cosas que había sacado de mi mochila y que ahora estaban esparcidas por el suelo.  –Se puede pintar sobre cualquier cosa, eso es lo bueno de los colores –desdoblaba el papel y se lo mostraba para que él pudiera verlo. –De haber cogido bolígrafos, por ejemplo, no podría pintar aquí, porque ya hay letras escritas, ¿ves? –hice el amago de mostrárselo y todo, aunque todavía no sabía si me estaba mirado, aunque enseguida me puse a dibujar porque eso ya no importaba. –Voy a hacernos un mapa para que siempre podamos encontrarnos aquí.

niño dibujando con colores

-Vale.

Cogí el azul y tracé un cuadrado, dentro del que hice unos círculos con las veces que había que girar a través de las puertas escondidas. Recordaba, así de momento y con los ojos cerrados, más de una docena, pero había que contar también con las escaleras que había bajado y subido, de modo que las puse en lila; finalmente, iba a dibujar el torreón pero no sabía ni qué color poner ni cómo representarlo. Una ventana no era adecuado, ya que estaba cerrada, el baúl tampoco, porque en verdad dentro no había encontrado nada. Miré a mi alrededor buscando inspiración pero no se me ocurría como marcar el punto de encuentro hasta que la voz de mi amigo me dio la respuesta.

-Dibuja un paraguas –me sonreí de oreja a oreja porque finalmente había averiguado que sí me veía. A mi lado, junto a la mochila, un poco más allá del dibujo, entre este y la ventana, estaba mi paraguas.

-Claro, es que en este país estamos a cubierto, ¿verdad?

-Jajaja –su risa me hizo reír a mí también. -¿Cómo lo adivinaste?

-Porque para eso lo puse. Para si llovía, tener donde refugiarme.

-Eso está muy bien pensado. Este será nuestro refugio.

-¡Vale! –estaba entusiasmado. -Te voy a hacer una copia del mapa para que te la lleves. Yo la pondré dentro de esta caja –alargué la mano para cogerla y abrirla. -Será nuestro secreto. ¿Tienes un cofre del tesoro donde ponerlo?

-Sí, claro –al escucharlo me puse manos a la obra con los colores para dibujar en el pedazo de periódico, justo al lado del mío, un mapa igual para mi amigo. 

img-20161026-wa0026

Manual de Laura para viajar

Conducía por aquella carretera del norte al amanecer cuando se dio cuenta de que iba chocar contra una cabra. Pisó el frenl en un acto reflejo y logró que el vehículo quedara apenas a un milímetro del animal, que no se habían inmutado lo más mínimo y seguía rumiando tranquilamente en medio de la carretera. Laura la miró para maldecir pero al verle aquella expresión de indiferencia pastoril se echó a reír a carcajadas. Había comenzado a viajar sin rumbo, o con un rumbo preciso, aunque aún no se diera cuenta.

sunset-1714385_1920

Allí, en medio de la nada se dio cuenta de que estaba amaneciendo y de que aquellas primeras luces del día convertían en cielo, la carretera, su coche y la cabra en un milagro de la naturaleza. Un paisaje del alma, bello y accidentado, como estaba también la suya.

Se acercó al animal, que seguía donde mismo, para acariciarlo pero al llegar a su lado este reaccionó depositando rapidamente una retahíla de heces, pequeñas y oscuras como el chocolate. Laura se las quedó mirando sonriendo de nuevo. La cabra, sin inmutarse, había expresado su inquietud dedicándole sus excrementos. Pero seguía rumiando y su coche echando humo.

-Te voy a contar un cuento. A ver si cuando termine me dejas acariciarte. -le pidió con voz suave y mirada mansa.

-Bueno -le respondió la cabra. -pero no te conozco así que si no me gusta me iré aunque no hayas terminado.

Laura estaba muy sorprendida. Aquel animal, además de ser suicida y de estómago ligero, era también exigente.

-¿A qué esperas? -la cabra seguía hablándole. –Cuéntame un cuento y recuerda que estamos en  la hora bruja así que ten cuidado con lo que imaginas.

-¿La hora bruja? Nunca había escuchado hablar de ella.

-Claro, Laura -la joven se quedó perpleja porque supiera su nombre. -Es que solo eres humana. A la hora bruja -comenzó a explicarle, -se ve todo lo que no se ve, se siente todo lo que se esconde y se hace realidad todo lo que se sueña.

-¿Cómo puede ser eso? -ella no podía creer que aquella cabra hablara en serio. Con los deseos y sueños que ella había albergado toda su vida.

-Pues así es. Lo que ocurre es que solo sucede dos veces al día. Al amanecer y al anochecer y hay que estar avispado porque dura apenas un momento.

reloj

-¿Estamos ahora en la hora bruja? -preguntó Laura.

-¿Qué comes que adivinas, pequeña? ¿Si no fuera así iba una cabra a estar hablando contigo?

-Tal vez me quedé dormida al volante -razonó.

-Puede ser. Pero esta mañana yo pedí que una humana me contara un cuento y aquí estás. En medio de la nada dispuesta a hacerlo, ¿verdad?

-Sí. La verdad es que contarle un cuento a una cabra en la hora bruja es un privilegio.

-Pues venga, que nos queda poco tiempo.

-En la hora bruja todo es posible, ¿verdad?

-Más que nunca -respondió la cabra con un alarido.

-Entonces voy a contarte una historia de amor, pero no una historia de amor cualquiera. Te voy a contar la historia de cómo el amor nos lleva allá donde imaginamos, de cómo si uno es valiente abre la puerta de la fantasía y nos hace creer, pero no solo a nosotros sino también a quienes han renunciado a él o han dejado de creer que tanta felicidad sea posible. De cómo viajar con el amor nos lleva a otros mundos y nos transforma.

La cabra guardó silencio un momento, rumiando la respuesta.

-¿También devuelve la fe a las cabras?

-Por supuesto. Si una cabra ama todo es posible -al escuchar esto el animal se tumbó tal como estaba, en medio de la carretera, junto al coche que aún tenía la puerta del conductor abierta y las marcas del frenado sobre el asfalto, bajo el cielo rojizo del amanecer, dispuesta para viajar al cuento de Laura en la hora bruja.

Había una vez una joven que estaba enamorada de un caballero que vivía en un castillo inaccesible. Lo había descubierto cuando llegaba en su barca al pueblito, porque se había construido la torre más alta del reino al otro lado de la bahía, pero tenía que llegar hasta la costa una vez por semana, cuando iba al mercado a comprar víveres. Solía pasar desapercibido para los demás, porque ni su atuendo no la expresión severa de su rostro dejaban entrever ningún don agradable para animar a nadie a decirle esto o aquello, nada más allá de las áridas conversaciones sobre el tiempo. Sin embargo a veces, cuando escogía la fruta entre las que se exponían a la venta, la joven había observado que se le dibujaba una sonrisa al llevárselas a la nariz para inspirar su aroma. También se sentaba en uno de los pilones del puerto, siempre en el mismo, antes de subir a su barca para remar de nuevo hacia su fortaleza. Pasaba allí largo rato hasta que al fin se echaba al agua y desaparecía en soledad. Ella un día se sentó en aquel rincón, aspiró el aroma a marisco, escuchó el bullicio del mercado y admiró a todos aquellos pescadores que recogían sus redes y limpiaban sus barcos tras un día de dura faena. Entonces algo saltó en su interior, y amo a aquel caballero que había encontrado el lugar perfecto del puerto para disfrutar de la vida que había en él. Y no pudo comprender por qué nadie se había dado cuenta antes.

Decidida, la joven saltó a una de las chalanas de los pescadores y llegó remando hasta la fortaleza. Allí la empalizada estaba subida, no había más que muros de piedra. Ni siquiera una ventana le permitían ver lo que había dentro. Aunque ella sabía que allí estaría su caballero, pero no sabía en qué pasaba su tiempo o en qué pensaba. Lo que sí sabía era que estaría haciendo algo que mereciera la pena, como aspirar el aroma de la fruta o disfrutar de la vida del mercado.

-¡A del castillo! -gritó. Y como nadie contestaba gritó más fuerte: -¡A del castillo, por favor!

-¿Y por qué grita? -la interrumpió la cabra. -que entre y ya está.

-Es que el caballero había decidido aislarse del mundo y había levantado un castillo en medio del mar sin empalizada, sin almenas y hasta sin torres. Su mundo cabía en único obelisco sin huecos que casi rascaba el cielo.

-Caramba. ¿Y cómo entraba?

-La joven no lo sabía, por eso gritaba -aclaró guiñándole el ojo a la cabra.

Ese caballero es muy complicado. Creo que va a ser un cuento demasiado largo –la cabra miró el cielo. El rojo del amanecer ya era naranja y comenzaba a sentir unas ganas tremendas de tirar para el monte. –Dale prisa, muchachita, si quieres que se haga realidad tu historia.

-Vale vale. ¿Cuánto tiempo tenemos? –la cabra levantó el hocico, señalando las montañas.

luna

-Cuando sean verdes ya no habrá magia –en aquel momento aún retenían el fuego de la llegada de la mañana.

-Volvió a llamar y nadie contestó –Laura hablaba sin dejar de mirar al horizonte hasta que cerró los ojos para viajar con su corazón hasta el centro del relato -pero como ella era joven pero de alma vieja, de estirpe de brujas buenas, guardó silencio un instante para escuchar desde dentro, a la vez que pedía consejo a sus ancestras. Ella quería conocer a aquel caballero que había descubierto el tesoro de la vida aún estando fuera de ella.

Así que escuchó y escuchó hasta que un gemido casi imperceptible llegó hasta ella. Miró hacia lo alto, hacia el obelisto para ver de dónde salía. Allí no habían huecos, solo piedra. Sin embargo, su alma vieja comprendía que aquel lamento era como una bandera que de auxilio que hondeara al viento, invisible a los ojos y corazones de quienes solo veían las apariencias.

cabra

Por eso acercó un poco más la barca hasta el muro y se encaramó como pudo, escalando, subiendo con toda la dificultad del mundo, guiada por aquel lamento que solo ella escuchaba. Las manos le sangraban, se resbalaba y caía al agua pero volvía a subir al bote y desde él saltaba hasta la roca de nuevo. Mientras, el lamento era cada vez más débil, hasta que finalmente desapareció del todo. Desvaneciéndose como la bruma en la tarde que llena de humedad los corazones hasta congelarlos, pero no el de Laura, que seguía escalando, trepando y escuchando con su instinto de bruja buena.

Sin embargo, y casi cuando estaba en lo alto, una piedra mal encajada hizo que perdiera el equilibrió y cayó al mar sin remedio. El golpe fue tan fuerte, porque ya estaba casi casi a la altura del cielo, en lo alto del obelisco, que la dejó inconsciente y a merced de la marea.

-¿En serio? –la cabra no podía creérselo. –¿Tanto esfuerzo para nada? Ese caballero no se la merecía–se molestó de tal manera que escupió parte de la hierba que rumiaba justo al lado de los pies de Laura.

-Si crees en la hora bruja deberías creer en los encantamientos –le advirtió para tranquilizarla.

-No te digo que no pero, ¿que magia hace que te escondas? -era una cabra con carácter, de eso no cabía duda.

-¿No conoces el sufrimiento? -Laura acudió entonces a la verdad de su corazón para hacerla comprender.

El sufrimiento no es magia. Y él no se había escondido del todo. Iba al mercado a observar la vida, y gemía. En mi opinión -concluyó el animal, -algo dentro suyo luchaba por salir de aquella torre. Él fue el que hizo magia.

-Ciertamente eres muy lista–Laura se sorprendió con aquella reflexión y ya jamás la olvidaría. La cabra se acercó a ella y restregó su lomo contra su cintura. –Me caes bien -la acarició con ternura.

-Y tú a mí -la cabra estaba tan a gusto que casi sonreía. –Pero es que tengo que marcharme. Mira la montaña. Se está cerrando la puerta y he de irme al otro lado. ¿Me cuentas el final de la historia? Ella se habrá salvado, ¿verdad? –la cabra ya había salido de la carretera y trotaba alegremente monte arriba.

-Tendrás que esperar a la hora bruja de esta noche, o a la de mañana, para viajar con la hora bruja y saberlo –Laura la despedía dirigiéndose a su coche, que seguía en medio de la carretera, enviándole besos volados.

La cabra trotaba por el monte camino hacia la cumbre de la montaña a la vez que el verdor se llenaba de cantos de pájaros, de mariposas, de nubes que se levantaban dejando ver el cielo azul, despejado, amarillo. La hora bruja había concluído, por eso cuando llegó a la cima y bajó por la ladera ya caminaba a dos patas; con la melena al viento y una gran sonrisa en los labios. Caminaba hacia la bahía con el puerto de pescadores para llegar más allá, en medio del mar, hacia el obelisco de piedra dura que llegaba casi casi hasta el cielo; sin empalizada, sin almenas, sin torres…Al alcanzar la orilla se adentró en el agua y, un poco antes de llegar a él, se sumergió en las profundidades para llegar a su base, donde presionando una roca se habría una puerta por la que accedió hasta el interior. Allí estaba el caballero, sentado leyendo un libro junto a una chimenea. La recibió con una gran sonrisa y se levantó para envolverla en una toalla.

-Buenos días, Laura –y le dio un beso.

-Buenos días, mi vida –ella se quedó abrazada a él un buen rato para calentar su cuerpo mojado con el calor que desprendía.

-¿Mañana iremos al pueblo a comprar pescado? –le preguntó el caballero sin dejar de acariciarle la melena.

tango argentino

-Claro, cariño, y al atardecer, en la hora bruja, bailaremos como cabras con nuestros vecinos.

 

 

Mapa antiguo de Europa

San Borondón y ‘La araña roja’

Surcaba los mares y no dejaba cadáveres a su paso. La araña roja era un navío pirata pero también un veneno que propagaba su maldición allá donde atracaba, convirtiendo en fantasmas a los habitantes de poblados y puertos, de islas y continentes. Decían que era el cofre que contenía todas las enfermedades y que una vez izaba sus velas estas volaban con los vientos que una vez desatara Pandora. Su capitán, Icov Malvatestla, no era un hombre sino un espectro a quien obedecían los esclavos que, con tal de no ir directos al infierno, se habían convertido en su tripulación y buscaban la isla perdida de San Borondón.

Navío del siglo XIX

Esta leyenda había corrido de boca en boca hacía más de cincuenta años, así que cuando La araña roja atracó en el puerto de San Borondon, todos corrieron  a refugiarse en sus viviendas. Sobre el mástil mayor hondeaba la bandera pirata y entre la proa y la popa una veintena de hombres esperaban saltar a tierra sucios y armados hasta los dientes. Icov Malvatestla tenía el pie apoyado sobre el borde de la embarcación y una sonrisa malévola llenaba la expresión de sus ojos. Debía muchas almas a su aliado en el inframundo y se las cobraría todas en aquella isla de leyenda. Había tardado siglos en encontrar San Borondón así que sus habitantes, escondidos y a refugio entre las brumas del océano atlántico, valdrían el doble, sobre todo los niños.

Nadie se defendió, ningún hombre empuñó la espada, pues aquel lugar era una tierra de paz donde no hacían falta ni justicia, ni leyes, ni nada. Los habitantes de San Borondón eran seres puros que concebían la vida y su pueblo como el paraíso en la tierra y solo el respeto orientaba sus actos. La araña roja era en infierno hecho navío por fuerzas que ninguno comprendía, solo sentían que el mal los transformaba en cuanto subían a bordo, encadenados y arrastrados por aquella tripulación fantasma esclavizada. Icov Malvatestla reía y reía satisfecho hasta que un hombre, el último de todos en subir y el único que llevaba sujeto de la mano a un niño lo miró fijamente para decirle:

-Ríe ahora, pero hay fuerzas también que ocultan esta isla a los ojos de los hombres comunes y si has tardado siglos en encontrala para hacernos fantasmas, ten por seguro que ninguna magia oscura te sacará de aquí, al menos en muchos siglos también.

estrellas

Nunca más se ha visto a La araña roja surcar los mares, tampoco nadie ha llegado nunca a San Borondón pero, ¿por qué dudar de su existencia?

Fotograma de Chaplin

Un chiste te enseña a escribir

Un chiste cuenta, conecta y sorprende. Así debería ser escribir, por ejemplo, en las redes sociales, solo que en este caso existe interacción o posibilidad de respuesta. Comunicar e informar no es lo mismo pero sí deberíamos ser conscientes de que como en aquella, y ojalá en la vida, la verdad es el único camino. También en los chistes porque es el reflejo de nuestro comportamiento, la sinceridad que lleva a convertirlos en acciones que provocan risa, lo que los hace populares, lo que nos anima a compartirlos y contarlos una y otra vez. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo escribir contando verdades en las redes sociales y profesionales sin parecer ridículos, en un medio que cambia por segundos? Para empezar no olvidemos que la experiencia debería ir acompañada de confianza, y un camino para generarla puede ser a través de los enlaces, porque de toda la vida se ha preguntado: ¿Y quién dice eso? Pues aquí igual, porque por mucho que uno mismo sostenga que sabe lo que dice también ayuda buscar la verdad en la reputación de nuestros artículos vinculados. Si hablas de Historia, museos, bibliotecas, y o si se habla de formación mejor utilizar universidades, academias o centros reconocidos por organismos públicos, esto a modo de ejemplo. En mi opinión la reacción del que lee es similar a la que tendría un auditorio si uno dice que contará un chiste inspirado en Gila o Dani Rovira los que escuchan se preparan para la risa asegurada.

lápices de colores

La estructura

Pongamos el ejemplo de un chiste que me gusta especialmente y tal vez estudiando su estructura, o disfrutando de ella, encontremos un camino para comenzar a escribir una de nuestras experiencias según el estilo de inicio, desarrollo y final pero desde el humor. Seguro que al menos nos reiremos.  Se trata del que cuenta cómo un grupo de esposas que siempre coinciden en los almuerzos de sus maridos, que son muy amigos, deciden ponerse de acuerdo para salir juntas. Nunca salen de noche, pero están hartas de que sus hombres lo hagan así que lo organizan para quedar ese fin de semana.

En esta introducción o inicio el objetivo es conectar, está claro. De hecho, de ponerle un título seria: “El chiste de las esposas que salen sin sus maridos”. Porque, ¿quién no lo ha hecho? ¿Y por qué se hace? Las respuestas a las preguntas son la clave para seguir. Ahora la historia, una vez la tenemos planteada gracias a las preguntas, nos pide continuar con otra pregunta: ¿Y qué hacen para divertirse? En realidad, no suelen salir así que no saben qué hacer, de modo que dan vueltas con el coche, todas en el mismo, mientras lo deciden. Pero ya se sabe, no se conocen lo suficientemente y no terminan de ponerse de acuerdo así que después de un buen rato tienen que parar porque les ha dado ganas de ir al baño.

Esta parte de la historia vuelve a orientarse a la conexión con el que escucha, hombres y mujeres, porque recurre a los tópicos. Y lo logra gracias a seguir preguntando cosas a la historia que ya tenemos. Porque desde el principio hemos dibujado a los protagonistas con las cuestiones. En una experiencia real, nuestra y que creemos útil, serán las preguntas las que nos guíen también. ¿Qué te pasó? ¿Cómo lo solucionaste? ¿Quién eres? Ser útil es importante cuando quieres conectar. El señor Google ha venido a hacer lo que toda la vida se había logrado preguntando en la tienda, en la librería, en la ferretería, a los amigos y amigas los sábados en el asadero… ¿Y cómo lo hiciste? La curiosidad se despierta de forma automática en nosotros cuando alguien cuenta cómo abrió su negocio o decidió viajar por Sudamérica en coche. Ahora podríamos poner en Google “viajar +Sudamérica + coche” y a ver qué sale.

El meollo de la cuestión

Pues en nuestro chiste las señoras esposas paran el coche porque ya no aguantan más las ganas de ir al baño. Al principio solo tenía que ir una pero al bajarse acaba animándose otra, luego otra y luego otra. Al final se bajan las cinco y allí mismo, en campo abierto y sin mirar mucho porque es de noche, ya no aguantan más… pero cuando van a empezar se levanta un viento y se les comienzan a caer encima cruces y flores; porque no se habían dado cuenta de que pararon el coche junto a un cementerio. La historia llega a su núcleo o desarrollo, que suele estar caracterizado por la sorpresa o  la revelación de una verdad importante y, al ser un chiste, en el desconcierto surrealista. O sea, ¿quién se lo cree? Pero podría pasar, ¿verdad? Con una historia sucede lo mismo. A estas alturas y establecida la relación de confianza con el lector ya podemos desnudar nuestra verdad sin miedo al ridículo porque hemos captado la atención y la empatía de quien nos lee o nos escucha. Por eso es tan importante saber qué queremos contar, y tener algo que contar, porque hacerlo dejará huella, buena o mala, pero será sincera también. Un lector sincero puede guardar silencio, y un contador puede escucharlo porque su respuesta es esa. También puede preguntar, y la escucha de su comentario no solo enriquece a la historia, sino a la persona, a todos los que lleguen hasta el final del relato y, lo compartan o no, lo encuentren útil o no, ya serán parte de la historia, puede que hasta se sonrían o asientan con la cabeza porque también hubieran escrito ese comentario, o parecido, o de ninguna manera.

La forma

En todos los casos, y siempre que se escriba, conviene recordar que la confianza también se genera con la forma. Si uno se expresa por escrito a veces esta es la primera, y tal vez la única, tarjeta de presentación. Es normal que el cerebro y el corazón vayan más rápido que la mano, y que incluso el contenido concentre toda nuestra atención, pero viene muy bien releer lo que se expresa antes de publicarlo, con atención, y ante cualquier duda consultar a la Real Academia Española (RAE), que ya lo ha puesto más fácil y rápido, lanzando una aplicación oficial gratuita.

Pareja riendo

Y para concluir el chiste…

Pero hay que terminar la historia, llegar al final del chiste, y si es con un nuevo giro mejor. Un giro es un volantazo, un camino inesperado, como en una aventura. Se puede adornar bonito o solo describirlo pero hay que verlo, vivirlo, ha de ser verdad de nuevo; o por lo menos inspirado, sentido, en hechos reales que den sentido a todo lo que se cuenta, porque cada una de las acciones nos llevan a comprender por qué había que pasar por ello para llegar allí y ser mejores, o intentarlo. Porque de lo que se ha vivido se aprende y tal vez lo aprendido lo hayan comprendido también otros, y por eso les hará reír si se cuenta con humor. Es la moraleja de los cuentos y el subtexto de los guiones, y de la vida. Así que nuestras esposas se asustan mucho cuando les caen las cruces y flores encima y salen corriendo hacia dentro del coche y vuelven a sus casas asustadas. Al día siguiente, a escondidas de ellas, sus maridos se llaman para preguntarse: “¿Qué tal anoche?”, sondea. “¿Cómo que qué tal? Mi mujer volvió anoche sin ropa interior”, responde el interloculor. “Pues tienes suerte. La mía tampoco tenía ropa interior y llevaba una banda en la que se leía: ‘tus amigos de Oviedo no te olvidan”, revela el primero.