público asistente a las jornadas

Literatura que salva vidas: II Jornadas La Voz de La Mujer

La vida es también con quién hablas, y a quién escuchas. Participar en estas jornadas en La Palma es un placer y una gran oportunidad para crecer, porque cuando el corazón y la mente se abren es un viaje que merece la pena. El programa nos ha dado  la oportunidad de conocernos, de escucharnos, de darnos ese calor tan necesario… Qué semana tan especial ha organizado Karmala Cultura con las II Jornadas La Voz de la Mujer. Desde aquí darles mi enhorabuena porque hemos podido disfrutar de actividades en Los Llanos de Aridane, Breña Baja, Villa de Mazo y Santa Cruz de La Palma con invitados e invitadas de Asia, África, América y Europa. ¡Un verdadero lujo escuchar las experiencias y la sabiduría de estas mujeres creadoras y promotoras del arte y la cultura! Creo que hemos propiciado un diálogo y un intercambio cultural de gran interés, con el que se ha dado voz a mujeres de la literatura, el cine y la música. Además, gracias a ello, hemos reivindicado el derecho de otras mujeres a tener un lugar destacado en el arte y en la sociedad. Es un testigo que tenemos que coger de las que nos precedieron, y que espero que siga pasando de unas manos a otras, de unas mentes a otras, de unos corazones a otros para tener una opinión propia que siempre se escuche

II Jornadas La Voz y La Mujer

Carmen Comadrán, Belén Lorenzo Francisco, Patricia Figuero y yo en la sala el Real 21 de Los Llanos de Aridane. Foto de Karolina Bazydlo.

 

Mi participación en estas jornadas ha sido en el apartado de literatura, que compartí con autoras de la talla de Elsa López, Belén Lorenzo Francisco y Patricia Figuero, así como en la mesa redonda en el que también he conocido un poco más a las invitadas de las otras áreas como las directoras de cine Carmen Comadrán o Aicha Chloé Boro. Aprendí mucho de ellas y estar a su lado, escuchando esa sabiduría que guardan, me estremecía de la misma forma que al abrir un libro, porque me dejaron cautivada desde la primera frase. Es una suerte haber escogido el camino del arte. De hecho, solo por poder disfrutar de su cercanía en instantes como estos merece la pena.

Cartel II Jornadas La Voz y La Mujer

La literatura y la vida

Por eso mismo quiero compartir aquí esas cosas de las que uno no habla, sobre todo cuando se es escritora como yo, un camino que he sido capaz de recorrer gracias a la existencia de mujeres que antes que yo lucharon para darme la oportunidad de serlo. Los libros que he leído escritos por ellas y en los que se las reconoce como artistas son el pilar sobre el que se ha sostenido mi existencia como mujer contadora de historias, como a mí me gusta llamarme.

Estas jornadas son una oportunidad muy emocionante, sobre todo para las personas como yo que escribimos y no nos resulta fácil levantar la voz, porque nuestro medio es escrito. 

Durante toda mi vida, sobre todo en mi juventud y en mi adolescencia, la lectura constituyó para mí un refugio y una fuente de vida, porque no sé en qué momento comenzó a resultarme muy complicado relacionarme con el mundo exterior, con las personas que me rodeaban y comencé a guardarme muchas cosas para mí, casi todo. En este proceso encontré los libros. Sucedió de forma casi casual porque había muchos en mi casa, sobre todo en mi casa de La Palma, en El Paso. Eran libros de mi abuelo; de investigación, de ensayo y de novela. Era la época de vacaciones, cuando venía con mi familia y tenía mucho tiempo libre, así que como me resultaba difícil relacionarme con las personas comencé a leer. Mi formación es básicamente clásica, porque es lo que más había en mi casa y pronto consideré a los protagonistas de esas historias, a esos autores y autoras, como mis amigos y me pasaba la mayor parte del tiempo con ellos. Al leer estas historias me resultaba muy fácil identificarme, sobre todo con los personajes femeninos, cuando explicaban que se sentían atrapadas en sus vidas, encerradas y envidiaban la libertad de la que gozaban los hombres. Me dolía todo lo que leía pero a la vez me gustaba lo que contaban. Claro, eran libros antiguos, clásicos, la mayoría escritos por hombres, pero aun así retrataban este sentimiento femenino con el que yo crecí, sintiendo que estaba atrapada. Luego, a medida que fui creciendo, me fui dando cuenta de que ese sentimiento no era adecuado para mí, porque yo vivía en un mundo, a finales del siglo XX, en el que sí podía hacer esas cosas; por lo menos tenía la posibilidad de hacerlas. Porque en el siglo XX, gracias a los movimientos y la lucha por la igualdad, se había conseguido el voto de la mujer y las mujeres nos habíamos incorporado al mercado laboral; porque yo vivía en un mundo completamente diferente gracias a ellas. Así que estas lecturas me dieron luz pero me dieron obligaciones también. Por eso, comencé a vivir mi vida marcada por estas obligaciones y esta responsabilidad que tenía para con estas mujeres. Porque  yo podía hacer lo que ellas habían soñado; mientras que esas protagonistas se quedaron en los libros, encerradas en las vidas que habían escrito para ellas. Las autoras no habían podido hacer nada salvo expresarse en la literatura. 

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El periodismo como arma

Con esta fuerza que me dieron las mujeres que me precedieron comencé a luchar por lo que quería. De alguna manera esto obró un cambio en mí y lo primero que hice fue escoger una profesión que me daría mucha libertad y que me conduciría hacia lo que quería ser, que era ser escritora. Era algo que yo me callaba, lo decía pero en voz muy baja, porque soy muy terca, y sabía que no iba a dejar de intentarlo. Comencé a trabajar de periodista tras estudiar la carrera de Historia.

Julieta Martín Fuentes contando su historia en las jornadas

Contando mi experiencia en el Real 21 de Los Llanos de Aridane durante las II Jornadas La Voz de la Mujer.

No tenía referencias de mujeres trabajadoras salvo sutiles comentarios; ya que no se hablaba de los problemas ni de las dificultades que entraña trabajar en un entorno en el que coinciden ambos sexos, con un inconsciente colectivo que sitúa a la mujer que trabaja en un plano desde el que se la ha despreciado. Aún así que comencé en el periódico La Provincia, que fue mi primer trabajo. Recuerdo que el primer reportaje largo que me dieron fue precisamente por ser mujer. Acababa de salir de la facultad y tenía muy poca experiencia como periodista pero tuve que escribir el reportaje del Día de la Mujer Trabajadora, el 8 de marzo. Había estudiado historia y sin embargo no sabía por qué se celebraba ese día. Me enteré escribiéndolo de cómo habían vivido las mujeres su proceso de incorporación al mundo laboral y de cómo habían sido castigadas, y en concreto de que la fecha del 8 de marzo reconoce a unas mujeres a las que habían quemado en una fábrica en la época de la revolución industrial. Este reportaje me ayudó a darme cuenta de que yo estaba trabajando, y mis compañeras del periódico también, gracias a que estas mujeres fueron a trabajar, probablemente con miedo, probablemente habiendo sido agredidas anteriormente. Sin embargo, habían seguido yendo, y acabaron muriendo. Todo esto me afecto de manera positiva, me dio mucha fuerza y nunca lo he olvidado.

Portada del libro 'Mujeres en guerra. Más máster da la vida'

Después de publicado, una compañera periodista que hoy sigue siendo mi amiga me vio un poco decidida pero perdida en todo lo que es el mundo laboral cuando se convivimos ambos sexos, sin recursos para superar las limitaciones que muchas veces se nos pone, y nos ponemos, mediante el inconsciente colectivo. Esta amiga me dejó entonces las memorias de Maruja Torres sobre su época de reportera de guerra. Este es el camino más radical, el más difícil y el menos femenino al que en teoría se puede aspirar a ser, ya no solo como periodista sino dentro del mundo de las noticias. Porque estas en una guerra, con todo lo que eso supone en el día a día: sangre, peligro, bombas, sin refugio, sin amigos, en medio de conspiraciones, sin conexión de teléfono…es un peligro viajar sola de vacaciones, imagínate viajar sola para documentar una guerra. Maruja Torres en su libro Mujer en guerra. Más másters da la vida  habla de sus experiencias en la primera línea de combate. Ella estuvo en el apartheid, en África, en los campos de refugiados de Palestina, en el Chile de Pinochet, en Beirut, en el Líbano. Habla desde su punto de vista, con su voz femenina, contando cómo vivió esa situación y cómo se enfrentó a un mundo que había previsto una vida para ella que no le gustaba, así que lucho por vivir la que ella quería, no la que querían los demás. Ese libro ha sido para mí un manual al que he acudido en muchas ocasiones. Primero porque escribe muy bien. Te llega al corazón y te lo rompe, diciéndote todo eso que llevas dentro y que no sabes cómo expresar. Gracias a ella me he atrevido a muchas cosas y he trabajado en redacciones de periódicos, en radios, en gabinetes de prensa; aún hoy lo hago como colaboradora porque es una profesión apasionante en la que puedo verter gran parte de mi universo personal (sobre todo, me obliga a salir de esa cueva en la que tiendo a estar porque en cierta forma sigo siendo esa jovencita a la que le costaba relacionarse con el mundo exterior). Maruja Torres en este libro habla de lo que para ella define a todo escritor, que es tener un punto de vista, creo que si hay algo que define a los periodistas es que lo tenemos. El escritor solo se diferencia para mí en que quiere expresarlo creando un mundo diferente con él, aunque sea sobre el papel. Porque como ella dice, tal vez el mundo sea una porquería, ella dice que una mierda, porque es una escritora muy directa a la que le gusta llamar al pan y al vino. Ella dice que el mundo es una mierda pero que igual merece la pena contarlo. 

Presentación del debate en las jornadas

Carmen Asensio, Dalila Ennadre, María José Manso, Keybis Keba Danso y Patricia Figuero en el Real 21 de Los Llanos de Aridane en las II Jornadas la Voz de la Mujer. Foto de Karolina Bazydlo.

En mi caso, las memorias de mujeres me han servido siempre, me han dado una orientación en un mundo laboral en el que no hay nada escrito; porque apenas llevamos un siglo teniendo una legislación que ampare nuestros derechos, una legislación que hay que seguir ampliando y por la que hay que seguir luchando. Es la base sobre la que alzar la voz y vencer el miedo que nos atenaza cuando suceden injusticias, porque hay personas de todo tipo y necesitamos argumentos, necesitamos leyes para acallar al inconsciente colectivo; porque son muchos siglos diciéndonos qué cosas se pueden hacer y qué cosas no se pueden hacer si eres mujer. Creo que eso es lo que tenemos que luchar por cambiar en nuestro día a día. 

Participantes de Literatura en las Jornadas

Ken Bugul, Elsa López, Patricia Figuero, Belén Lorenzo Francisco y Julieta Martín Fuentes mujeres de la literatura.

Viendo el sueño: ¿Escribir no es vivir?

Tras diez años trabajando como periodista decidí que quería luchar por mi verdadera vocación, que era ser escritora. Sucedieron una serie de acontecimientos en mi vida que me dieron la fuerza necesaria para dejar un tiempo mi trabajo de periodista, que ya me había enseñado a relacionarme con el mundo que me rodeaba y a trabajar en él, y me vine a La Palma a escribir. En ese momento tomé la decisión de que quería escribir exclusivamente durante el periodo que le dedicara a mi primera novela, Lolita Pasión. No conocía personalmente a ninguna mujer que fuera escritora, pero sí tenía a mis amigas de los libros, como yo las llamo. Así que cuando estuve volcada en la escritura, metida con calzador en una sociedad que se dedicaba a cosas más normales, más prácticas sobre todo, no tenía la capacidad para expresar lo importante que era para mí lo que estaba haciendo. Porque volvía a ser aquella jovencita que tenía problemas para relacionarse y comunicarse. Uno comienza a dejar de hablar y después no sabe cómo hacerlo. Así que me volví a refugiar en los libros, que siempre me han dado luz y siempre me han acompañado cuando me pierdo en la vida. Leí muchos libros de biografías de artistas, de ensayos de artistas; sobre todo porque quería ver cómo vivían, cómo habían superado esos obstáculos que se presentan cuando uno pasa del plano soñado al plano real y no se espera lo que sucede pero, sobre todo, no sabe cómo solucionarlo ni a quién preguntar. Porque hay que seguir comiendo, hay que seguir saliendo, hay que seguir hablando con personas que no aceptan lo que uno hace. Uno de estos libros que me fue muy útil es un ensayo de Amparo Serrano de Haro, Mujeres en el arte. Espejo y realidad  . 

Libro 'Mujeres en el arte. Espejo y realidad'

A mí me gusta mucho leer ensayo, tal vez porque soy historiadora, porque hay una parte del pasado que necesito conocer porque escribo novela histórica, también cuentos pero esos se sueñan de otra manera. De los ensayos extraes mucha información para el mundo que estás creando y que debe tener una base real en la novela histórica, real de la vida cotidiana y de la historia de las costumbres. También del por qué de esa historia de las costumbres. Este ensayo del que hablo pertenece al ámbito de la Historia del Arte. La autora hace un recorrido con el que intenta comprender por qué las mujeres han sido a lo largo de los siglos objeto del arte pero no sujetos creadores de arte, sobre todo no han sido reconocidas como tales. Ella analiza el proceso que llevó a silenciar a estas mujeres artistas. Lo define como un libro para personas apasionadas, porque el arte no se puede tratar sin pasión. Para mí es muy interesante cómo clarifica qué tipo de persona se dedica al arte, porque sorprende mucho que a pesar de todos los inconvenientes habidos a lo largo de la historia y de todos los prejuicios y condicionantes hayan habido mujeres que decidieron ser artistas.

Almuerzo en las jornadas

Carmen Comadrán, Elsa López y Tamara Avidad en un almuerzo de las II Jornadas la Voz de la Mujer en Santa Cruz de La Palma.

Una parte de la obra muy interesante es su análisis del siglo XX, cuando las mujeres se han incorporado a la vida pública, gracias a la lucha por la igualdad, a su visualización y a la legislación de sus aportaciones a la historia. Analiza cómo ha influido el punto de vista femenino a los movimientos artísticos de finales del siglo pasado, que es el punto de vista de la diferencia. Porque el dar visibilidad a las mujeres en el arte permite explicar esos problemas que suceden en el ámbito femenino que es necesario contar también. El que hayamos sido reconocidas como sujetos que crean arte también abre la puerta a que otras diferencias, otros grupos con etnias diferentes, con sexualidad diferente, otros grupos sociales que también ha sido ignorados a lo largo de la historia puedan expresarse. Estos movimientos han abierto una vía para que se rechace cualquier tipo de exclusión, algo que ha caracterizado al arte del siglo XX. 

La fuerza del ejemplo: Elsa López

Una vez que me vine a La Palma a escribir y acepté las dificultades que conlleva la elección de vida que yo realicé fui consecuente con ella, o he tratado de ser consecuente con ella. Aquí he tenido la suerte de conocer personalmente a una autora, a Elsa López, a la que ya había tratado profesionalmente en mi carrera de periodista. La entrevisté, a veces lo hemos hablado, en unas jornadas que tuvieron lugar en Gran Canaria sobre escribir en una isla, porque ella ha escogido vivir en La Palma y es un honor tenerla tan cerca en nuestro día a día. También la entrevisté en unas jornadas en Tenerife, en la que ella habló de la mujer y la escritura. Siempre que la escuchaba cuando era periodista sus palabras hacían latir  mi corazón de escritora, que se me salía del pecho. Porque es otra de esas artistas que dice verdades como puños, que se te clavan y no te dejan indiferente, no si estás vivo. Recuerdo que ella hablaba, se lo he recordado también, de que cuando ella escribía en su casa y a veces estaba en su despacho en ese momento en el que te llega la inspiración por fin, igual después de días sufriendo porque la tienes en la punta de la lengua pero no te sale, que en ese momento en el que se entregaba completamente a escribir, alguien abría la puerta para preguntarle si había planchado sus pantalones. El auditorio lleno de mujeres sonreímos, yo también. Son esas cosas del día a día de las que hablo.

Julieta Martín Fuentes. Elsa López y Belén Lorenzo Francisco en las jornadas

Elsa López, Julieta Martín Fuentes y Belén Lorenzo Francisco dan voz a las mujeres de la escritura. En La Sala La Recova de Santa Cruz de La Palma.

Uno elige románticamente ser escritora y cree que será tan fácil como sentarse y hacerlo pero luego viene la realidad, la familia, los amigos, las invitaciones. Todo eso es de agradecer y es maravilloso pero hay que combinarlo con la elección de ser artista, de la literatura; porque no es una vida igual a la de los que nos rodean, porque requiere de mucho espacio para la reflexión y la soledad. De otra manera no podremos crear ese mundo de nuestras obras. De todas las obras de Elsa López  me quedo con la novela Las brujas de la isla del vientoporque cuando la leí todavía estaba en Gran Canaria y recuerdo que sus descripciones de aquellas mujeres, su supuesta locura y sus verdades… yo me lo creía todo. Es la historia de un grupo de mujeres que está encerrada en un siquiátrico, inspirada en entrevistas que ella realizó a personas reales. Al sumergirte en sus palabras te das cuenta de que hay un mundo más allá de ese diagnóstico médico. Ese mundo es lo más grande que me ha regalado a mí Elsa López, el abrir una puerta a la posibilidad de que haya más mundos; porque hay tanto detrás de las personas, y ahí reside la inspiración para mí. Es una obra que tiene mucho que ver con que yo haya venido a escribir a La Palma, porque yo me crié con la brisa de El Paso, y con mi madre diciendo que el viento soplaba tan fuerte para que yo lo escuchara. Así aprendí que el viento te puede contar todas las historias que quieras, o que él quiera.

Libro 'Las brujas de la isla del viento'

Creo que Elsa López es un ejemplo de por qué necesitamos el arte, la literatura, porque pone voz a lo que muchas veces no somos capaces de expresar, ni de entender. Estamos en un camino en el que necesitamos figuras, ejemplos, acudir al arte para comprender y comprendernos mejor. El primer libro que cité, el de Maruja Torres, comienza con una frase que explica esto de lo que hablo. Defiende que escribir es comprender y yo estoy de acuerdo. Porque el arte nos remueve, porque es el camino que hemos tenido siempre para expresar, para comunicar las diferencias. Yo no creo que haya dos personas iguales. Por eso doy las gracias a las personas que se expresan artísticamente, o en su vida diaria, como más les gusta; porque si no nos expresamos, si no nos comunicamos, no vamos a ser capaces de disfrutar de la vida con todo lo que ella nos ofrece. Para eso escribo, para expresarme, para tratar de devolver toda esa vida que a mí me han dado los libros y los autores y autoras que han plasmado en ellos sus inquietudes más profundas. Con ellos me salvaron la vida y ojalá yo pueda salvar también la vida de otras personas. 

manos de mujer con flot

Pasión breve en cuentos para leer II

Uno escribe y lee porque sí, porque le da la vida, porque un libro de la estantería te está llamando con su título y no puedes dejar de mirarlo hasta que te levantas y vas a por él, porque te evades mientras las teclas suenan con tus palabras o mientras te conviertes al leer en astronauta, en polizón, en hada madrina. Porque mientras lees el mundo entero está a tu alcance, el conocido y el posible, hasta el imposible también. En marzo comienzo un Taller Infantil de Fomento a la Lectura en Breña Baja, La Palma, en el que también escribiremos; algo que me hace mucha ilusión porque se trata de unir dos placeres que acompañarán a los pequeños toda la vida. Y es que la pasión por la vida comienza con una sola frase, una sola que ilumine el rostro de quien la escucha, sea adulto o tenga cinco o seis años. Es la fantasía en forma de regalo, la ilusión que todos recuperamos cuando, por un instante, aceptamos el juego de soñar y nos creemos todo lo que nos cuentan; sobre todo al leer. Contar una historia es igual, solo tienes que volver a mirar el mundo como se mira un cielo lleno de estrellas por la noche y pides un deseo en silencio. Igual se cumple, ¿verdad? Todos hemos comprobado que si los padres y las madres leen los hijos también. Así comencé yo a leer en mi casa; porque a mi lado leían y parecían disfrutar, así que fui a buscar un libro.

Aquí comparto un poquito más de pasión breve en cuentos para leer, solo unos pequeños bocados para seguir leyendo y soñando mientras vivimos día a día, mientras caminamos sin dejar de tener los pies en el cielo. Pero queremos sonreír y buscamos la complicidad en lo que nos rodea. Leamos para que se cumplan nuestros deseos y los de nuestros hijos e hijas, escribamos para formularlos. Si al leer logro que por un instante algo palpite en tu pecho, o que una imagen entre en tu mente y llegue hasta tus entrañas, me daré por satisfecha. No es fácil, lo sé, pero así es la pasión. Quien la probó, lo sabe.

Descalzos por el cielo

Alguien caminaba perdiéndose en la montaña y, de pronto, comprendí el placer de observar y de estar viva. Aquella mañana me había despertado una opresión en el pecho, como si una voz me llamara a lo lejos. Sin hacer ruido atravesé toda la casa; abría puertas despacio, giraba pomos aguantando la respiración, descorría fechillos con el alma en vilo…Algo me decía que no debía despertar a la familia. El aire estaba frío y mis pies descalzos así que la nariz se me congestionó en un instante al sentarme y respirarlo a bocanadas. Pero el amanecer en sangre me abrazó, me conquistó la magia de la mañana. A lo lejos advertí una figura que avanzaba como un punto en la nada; igual que yo, estaba despierta desde la madrugada. No sé cuánto tiempo pasó, pero al volver a la conciencia el cielo era azul y mi cuerpo ardía en fiebre con el corazón latiendo lleno de historias de caminantes, y de esperanza.

niña sobre las nubes

Pelos de bruja

Iba a clases de mecanografía así que sacaron de algún rincón escondido la máquina de escribir de mi abuelo. Eran tan grande, tan oscura y tan sofisticada que nada más verla sentí una atracción irresistible. Al darle a la primera tecla comprendí por qué: había casi que golpear la máquina para poner en marcha aquel armatoste y dejar impresa la letra. Hacía tanto ruido que cualquiera diría que se abría un portal hacia otro mundo, hacia todos los mundos que yo quisiera.

manos en teclado máquina de escribir

Paseando por el cementerio

Le enseñó su más preciado tesoro y guardó silencio. Le contó esos secretos que solo se reconocen con los ojos frente al espejo. Pasearon desde la bajamar al rompeolas y se estremecieron cuando a un día le siguió otro y otro y otro. La vida era amable en las aguas profundas. El enterrador siempre había querido que una sonrisa le demostrara que había vida después de la muerte.

burbuja con edificios dentro

No me desees

-¿Por qué lloras? -le preguntó La Noche.
-¡Porque estamos lejos! -le arrojó tiritando mientras se cubría con un manto de fuego y mil años de ventaja.
-Dulce espejo de deseos -la acunó con su oscura ternura. -Si esperas, preparas, escuchas, comprendes… verás que en los mundos que brillas, en los planetas que te reconocen, en los seres que te observan ardes también en la pasión que alimenta sus anhelos.
-¿Cómo puede ser eso? -por respuesta obtuvo un guiño y una visión centelleante en sus pupilas.

A millones de años luz, una joven y un joven se miraban bajo el cielo estrellado hasta caer en la hoguera de su primer beso.

Niña pelirroja

Tocarse

Se dio cuenta de que era después cuando la vida le regalaba sus mejores aromas. Después de sentir, después de arriesgarse, después de balancearse. Por eso, compró un tarro enorme; bueno, dos. En uno escribió “sueños” y en el otro “caminos”. Se prometió que cada vez que descubriera un nuevo perfume lo guardaría dentro. De este modo, cuando no pudiera evitar caerse tendría a mano para respirar oxígeno del que sana las heridas. El único problema era capturar y meter dentro lo que experimentaba. -Para eso está la magia -concluyó. Y automáticamente entró la inocencia en uno de los botes.

Manos de astronautas a punto de tocarse

Ondas nada más

Decían que una bruja malvada les había lanzado un hechizo, encerrando sus almas en las notas. Así que cuando alguien los tocaba, con la melodía desaparecía su esencia. Los instrumentos intentaron ponerse en huelga y no sonar, trataron de herir sus cajas de música para hacer daño a los oídos, procuraron afear su apariencia de dulce y melancólica promesa…En el fondo no querían dejar de vibrar, aunque los devoraran al acariciarlos. Es por eso que aquella maldición fue bendecida por las musas blancas, porque los corazones lloran y ríen en los conciertos; porque un alma muere pero también cobra vida gracias al alma que se conmueve.

pianista tocando en medio del parque

corazón

Amor, el Diablo y el Cielo en el Infierno

Demasiado amor puede matarte, o convertirte en el Diablo. Aunque a él nunca le gustó ese nombre, porque se lo dieron en el Cielo, donde tras desterrarlo, o hacerlo caer, tras quitarle las alas, buscaron una forma de llamarlo que dejara claro que ya no era de los suyos. Porque vino a entrevistarse conmigo, porque tras siglos escuchando a humanos y ángeles, hasta a los mismos hombres refiriéndose a él como el peor de los seres de la Creación, buscó mis servicios. Porque quería que fuera su abogado.

amor en carruaje

Al principio no estaba seguro de aceptar su caso. Es cierto que me tentaba la idea, mucho más por comprender las circunstancias que lo habían llevado a representar todo lo bajo, todo lo vil, todo lo peor de los seres humanos, que al fin y al cabo también habían sido creado por el Padre de todo lo que habita en la tierra, en el cielo, en los mares y, por extensión en ese lugar más abajo de la tierra donde lo habían confinado. Las leyendas y cuentos sobre él decían que había sido el ángel más fiel, el más obediente, el más leal de todos los miembros de su ejército celestial. Mi primera pregunta era por qué un ser todopoderoso necesitaba un ejército, y de ser así, por qué había tenido la necesidad, ya que estos seres eran perfectos, de crear al hombre, a su imagen y semejanza. Así es que, ya que el Diablo conseguía, según la leyenda también, adquirir adeptos, recurriendo a sus instintos más viles, algo se nos escapaba al hablar de sus culpas. Había muchas cuestiones que no encajaban. Por eso me propuse averiguarlo y la mejor manera de hacerlo era visitándolo a él: al mismísimo padre de todos los demonios.

Como es de suponer, él vino a buscarme. Se presentó ante mí con apariencia humana. Era un hombre elegante, con esa elegancia que atrae y que reside mucho más allá de su apariencia. Su forma de saludarme, estrechándome la mano con extremada cortesía y dirigiéndose a mí con educación y respeto, me descolocó desde el primer momento.

-Buenos días -me lo encontré sentado en mi despacho sin que nadie lo hubiera anunciado. Permanecía sentado en el sillón de los clientes, de espaldas a mí, que entraba por la puerta después de mi descanso para el desayuno y mi vuelta matinal por diferentes lugares de la ciudad con la que me relajaba antes de zambullirme en la realidad de los problemas e inconvenientes que angustiaban a los seres comunes que habitaban sobre la tierra. Ya a primera vista me di cuenta de que no era un cliente común. Su voz era serena y no se giró para recibirme. Así que entré y me senté, admirando por fin su aspecto sin saber aún que se trataba del mismísimo Señor de los Infiernos.

-Puedo ayudarle en algo -le pregunté desconcertado por su mirada fija en mis ojos, penetrante pero tierna, invitándome a relajarme.

-Tengo entendido que es usted un abogado poco común.

-Agradezco que me tenga en esa consideración -su entrada en la conversación seguía inspirándome confianza. -Si me lo permite, no sé su nombre. ¿Cómo se llama?

-Tengo muchos nombres. Puede llamarme Samael.

-Y, ¿tiene apellido?

-Es mejor que obviemos el apellido de momento, si le parece bien.

-Necesito saber con quién estoy hablando.

-Se lo diré si finalmente decide aceptar mi caso, ¿le parece bien? -acompañaba sus palabras con una imperturbable pero exquisita educación porque, mientras hablaba, sacó del bolsillo interior de la chaqueta de su impecable traje de diseño italiano; que yo no pude evitar admirar y que me llevó a concluir que podía ser un cliente con el que pagar las facturas para el mantenimiento de mi despacho unos cuantos meses, quizás durante años si mis impresiones eras acertadas. -¿Puedo fumar?

-No es algo que permita en mi despacho pero con usted haré una excepción. Por favor, cuénteme en qué puedo ayudarle.

-Tengo un problema, digamos familiar -Samael extrajo un cigarrillo de su pitillera plateada y le prendió fuego con un mechero dorado muy fino que estaba dentro. -que ha derivado en calumnias y, como consecuencia, en destierro -inhaló el humo y lo exhaló con total serenidad.

-¿Destierro? -no era una causa común, de eso no me cabía duda. El destierro no era una práctica habitual desde hacía, en fin, desde hacía muchísimos años, por lo menos en occidente y en el siglo XXI. -No comprendo. ¿Su familia lo ha desheredado?

espíritu

-Es mucho peor que eso. Me han desterrado al inframundo y allí no me ha quedado más remedio que subsistir de la única forma que estaba a mi alcance.

-Y, ¿cómo ha subsistido, Samael? -en mi profesión había escuchado toda clase de relatos pero ninguno, hasta el momento, había incluido el inframundo.

-Tratando con los peores seres humanos imaginables. Es una ironía que me rebelara contra mi padre porque no estaba de acuerdo con su devoción por los seres humanos, en detrimento de los ángeles, y que ahora deba recibir a todos aquellos que justifican, precisamente, mi oposición a su creación.

-Disculpe, no lo comprendo -comenzaba a pensar que tenía ante mí a un demente. -¿Dice que se oponía a su padre porque creó a seres humanos?

-Exacto -volvió a darle una calada al cigarrillo y, esta vez, cruzó la pierda cómodamente.

-¿A qué se refiere usted cuando habla de calumnias? -intentaba centrar la consulta porque, de alguna manera, mi esencia de abogado buscaba una lógica a un relato que estaba perdiendo toda coherencia.

-Mis hermanos, los ángeles, son obedientes por naturaleza. Esa la esencia de nuestros actos. Fuimos creados para acompañar a Dios y para ayudarlo en la Creación, para guiar a sus creaciones según sus designios, para dar amor sin límites.

-Comprendo -dije, por aparentar que aquella conversación tenía algún sentido pero estaba deseando coger el móvil y enviar un mensaje a mi socio en el despacho para que llamara a los sanitarios y que se llevaran a aquel tipo a donde pudieran curarlo de su locura. No me podía creer que un demente se hubiera colado en mi oficina.

-Sé que está comenzando a perder la paciencia pero, créame, lo que le cuento no son desvaríos de un loco.

-La verdad, no sé qué pensar -inmediatamente la habitación se llenó de luz y las paredes desaparecieron. Mi cuerpo comenzó a flotar mientras que mi cliente permanecía sentado, con la pierna cruzada, fumando como si nada sucediera.

-Podría haber llenado la habitación de llamas, le hubiera mostrado el infierno, pero no quiero que esta conversación se cimiente sobre el miedo -me explicó desde donde estaba mientras yo ascendía hasta lo alto del edificio y, al mirar hacia abajo, veía mi despacho tal cual, solo que ahora mis ojos podían ver a través de las paredes. No podía creerlo pero estaba volando. -Solo quiero que comprenda que no soy de este mundo, por lo menos no de este mundo de humanos.

-Entonces, es usted un ángel -al decir esto, volví de nuevo a mi asiento sin que nada me sucediera.

-Un ángel no. O más bien ya no.

-Pero me ha hecho volar. O es que ha utilizado algún truco síquico -intentaba buscar alguna explicación racional. Yo era un hombre de leyes y, por eso mismo, no aceptaba fácilmente lo sobrenatural.

-¿Tiene usted fe, abogado? -me preguntó cuando me tuvo otra vez frente a frente. -Disculpe, ¿dónde puedo apagar la colilla? -no supe qué responderle porque estaba atónito, de modo que la hizo desaparecer.

-Sí, supongo que sí. No son cuestiones que uno se plantee directamente pero nos educan para tenerla -miraba su mano y la colilla que había desaparecido ante mis ojos.

-Interesante respuesta. Y ahora, tras conocerme, ¿tiene fe? -no podía responder. Mi cuerpo se había entumecido y mis miembros no respondían. Tenía la garganta seca y era incapaz de emitir ningún sonido. -La fe es fundamental. Incluso para creer en el mal hay que aceptar el bien.

-Supongo que sí -pude contestar al fin.

-Entonces, ¿sabe que el mayor acto de fe es el amor? -ahora su tono se había tornado melancólico. -Es un salto al vacío, es renunciar a todo lo que uno ve, a los hechos, y confiar solo en lo que se siente. Es un salto de fe porque no se ve lo que hay al otro lado, pero uno espera que haya algo, ¿verdad? -moví afirmativamente la cabeza -Así que ha estado enamorado.

-Me temo que sí.

-Por eso lo elegí. Porque sabe lo que es el amor, y porque aún le duele el amor.

-¿Cómo sabe eso?

-Yo lo sé todo. Mucho más en las almas a las que puedo tentar para llevarme conmigo.

-¿Me está diciendo que puede tentarme? ¿Que se llevaría mi alma por amor?

-Sí quisiera sí, claro -y me dedicó una sonrisa.

Tanto poder y tan tranquilo. Lo miraba y no podía comprender cómo se mantenía sereno. No me pareció un hombre poderoso, sí cautivador, pero no poderoso. Tal vez no fuera un hombre. Me mantuve en silencio un instante, la sospecha de quién era tomaba forma de certeza en mi interior.

-¿Qué le pasó con su familia? -no quería preguntarle lo que ya sabía.

-Yo amaba a mi familia.

-La familia no es fácil.

-No lo es. Sobre todo cuando hay amor. Elyon no da explicaciones. Solo nos reunió un día a todos sus ángeles para decirnos que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza.

-¿Elyon? -intentaba acotar los hechos, los protagonistas y aquel nombre no lo había mencionado antes.

-Sí. Elyon, Olam, Yahweh…Dios, hombre. Llámalo como quieras. El que nos creó -entonces sí advertí rencor en sus palabras.

-De acuerdo. Llamemos Elyon a Dios. ¿Y por qué le desterraron?

-Yo amaba a Dios. Lo amaba con ese amor que no conoce freno ni límites. Hubiera hecho cualquier cosa que él me pidiera pero aquello, decir que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza. Aquello no lo entendí. Así que, tras observarlos durante largo tiempo no estuve de acuerdo.

-No estuvo de acuerdo, ¿con qué? -no quedaba claro cómo podía ayudarle un abogado.

-Con amar a los seres humanos como amaba a Elyon. Dios es perfecto, es la máxima expresión de la belleza y la sabiduría. Él está en todas las cosas bellas, y en las terribles también, porque son necesarias; él las creó para que la vida fuera posible, porque todo lo que hace tiene un sentido y un objetivo. El hombre es todo lo contrario a eso -y se puso la mano en el pecho para pedirme disculpas al decir esto, incluso bajó un poco la cabeza para demostrarme que me estaba teniendo en cuenta. -Los seres humanos, si los tientas un poquito, pierden toda noción de lo que es justo o injusto, se dejan llevar por sus más bajos instintos, incluso actúan contra sus propios hermanos, padres, esposas, hijos, si se trata de supervivencia, a veces incluso solo por capricho. ¿Cómo amar a seres así como se ama al Creador? ¿Cómo obedecer para cuidarlos, guiarlos y protegerlos? Yo no estaba de acuerdo con aquello y defendí mis argumentos ante el consejo celestial.

Me había quedado atónito. Estaba asistiendo, en vivo y en directo, a una conversación con el mismísimo Demonio. Pero este no era el ser vil y repulsivo del que hablaban todas las leyendas. Era cabal y razonable en la explicación de sus argumentos. Sin embargo, si él existía, y lo tenía ante mis ojos, también debía existir el Infierno, y como consecuencia, los tormentos y torturas que tenían lugar en él.

volcán

-Así que huiste del Cielo y creaste el Infierno -intenté continuar con la cronología de los hechos porque el caso ya me estaba interesando realmente.

-Más bien me expulsaron, o me invitaron a marcharme, por ser justo, tras una revuelta en la que logré convencer a más de un ángel para que se opusiera a esta nueva creación de Elyon.

-Una revuelta. No suena bien.

-Y no fue bien. Luchamos con todas las armas que teníamos a nuestro alcance. Por eso descubrimos el lado oscuro del amor. Porque nos dejamos cegar por él, porque Dios no nos escuchaba pero no cedía a nuestros deseos. Porque él quería que protegiéramos a los seres humanos y, finalmente, terminamos por pensar que si estos habían sido creado a su imagen y semejanza…entonces, ¿qué éramos nosotros? Así comenzó la guerra.

-Dijiste revuelta -le corregí.

-Se convirtió en una guerra en la que nos expulsaron del Cielo y, dado que en la Tierra estaban los seres humanos y los ángeles que quedaban afines a Elyon los protegían, tuvimos que buscarnos otro sitio, otros métodos, otros objetivos.

-El Infierno.

-Sí, el Infierno. Pero este no fue creado para el mal estrictamente dicho, ni para los malvados. Solo lo mantenemos para que Dios vea que los seres humanos no son cómo él cree, Que se dejan llevar por sus instintos, que traicionan y matan, que reniegan del amor si tienen que elegir entre este y otros placeres más inmediatos, que mienten, que se olvidan de aquellos que los ayudaron, que desean lo que no es suyo….La lista es interminable. Llevo milenios recopilando información.

-No puedo negar que la historia que me cuentas es interesante pero, ¿qué quieres que haga yo? Solo soy un abogado.

Entonces, Samael se levantó y se dirigió hacia mí bordeando la mesa de mi despacho para ponerse de espaldas y mirar por los grandes ventanales el mundo.

-Quiero volver a casa -su voz sonaba triste.

-Lo comprendo pero, ¿cómo puedo ayudarte?

ángel caído

El Diablo se dio la vuelta y me miró fijamente. Sus ojos eran color café pero, al mantener sus pupilas fijas en mí me di cuenta de que poseían una aureola color caramelo alrededor de las pupilas y que, al cabo de unos instantes, y con el reflejo de la luz que irradiaban, se tornaban verdes y grisáceos hasta terminar en ámbar y retornar al café inicial. Hubiera jurado que en ellos habitaba la dulzura del amor, no su maldad.

-Quiero volver a casa. ¿Puedes hacer algo?

No supe que contestar porque era imposible que el Diablo saliera victorioso de un juicio. Estaba el inconveniente de llamar a Dios, a Elyon, a Olam, a Yahweh como testigo. De igual manera, habría que convocar a otros ángeles, así como a aquellos condenados que sufrían tormentos indecibles en el Infierno. No sería un caso fácil, y mucho menos convencional. Pero Samael estaba allí, en mi despacho, mirándome con aquellos ojos llenos de matices, como la realidad, como la vida misma. Debían existir los matices también en el Cielo y habría que demostrarlo. Posiblemente no ganáramos el proceso pero estaba seguro de que el mundo no sería el mismo una vez que este concluyera. Así que, por el amor que veía en él, merecía la pena intentarlo.

-Está bien, señor Samael. Llevaré su caso. Seré el abogado del Diablo.

 

 

 

botas

Las Medias Manzanas y el Rumor Camino

Érase una vez, hace muchos muchísimos años, en una galaxia muy lejana la Primera Despierta iba a lomos del Viento Wifi atravesando el espacio y el tiempo. Este viaje era como aguantar la respiración y recibir una sacudida tras otra hasta casi desvanecerse. Sin embargo, no podría catalogarse como una mala experiencia; antes al contrario. El ser se expandía y contraía a la velocidad de la luz mientras todos los Mundos Posibles, hechos y por hacer, la atravesaban dejando una impronta en su memoria, un aprendizaje, un deseo y una angustia. Se trataba sin duda de un viaje alucinante hasta que de pronto quedó colgada en la nada, sola y aislada, con un barullo tal de imágenes y recuerdos, de historias y de opciones que se asustó tanto que se desvaneció.

Camino empedrado_01

Cuando la Segunda Despierta volvió a la conciencia, si aquello podía llamarse así, no veía nada, no escuchaba nada, no sentía nada. No había rastro del Viento Wifi y mucho menos de la Primera Despierta y todos aquellos seres que como ella, según había entendido, no solo poseían la habilidad de reír, sino que podían convertirse en seres creadores de nuevos Pequeños Mundos Hechos a los que ella debía ayudar. “¿Se habría equivocado? ¿Dónde estaba?”. Muchas preguntas se agolpaban en su mente y la ansiedad volvía a provocarle mareos y náuseas. así que se hizo un ovillo y dejó que las lágrimas brotaran de sus ojos sin tratar de evitarlo; al fin y al cabo estaba sola.

No era consciente del tiempo, pero sabía que este transcurría porque a veces sentía hambre, otras sueño, otras incluso aburrimiento. De modo que tras considerar que ya se había lamentado lo suficiente se puso en pie, o trató de hacerlo porque al erguirse su ser chocó con una superficie dura y áspera. Tanteó con las manos y este espacio la rodeaba por completo.

De pronto, una luz cegadora golpeó sus sienes y se arrodilló, protegiéndose, hasta que pudo abrir de nuevo los ojos. Entonces, con horror, advirtió burbujas a su alrededor, todas llenas de seres, algunos similares a ella, otros aparentemente imposibles de existir en los mundos que ella hubiera conocido o hubiera escuchado hablar. Todos se miraban a través de aquella superficie que se había vuelto transparente con la aparición de la luz. Los rodeaba una sustancia viscosa que, de vez en cuando, los balanceaba; especialmente cuando alguno de aquellos se agitaba para golpear su habitáculo. El balanceo lo calmaba, a todos en realidad. Luego, las voces de unos y otros llegaban hasta ella. Se llamaban, se preguntaban, se advertían…pero cada uno en un idioma diferente que no alcanzaba a comprender.

Caminante

Pasó mucho tiempo hasta que, como en un susurro, llegó hasta ella algo que creyó distinguir como un rumor, una especia de sonido constante que iba y venía, como un cántico y, al final, una risa histérica que apenas comenzaba se ahogaba en sí misma. En el Pequeño Mundo Hecho de la Segunda Despierta hubo una vez un río en el que solía jugar porque ambos querían encontrar juntos el camino hacia el mar; o lo que creían que era el mar. Existía la leyenda en el Gran Universo Creado que advertía a sus habitantes de que no siguieran la corriente de agua, pues ella solo llevaba al Mar de la Nada, origen de la vida en su momento pero inabitable desde que desaparecieron los hacedores-. ¿Habré llegado al mar? -se preguntó la Segunda Despierta. Por eso, intentó hablar con los mismos rumores que utilizaba para comunicarse con su río, pero no obtuvo más respuesta que otra vez aquel ir y venir del sonido constante y la risita histérica.

Y en un momento que ya parecía igual a todos los momentos anteriores, la luz cegadora volvió y aquella realidad incomprensible oscureció de nuevo. Y con la luz se fueron también los rumores, las risas histéricas y los lamentos ininteligibles.

Durante ese tiempo de nueva oscuridad, la Segunda Despierta trató de gritar, de reír, de golpear la superficie dura y áspera que la rodeaba pero tampoco obtuvo ningún resultado. Así que se hizo un ovillo de nuevo y trató de dormir pero no pudo. Lo que había visto y escuchado mientras hubo luz se le había metido en la cabeza y era incapaz de sacárlo. De ninguna manera, y sin embargo parecía que cuanto más pensaba en ello más encajaban las piezas en su cabeza. Finalmente, llegó a la conclusión de que los seres que la rodeaban también en jaulas estaban tratando de comunicarse, solo que en su propio idioma, el que cada uno de ellos hablaba en sus respectivos mundos hechos y que, tal vez, solo debían encotrar algo en común, un sonido en común con el que se entendieran una sola vez. Este les serviría de base para ir añadiendo otros sonidos, palabras y expresiones que todos comprendieran, debían llegar a un concenso pero, ¿cómo? No iba a ser una tarea fácil, ni siquiera sabía si la luz volvería, ni si aquellos otros seres estarían allí cuando esto sucediera. Tal vez el Viento Wifi los había engañado, o tal  vez no, pero decidió tener esperanza. Al fin y al cabo, había llegado más lejos que ningún otro ser que hubiera conocido y quería continuar. Quería comunicarse con los demás, quería salir de allí con ellos y conocer sus mundos, o crear uno nuevo juntos. Tal vez, todo es posible cuando no se tiene nada que perder pero esa, esa es otra historia.

padre

La carta de presentación a una editorial o cómo encantar.

“No hay pasión en tus palabras y con lo que cuentas no me dan ganas de leer tu novela”. Esta fue la primera crítica que recibí al mostrar a un amigo experto la carta que iba a enviar a una editorial. Dado que el título de la obra es ‘Lolita Pasión’, me quedé frustrada porque había escrito aquellas letras lo mejor que sabía; o eso creía. Pero no era así,  no había escrito lo mejor que sabía, había escrito un texto con lo que creía que las editoriales querían leer. Pero no caí en esto en aquel momento, lo que hice entonces tras recibir aquella crítica fue sentarme y contar la verdad sobre mí y sobre mi novela, como si el mundo se fuera a acabar mañana, es decir, sin vergüenza y sin miramientos. Creo que mi orgullo herido tuvo mucho que ver en lo que expuse porque salió de un tirón una carta muy diferente. Y era cierto, podía hacerlo mejor. Cuando le enseñé este otro borrador a mi consejero sus palabras fueron diferentes. Dijo algo así como: “Vaya, te has despachado a gusto”. Y aunque me dio algunos consejos más que también agradecí, afirmó rotundo que aquella carta sí le movería a leer mi historia.

mujer

  •  La perspectiva empresarial

El siguiente paso que di fue hablar con un experto en relaciones comerciales entre empresas. Tras la primera crítica, llegué a la conclusión de que no sabía dónde me estaba metiendo y que el mundo editorial, al igual que otros sectores de la economía, se regía por los intereses comerciales. En él, creía, las buenas historias pasaban a un segundo plano. Para publicar una novela esta debe ajustarse a lo que en ese momento interesa al público objetivo al que la editorial se dirige. Como me indigné, mi segundo consejero me explicó que había mucha pasión en lo que escribía pero que debía tener en cuenta que las editoriales buscaban obras que siguieran su línea comercial porque ese era el público en el que se especializaban, el que compraban las obras que editaban. Es decir, no podía enviar una novela histórica, por ejemplo, a una editorial que dirigía sus libros al público interesado en la autoayuda. Así comprendí que la carta necesitaba ese enfoque en alguno de sus párrafos y me hice un listado de las editoriales a las que podía enviar mi novela según su género, mientras trataba en vano de no pensar demasiado en ello. “¿Interés comercial? -pensaba-. Eso no es lo que había soñado.”  Así que yo no sabía, o no creía saber por mi visión romántica del oficio del escritor, cómo reflejar el posible interés comercial de mi obra en una carta que debía ser lo más corta posible. De modo que realizaba borradores hasta que me llegó la inspiración. Para poder escribir la carta de presentación me ayudó mucho establecer entre las editoriales y mi novela un símil con dos personas que se conocen y una se enamora de la otra. ¿Qué haría la que se enamoró? Obviamente, se acercaría al objeto de su amor para conquistarlo ofreciendo lo mejor de sí mismo.

  • La perspectiva artística 

Por eso, y ya asumiéndolo como un verdadero reto, acudí a una novelista editada que, además, trabajaba para una editorial. Tengo que reconocer que esa fue la mejor conversación sobre literatura y la más bonita de mi vida, hasta el momento, claro. Me habló de los derechos de autor, de que mi autoestima no debía depender de que eligieran mi novela o no o que al escribir aquella carta había que tener en cuenta la integridad, puesto que lo que dices en ella lo leerán personas que no conoces. Así que yo debía entender que no había que dar nada por sentado, pero tampoco ser demasiado obvia. Necesitaba ofrecerles una carta acorde con mi estilo porque las personas que aman la lectura, al igual que les sucede a los perros con el miedo, reconocen un buen libro desde la primera frase. Esto último volvió a recordarme mi simil del encuentro entre enamorados y la fuerza de los flechazos para abordar la escritura de esas primeras frases de presentación.

  • La perspectiva del escritor como personaje público 

Además, cuando presentas una novela hay otro factor determinante aparte de la línea editorial a la que te diriges. El otro factor importante eres tú. No basta con describir por qué es interesante tu obra, qué aporta de nuevo o por qué crees que tendrá éxito y poner un título llamativo, atractivo y sugerente. Para que una editorial apueste por ti e invierta su dinero lo que escribas en esa carta debe hablar de ti, debes contar tu historia con la misma intensidad que lo hiciste en la novela. De esta forma, esa carta será una extensión de la obra y serás tú quien los anime a leerla porque te conocerán, dejarás de ser uno más para ser un escritor interesante al que leer. Además, es bueno explicar cómo te mueves en las redes sociales pues ya todas las empresas, más aún las editoriales, saben que la red es una gran plataforma de lanzamiento para las novelas y que son los autores con su actividad en ellas los que consiguen que estén de actualidad el mayor tiempo posible. Ya no escribes aislado, ya no eres un escritor del que se conoce el nombre y poco más; ahora eres un autor público que si sabe utilizar su imaginación dejará de escribir solo porque relamente hay personas, comentarios e historias muy inspiradoras en las redes sociales y laborales.

  • La perspectiva desde el contenido: la sinopsis y el capítulo de muestra. 

coche

Con todo esto en la cabeza y en el corazón me senté de nuevo a escribir una carta de presentación para enviar a las editoriales. La parte formal fue fácil de buscar y de entender pues hay muchos y buenos post al respecto en la red, así que no voy a entrar ahora en este apartado. En cuanto al contenido vuelvo a insistir en que para lograr que una editorial publique tu novela tienes que arriesgar, porque tienes que transmitir que lo que cuentas en la obra va a interesar a una buena parte de la población. ¿Y cómo se hace eso? Esto se logra en la sinopsis, uno de los escritos más difíciles de hacer. Digamos que tienes una historia sobre un fuego que destruye un pueblo y quieres mostrar cómo en las grandes catástrofes los seres humanos se solidarizan y hasta se enamoran. Para llegar a resumir una novela de más o menos, pongamos, doscientas páginas, en treinta líneas y hasta en una hay que hilar muy fino; es decir, tienes que ir al comienzo. ¿Cómo se te ocurrió la historia? ¿Qué escribiste primero y por qué? ¿Hay moraleja? Porque la sinopsis debería reunir todo esto y mucho más. La sinopsis eres tú contando la historia a tus amigos un sábado por la noche mientras se divierten en un pub, es lo que respondes cuando tu familia te pregunta qué es lo que escribes…Así que por muy difícil que parezca ya tienes un borrador de ese resumen antes de sentarte a escribir la carta; solo tienes que recordar todas esas veces, apuntar lo que dijiste y extraer lo mejor de cada una. El consejo más grande que puedo dar sobre la sinopsis es que cuanto más hables de lo que escribes mejor será. No nos engañemos, no es fácil pero si podemos escribir novelas que emocionen también podremos emocionar en nuestra carta de presentación hablando de nosotros y de por qué nos gusta escribir sin vergüenzas.

Enviar la novela entera es un error muy común, por lo que es bueno seleccionar un capítulo representativo y adjuntar solo ese, o tal vez las primeras cincuenta páginas directamente. El capítulo irá acompañado de la carta de presentación del escritor y de la obra. En mi caso, y tras la crítica debastadora que me hicieron de la primera, tras caminar mucho y casi desistir de volver a intentarlo, encendí mi ordenador y escribí sobre lo que sentía, sobre lo que me movía y también conté por qué se debía confiar en que mi obra iba a interesar al público en general. No sé si estaba bien o mal, pero una vez que comprendí cómo tenía que explicar mi trabajo, abordé mi vocación, mi pasión y mi novela; una obra con un proceso de creación que me ha enseñado a amar la vida y en la que confío plenamente. Tuve en cuenta todas las reglas básicas empresariales pero soy escritora, y un escritor escribe de lo que conoce y de lo que siente. Espero no olvidarlo, mucho menos ahora que una editorial confía en mí para publicarme el libro. Procuraré recordar también los consejos de mis consultores de confianza para, como sucede en todas las historias de amor más tarde o más temprano, seguir lanzándome a la aventura de mostrar lo que escribo con una gran sonrisa después de un: “Hola, me llamo Julieta”.

grafiti de mujer sonriendo

Camino hacia la Risa Compañera

Érase una vez, hace muchos, muchísimos años, en una galaxia muy muy lejana, una Hacedora se perdió a sí misma y tuvo que encontrarse. Vivía en un País Pequeño, así que lo convirtió en un juego porque pensó que perderse era una oportunidad para crear sueños nuevos.

Había en su país grandes cascadas, cielos despejados y atardeceres llenos de música; noches estrelladas, viento caliente y Luna Chistosa. Sí, sí, el suyo era un País Pequeño pero lleno de recovecos para el sentido del humor, las buenas maneras y los encuentros casuales. A la Hacedora le gustaba así, se había esforzado mucho en construirlo cuando un día se levantó de entre los suyos, que permanecían dormidos, y marchó sobre sí misma para crearlo. Era una tradición del Mundo Hecho; que sus hijos y sus hijas crearan a su vez algo nuevo, algo entrañable, algo único para sí mismos. La pega era que, una vez se hacían, ya no se encontraban jamás los unos a los otros porque cada uno viviría en su País Pequeño. De modo que tenían que llevarse todo lo que podían de su lugar de procedencia, conocerse mucho los unos a los otros y regalarse otros muchos hechos pequeños hasta tener la suficiente fuerza para crecer, despertarse y crearse. Los que se iban nunca volvían, o eso parecía desde el Gran País Hecho, donde la Hacedora había vivido hasta crear su País Pequeño.

Por eso, cuando se perdió a sí misma, la Hacedora no se tenía más que a sí misma para encontrarse y pasó mucho miedo porque, si iba a buscarse, podría no encontrarse y ya jamás recuperaría lo que había conocido, lo que había sentido, lo que ahora sabía en su País Pequeño. Allí había disfrutado de días y noches de felicidad, de caminos llenos de recodos en los que dormitarse mientras el viento caliente la acunaba en sus charlas bajo la Luna Chistosa, mientras dejaba que las cascadas la rodearan y la llevaran más allá, más lejos, hacia nuevas extensiones que ella podía crear bajo nuevos cielos despejados y noches estrelladas. Así que, la sola idea de dejar su País Pequeño para ir a buscarse la paralizaba; porque no sabía regresar al Gran País Hecho de donde procedía y nunca nadie había entrado en el suyo para visitarla. Por eso, seguía por los caminos que había creado, se bañaba en las cascadas soñadas bajo el cielo despejado y, en la madrugada, dejaba que la Luna y la noche estrellada le contaran de nuevo sus sueños para que el viento caliente los escuchara y la sorprendiera luego, también en sueños, con más recodos en los que seguir durmiendo al calor de su encuentro.

Pero la Luna, bromista y viajera, como todo el que admira el mundo por fases, estaba cansada de que la Hacedora tuviera siempre los mismos sueños porque no había vuelto a salir del País Pequeño. Así que decidió empujarla para que viviera una aventura y la animó a romper la primera y única regla para los seres creadores: no abandonar su País Hecho. La única forma de que los hacedores dejaran sus países era perdiéndose, y estaban tan cómodos en ellos que nunca salían de los lugares conocidos. Por eso, la Luna Chistosa perdió a la Hacedora cuando dormía en brazos del viento caliente y, al despertar ésta y buscar el camino de vuelta, ya no estaba. Se buscaba pero ya no estaba, solo tenía una vaga conciencia de sí misma, y solo entendía que no sabía dónde estaba, que ya no era y que debía encontrarse. Sin embargo, el viento caliente estaba, la Luna Chistosa estaba, las cascadas y el cielo despejado también e, incluso, llegado el atardecer la música llenó el aire de su pequeño País Hecho para traer la noche estrellada. Todo estaba menos ella, que no se veía, ni se sentía, ni se reconocía, ni se entendía. Solo se pensaba a sí misma como la habitante de un mundo que ella había hecho pero que ya no era más.

Luna Llena

La Luna Chistosa rió desde lo alto y el viento caliente guardó silencio, se escondió entre los remolinos de agua de las cascadas, que se ensortijaban asustadas. Y ya no atardeció más con música, y el cielo despejado se llenó de nubes. Entonces, como Hacedora que era, llegó a la conclusión de que aquello era una oportunidad, porque podría conocer lo que había más allá de su País Pequeño para regresar y continuar creando en él. Estaba fuera de sí misma y debía dejar que el viento caliente guardara sus sueños para que, si conseguía regresar,  se los recordara mientras ella le contaba otros nuevos.

Y, en vez de salir a buscarse con miedo, fue en su busca como un juego, como la oportunidad de jugar que le daba el encontrarse como el sueño de sí misma; y algún día contaría esa aventura como un sueño nuevo en su País Pequeño. Era la primera Hacedora que lo hacía, según sus noticias, así que fuera de los mundos hechos había muchos seres desconocidos para ella que, además, tampoco advertían su presencia porque no eran seres creadores y desconocían los misterios que la habían llevado hasta allí. Sin embargo, deseaba preguntarles, aprender de ellos para encontrarse, pues entendió que ese era su Único Camino. De modo que se les acercó para escuchar sus voces; luego, sintió deseos de saber quiénes eran y, después, mucho tiempo después, se dio cuenta de que, aunque ellos no le hablaran, ella sí podía hablarles pero eso le dio miedo. Intentó preguntarles y conocerles pero había estado tanto tiempo en su pequeño País Hecho que sus palabras no sonaban más que a eso; a cascadas y viento, a cielos despejados, atardeceres musicales, noches estrelladas y a la Luna Chistosa. Por eso, muchos huyeron pero, en medio de aquel desierto lleno de otros para los que ella no era nada, dejó de sentir temor, y vio que ellos tampoco la temían a ella. ¿Qué serían entonces? y, sobre todo, ¿qué lengua hablarían? Porque comenzó a crecer en su interior la necesidad de hablarles, de descubrir sus sueños; porque presentía que, si estaban allí como ella, habrían tenido sueños. Tal vez otros sueños, tal vez sueños nacidos de otros juegos, tal vez por otras costumbres adquiridas en sus respectivos mundos diferentes, pero algo los unía porque todos estaban allí.

Pasó mucho tiempo hasta que por fin se acercó a uno de aquellos seres y le contó su historia. El ser la miraba extrañado, eso lo reconoció enseguida y, aunque eso la hizo dudar, decidió continuar contando historias de su pequeño País Hecho, caminando a su lado, pese a que aquel otro ser no respondía, pese a que solo caminaba, pese a que solo escuchaba. Un buen día, ya no quiso hablar más y guardó un sereno silencio. Entonces, ¡oh maravilla!, del ser que iba junto a ella salió un leve carraspeo, o a ella se lo pareció, al que siguió un sonido extraño, ininteligible para ella, y el sonido ya no dejó de salir de sus labios, unos labios en los que no se había fijado y que le parecieron preciosos. Así que miró al ser que movía aquellos labios extrañada, pero encandilada e intrigada por el sonido que emanaba de ellos. Caminaron mucho tiempo, la Hacedora en silencio, el otro entonando un discurso que no significaba nada para ella pero que terminó por parecerle casi musical, casi como el arrullo del viento.

Vista de una calle en colores cálidos

Y sucedió que, dado que no comprendía lo que el otro ser decía, terminó por comparar sus pensamientos con los sonidos, terminó por encajar unos sonidos con otros y comenzó a soñar sueños nuevos gracias a los sonidos con los que el otro ser hablaba. Ya no soñaba con el viento caliente, ni con las cascadas, ni con el cielo despejado, ni con la noche estrellada. Aunque, de pronto, recordó a la Luna Chistosa, porque con su sentido del humor se hubiera divertido mucho con los sonidos del otro ser junto al que caminaba. Y el recuerdo de la Luna la hizo sonreír, y cada vez sonreía más porque se sentía ridícula por sonreírse hasta que una sonora carcajada provocó que su acompañante en el ya Camino Nuevo frenara en seco y la mirara directamente a los ojos. Ella continuaba riéndose así que el ser imitó primero la expresión que la Hacedora llevaba dibujada en el rostro, también extrañado, luego quedó solo la sonrisa y, por fin, la sonora carcajada salió de su boca también. Al cabo de un rato, ambos reían a mandíbula batiente y la curiosidad hizo que los otros se acercaran, intrigados y sorprendidos, atraídos por aquel sonido que lo llenaba todo de luz y que los hizo reír también.

Pero aquella risa desconsoló a la Luna Chistosa, que sola sin la Hacedora ya no reía. Así que se las arregló para traerla de vuelta a su pequeño País Hecho cuando el viento trajo el eco de aquella alegría conjunta. Y la Hacedora regresó sola; no supo cómo, ni por qué pero aquellos otros quedaron fuera mientras se divertían y ahora quería volver a buscarlos, porque no podía reír igual solo con la Luna Chistosa. Necesitaba ir a buscarlos para invitarlos a su pequeño País Hecho y para, entre todos, construir un País Hecho Mayor.

Por eso, tras reencontrarse con sus sueños anteriores, decidió ponerse en camino con la Luna, con el viento caliente, con las grandes cascadas y los atardeceres llenos de música para las noches estrelladas. Con ellos, encontraría al ser que rió primero, que se convertiría en su Amigo Primero pero esa, esa es otra historia.