labios sonriendo

Pasión breve en cuentos para leer V

Se escribe para ser, también para no ser. Hace mucho que dedico mi tiempo libre a imaginar y, sobre todo, a dibujar un mundo en el que lo que uno ama sea protagonista. Así es que soñar ocupa gran parte de mi tiempo pero, sobre todo, me ayuda a que este tiempo que pasa sea más feliz, porque me esfuerzo en convertir en realidad mis sueños. En estos bocaditos de realidad apasionada expreso en cuentos breves cómo en mi día a día miro el mundo tratando de ver más allá, porque siempre hay algo más en lo que miramos, ¿verdad?

En estos meses hemos puesto en marcha, con el Ayuntamiento de Breña Baja, un nuevo ciclo del Taller Infantil de Fomento de la Lectura Para Toda la Familia, me he encerrado mucho más de lo habitual para terminar de escribir mi segunda novela, que ya está en la bandeja de salida de Mercurio Editorial, pero sin dejar de estar en este mundo que pisamos todos; algo nuevo para mí. La realidad es un lugar extraño cuando hace frío y la soledad se cuela por las rendijas, de ahí que escribiera mi primera novela histórica Lolita Pasión para aprender a habitar en ella con la cabeza bien alta, con el calor que él desprende. En este camino no he estado sola y desde aquí quiero agradecer a todas las personas que sueñan y aman también, con esa pasión desbordante que nos convierte en únicos, gracias a lo que amamos. A todos ellos les debo mi libroTravesías. Cuentos para soñadores , con ilustraciones de Anu Jato, y estos bocaditos de pasión con los que trato de devolver en forma de cuentos breves esa fuerza que me regala su apoyo y su compañía. No es fácil la vida, no, pero escribir a mi me ayuda; y aquí estamos para ayudarnos.

La piedra de los versos. En El Paso

La poesía es un arte que guardo para mí. Leerla y escribirla son uno de los pocos placeres que no suelo compartir; no por nada especial, sino porque se trata de una comunicación íntima, un momento en el que el alma se recoge y explota que cuesta mucho decir en voz alta. Muchas veces me quedo sin aliento al leerla, mirando al vacío, agradecida de no ser la única que guarda emociones, de formar parte gracias a lo leído de ese conjunto de seres humanos que padecemos y disfrutamos de lo mismo. Para mí la poesía es el alma de la humanidad que se nos revela en un instante así que, cuando en el Ayuntamiento de El Paso contaron conmigo para escribir La piedra de los versos, en el III Festival dePASO, no pude decir que no. ¿Quién se negaría a que otros quepan en un verso? La tipografía de Castellana Lane materializó mis palabras de forma tan bella que aún sonrío al recordarla escribiendo.

Amanece y se despiertan
la vida y la conciencia. 
Me preguntas si necesito algo. 
-Amor. 
Me miras con ojos de gacela
y yo te devuelvo a las estrellas. 
                                         Versos de Julieta Martín Fuentes

Así que, si al leer esto logro que por un instante algo palpite en tu pecho, o que una imagen entre en tu mente y llegue hasta tus entrañas, me daré por satisfecha. No es fácil, lo sé, pero así es la pasión. Quien la probó, lo sabe.

 

1- La caldera de agua

Bosque de La Palma

Corría desorientada. El frío me calaba los huesos y abría una brecha en mi garganta, obligándome a aullar en cada respiración. Tenía hambre y sed, pero carecía de fuerzas para perseguir alimentos. Miré una vez más a mi alrededor. Las copas de los árboles danzaban con el viento rugiendo apenas. A pesar de mi extenuación lo que me rodeaba era bello, con cierta música de resistencia. Giré varias veces sobre mis patas para encontrar un nido y acurrucarme. Dormí plácidamente y, al abrir los ojos, la dulce cantinela de un riachuelo susurraba que la vida, a veces, continúa también al estar despierta.

2-La serpiente transportadora de corazones voladores

Dibujo de una serpiente transportando corazones en su interior

Escribir sobre lo que conoces para, con la pluma, hacer la digestión de lo vivido. “Vamos a sacarles las emociones de las entrañas. Bienvenidos a casa”, esta fue el saludo con el que nos recibieron la primera vez que asistí a un taller de escritura.

3-  El Llano de las Brujas

Así como la vida crece sobre las tierras de un volcán, así crecen las semillas que has dejado en la primera escritura, sobre la historia creada, aún candente, dentro del borrador de tu novela. Lees lo que escribiste y te sitúas cerca y lejos, sobrevolando un paisaje con pinceladas certeras, de las que se tienen que pensar. Verde, azul, negro y no ya tanto rojo, sino más bien encarnado. Así comienza a latir este nuevo mundo; con lo que dejas y añades, con la magia del alma universal que nos conecta a todos mediante el arte. Y lo sabes, a veces hasta desde la primera frase del libro, como cuando vas en coche y tienes que parar porque el paisaje que está ante ti te ha enamorado, como sucede al ver por primera vez al ser amado, así es en los escritores y lectores. Presentimos que hay que seguir porque, sin saber bien qué es, algo nos ha capturado.

4- Las Dos Fuentes

FB_IMG_1508752423946

Tendremos que crear ese lugar feliz para habitarlo. Habrá desiertos, habrá tormentas, habrá oscuridad y habrá desvelos. Y, sin embargo, en cada paso del camino una fuente, un sol radiante, un océano de estrellas… ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? Nunca nadie nos lo dirá pero lo sabremos como la naturaleza sabe que todo gira, y que todo vuelve a comenzar.

5- Un lugar llamado Yo

mapa

Dices, y yo escucho. También miras, y yo miro. A veces te pierdes, y yo me voy contando mariposas; me evado con sus alas y parpadeo en su vaivén despreocupado. Luego regreso a este lado como quien abre, el Día de Reyes, la puerta de los regalos. ¿Estará?

6- El espejo que no encajaba en mil pedazos

22339498_1924408857881100_1786478881128922564_o

En su ir y venir, los corazones rotos siempre encajan en pedazos. Trocitos de marejada, de estrellas en la mirada, de alma descubierta, despedazada. Así viajan, sí. Hasta que un día el espejo que no encajaba en mil piezas te muestra la imagen nítida, perfecta, de cómo ese camino te trajo de vuelta al recorrerlo barriendo tú los cristales.

7- Otros mundos, más nunca en este

22550174_1927799947541991_4359640368715166241_o

Algún día preguntarán qué fue de aquel calor, de aquella luz y de aquellos domingos en el parque de las atracciones… Entonces, tú me guiñarás un ojo y yo guardaré silencio, pero sonreiré con tinta a las heridas, con ella regresaré al tiovivo. Y hasta yo creeré que solo es tentación, picardía, ensueño. :)
necesidad de abrazo

Pasión breve en cuentos para leer IV

Leer nos abre la mente, porque viajamos con los relatos a otros mundos que no son nuestros y, gracias a ello, aprendemos, poseemos experiencias a las que de otra forma no tendríamos acceso. De ahí que cuanto más leemos más grande se nos hace el corazón, también se hace más flexible nuestro cerebro, somos más abiertos, más sociables. Nunca he visto un elefante, pero sé que poseen una gran memoria. Nunca he caminado bajo una tormenta con rayos y truenos, aunque conozco la sensación de pánico al no encontrar refugio cuando estás en ella. Nunca he disparado un arma, o viajado en un cohete, o montado a caballo…Y, sin embargo, pareciera que todas esas acciones no me son desconocidas.

Viajes son pasiones para aquellos que disfrutamos saboreando otros mundos, dejándonos invadir o colonizar por ellos, porque a la vuelta sabremos, como poco, que hay más, mucho más, aparte de nosotros y de esos lugares a los que alcanzamos con la vista, y con el bolsillo. Por eso a veces me invento mundos, por eso a veces escribo, porque la pasión por la escritura me da vida y ninguna vida merece si no es compartida.

Aquí les dejo una nueva dosis de pasión breve en cuentos para leer. Mi pasión por la lectura y por la escritura, la que me hace sonreír a solas, cuando de mis travesuras me acuerdo. Ojalá rías conmigo porque así es la pasión, y quien la probó lo sabe.

 

Llamando a la Tierra

-Estaba queriéndote -había sonado el despertador. Ella se acercó para abrazarlo con todo su cuerpo. Él le sonrió, aún de espaldas.
-¿Cómo es posible? ¿Estabas queriéndome dormida, a millones de años luz de mi cuerpo?
-Sí. Te estaba acariciando en mis recuerdos gracias al aroma de ti que aún respiro. Escuchando tu voz para tumbarme en su eco, y retumbarme en tus pensamientos. Así hago un viaje sobre los haces de luz que salpicaban en tus pupilas la última vez que hablamos, cuando me sonreíste -entonces, sonó el despertador.

Mujer soñando

Hambre, nada más

Así que aquel pequeño no creía en la existencia de los dragones. Por eso, le pedí que la próxima vez que mirara al cielo se fijara en las nubes; porque, si ponía atención, vería que algunas de ellas tenían forma de alas, también un gran hocico por el que echar fuego, e incluso una cola larga que finalizaba en una flecha. El niño me dedicaba su mejor expresión de desconfianza, pero me estaba escuchando. Entonces le expliqué que los dragones no querían dejarse ver. Sin embargo, en ese momento sobrevolaban nuestras cabezas, quedando solo su estela blanca para que supiéramos que estaban ahí, con toda su magia. El chiquitín fijó sus ojos en mí, incrédulo una vez más, y enseguida alzó su vista. Me confesó que una vez vio un tren allí en lo alto, preguntándome después si los trenes podían volar junto a los dragones.

 

18839168_1853000521688601_7598275515817310251_n

 

 

Cuántica literaria

Un pasillo lleno de puertas, y en cada puerta una historia, una Julieta, un aprendizaje, una aventura, una alegría y un dolor. Ahora resuenan mis golpes en la que más secretos esconde, en la novela de mis pesadillas. Son los aposentos de seres que sobrecogen con las verdades que solo se aceptan con el tiempo. “¿Quién es?”, preguntan con voz amenazadora. “Yo”, respondo fingiendo autoridad. Se ríen porque me conducirán a un final que solo ellos conocen. Entro asustada, pero entro.

Árboles en flor

Apátrida

A la hora señalada, tras su rastro fueron las estrellas. La cercanía de tierra nos afectaba a todos. Demasiado pronto para lanzarse al agua, demasiado tarde para dar marcha atrás y jamás subir a bordo. Alcanzar el punto de partida obliga a hacer balance. No a los que, ebrios de vino, habían extrañado a sus mujeres a golpes con otros marineros. Tampoco a aquellos que ahora reían a carcajadas por su mano favorable, con un palito entre los dientes, sin nada más suerte. Me hacía hacer balance a mí; que había dejado mi hogar, mi fortuna y mi honor con la esperanza de morir en aquel viaje. Pero regresaba con vida para escribir las olas, y mirar con viento.

tumba pirata

La caja de música

Voy a contarte un secreto, pero no debes decírselo a nadie. Da igual cuántas veces te pregunten, da igual lo que indaguen, no te rindas a las zalamerías para sonsacarte. Se trata del mayor enigma de la humanidad, guardado desde el principio de los tiempos en las peñas más hondas, en las cumbres más altas y en los rincones visibles pero invisibles. Y este misterio ha pasado de boca en boca en nuestra estirpe sin que nadie lo haya revelado jamás; porque la supervivencia de los nuestros, de los otros y hasta de aquellos que no queremos, depende de ello. Querrán saberlo, créeme. Siempre quieren. Pero debes recordar que es tu responsabilidad guardarlo, e incluso, olvidarlo hasta que un día te toque contarlo.
Cuando tuvo esta misma conversación años más tarde con el siguiente eslabón de la cadena de supervivientes le confesó que nunca quiso saberlo. Y que, por eso mismo, le había sido tan fácil guardar el secreto.

 

despacho de un escritor

Ningún lobo aúlla en el circo

Te regalo un libro. Ten en cuenta que voy en él. Que en sus páginas dejé lágrimas y sonrisas, que me acompañó en viajes cercanos y lejanos, que me habló cuando las palabras de otros quemaban, cuando las mías odiaban. Que hizo de escudo y espada, que me llenó de ternura cuando llegó la madrugada. Que odié y amé con él. Que me contó la verdad más profunda, más odiosa y más hermosa de todas: que voy a morir, pero que no estoy sola.

Apuntes del escritor

manos de mujer sobre el pecho

Pasión breve en cuentos para leer III

Leer salva vidas, o por lo menos las entretiene. Puede que sea solo la posibilidad, el diálogo con las palabras, las reflexiones de otros que encajan con nuestras dudas… el viaje más allá de la lectura, acompañados, a otros mundos que no sabíamos que existían y a los que siempre podemos volver. Es cierto que hay aventuras todos los días en la vida cotidiana, pero eso lo averigüé después. Primero leí como otros las habían vivido, me entretuve escapando a sus mundos para después crear los míos.

Así que si lo primero es leer, el origen de todas mis pasiones está en la palabra, o más bien en el significado de la palabra, o más bien en la emoción que me provoca la palabra. Por lo menos la pasión para mí. Cada uno sabe, o debería saber, qué le provoca pasión. Desde aquí les animo a buscar la repuesta en estos cuentos de pasión breve para leer. Son el origen y lo que mantienen abonada mi pasión por la escritura. Espero que el viaje sea productivo y que, a la vuelta, vivan más intensamente la vida. De eso se trata, ¿verdad? De vivir, al fin y al cabo, para eso estamos aquí.

esculturamujerlluvia

La suerte viaja descalza

Se paró frente al árbol situado en medio. Había una joven girando alrededor del tronco, sobre sus patines. Cada vez más rápido y cada vez más lejos. Una anciana llegó a su lado para mostrarle un trébol de cuatro hojas; lo guardaba en su seno, como un tesoro de su corazón. Levantó la cabeza buscando el cielo y advirtió que las ramas estaban repletas de ellos. Bajó la mirada y una niña los deshojaba risueña sentada en el suelo. No era una plaza cualquiera, era el portal del tiempo. Escuchó un frenar de coches, gritos y el sonido de una sirena… Cogió la flor y la guardó en su pecho.

Mujer en campo de flores

La sangre en las flores

En primavera nacen los dragones, después del invierno bebiendo la sangre de la tierra. Por eso es necesaria la oscuridad más profunda, la marea más revuelta y el silencio más rotundo. Porque hay un todo que se mece en las estrellas, que cae del cielo a cuentagotas desesperando al alma, que tarde o temprano se despierta.

-¿Y si no lo hace? -preguntó el unicornio.
-Si no lo hace nadie vendrá a ayudarnos -respondió su sombra.

Así que el corcel, que guardaba todos los secretos de la magia en su cuerno, se arrodilló para rezar.

grupo de ciclistas

Fiesta en la piscina

¿Cómo sé que tenemos una habitación reservada en la nave del tiempo? Una suite, una isla y una boca del infierno hacia el agujero negro del: “Y sin embargo, ¡viva la vida!”. No lo sé por el lujo o las inmejorables vistas. Lo sé por las pequeñas cosas. Un recuerdo valioso apenas sucedido, el abrazo que se convierte en horno aterciopelado y fresco, la conversación que da nombre a doña Esperanza, la que siempre vuelve. Porque late y duele mientras los demás camarotes están llenos, hay fiesta en la piscina y alguien canta que allí nos vemos.

Libros variados

Esos susurros nuestros

Reconozco que ya estoy perdida en lo que escribo, que entro y salgo de un mundo paralelo que me abraza y me reconforta. Es mi segunda novela histórica, y sus personajes, que me llaman, me guiñan un ojo, se sitúan detrás y al lado de las personas que conozco, de mis trabajos cotidianos. Me reclaman que cuente su historia. Entonces, les pido por favor esperen a la noche, a la hora bruja, a cualquier otro momento. No me hacen caso. Me tiran del corazón, me obligan a levantarme y apuntar sus suspiros de vida en papeles que riegan toda la casa. Suspiros de vida que crearán vida en las páginas.

Encontramos historias y significados leyendo. Nuestros personajes nos hablan pero hay que estimularlos. Leo todo lo que encuentro, y a veces ellos están en todo lo que leo sin darme cuenta. Porque me queda poco pero he de decir no sé cómo acaba. Solo ellos lo saben, y me lo dicen cuando quieren. Por eso me caen bien, y por eso termino escribiéndolos.

cuadro de mujer con espada

La respuesta

Levantaba los párpados y todos sabían quién era. Miraba de frente siempre un largo rato antes de hablar, y guardaba su sonrisa con la misma cautela que su espada. Una vez que la desenvainaba no solía quedar títere con cabeza, ni corazón latiendo. Un día le pregunté por qué se había hecho a la mar. Solo aquella vez me atreví a dirigirle la palabra sin que me hablara primero. Pensé que me abofetearía por hacerlo. Tras clavar sus ojos como dagas en los míos como solía hacer, me respondió: -Para vivir, chico. Para vivir.

Duende con estrellas

Receta primera

Había una vez, en el Reino de No Me Olvides, un Limón bailando en armonía perfecta con Azúcar. Hasta ellos llegó Media Docena de Huevos, huyendo de Doña Canela. Según contaron, la habían conocido nada más salir del Reino de Mañana Siempre Mejor. Ella fue quien les anunció que iban a romperlos. Por eso escaparon, rodando como pudieron.

-A ti te exprimirán y a ella la quemarán – les auguró la rama de especia nada más llegar al grupo.
-¿Cómo sabes eso? -preguntó valiente la fruta.
-Porque lo dice Receta.
-¿Quién es Receta? -quiso saber Azúcar mientras Media Docena de Huevos trataba en vano de seguir rodando. Era el final aquellas tierras.
-Es la novia de Sabor, Y te enseña que siempre gana la mezcla.

manos de mujer con flot

Pasión breve en cuentos para leer II

Uno escribe y lee porque sí, porque le da la vida, porque un libro de la estantería te está llamando con su título y no puedes dejar de mirarlo hasta que te levantas y vas a por él, porque te evades mientras las teclas suenan con tus palabras o mientras te conviertes al leer en astronauta, en polizón, en hada madrina. Porque mientras lees el mundo entero está a tu alcance, el conocido y el posible, hasta el imposible también. En marzo comienzo un Taller Infantil de Fomento a la Lectura en Breña Baja, La Palma, en el que también escribiremos; algo que me hace mucha ilusión porque se trata de unir dos placeres que acompañarán a los pequeños toda la vida. Y es que la pasión por la vida comienza con una sola frase, una sola que ilumine el rostro de quien la escucha, sea adulto o tenga cinco o seis años. Es la fantasía en forma de regalo, la ilusión que todos recuperamos cuando, por un instante, aceptamos el juego de soñar y nos creemos todo lo que nos cuentan; sobre todo al leer. Contar una historia es igual, solo tienes que volver a mirar el mundo como se mira un cielo lleno de estrellas por la noche y pides un deseo en silencio. Igual se cumple, ¿verdad? Todos hemos comprobado que si los padres y las madres leen los hijos también. Así comencé yo a leer en mi casa; porque a mi lado leían y parecían disfrutar, así que fui a buscar un libro.

Aquí comparto un poquito más de pasión breve en cuentos para leer, solo unos pequeños bocados para seguir leyendo y soñando mientras vivimos día a día, mientras caminamos sin dejar de tener los pies en el cielo. Pero queremos sonreír y buscamos la complicidad en lo que nos rodea. Leamos para que se cumplan nuestros deseos y los de nuestros hijos e hijas, escribamos para formularlos. Si al leer logro que por un instante algo palpite en tu pecho, o que una imagen entre en tu mente y llegue hasta tus entrañas, me daré por satisfecha. No es fácil, lo sé, pero así es la pasión. Quien la probó, lo sabe.

Descalzos por el cielo

Alguien caminaba perdiéndose en la montaña y, de pronto, comprendí el placer de observar y de estar viva. Aquella mañana me había despertado una opresión en el pecho, como si una voz me llamara a lo lejos. Sin hacer ruido atravesé toda la casa; abría puertas despacio, giraba pomos aguantando la respiración, descorría fechillos con el alma en vilo…Algo me decía que no debía despertar a la familia. El aire estaba frío y mis pies descalzos así que la nariz se me congestionó en un instante al sentarme y respirarlo a bocanadas. Pero el amanecer en sangre me abrazó, me conquistó la magia de la mañana. A lo lejos advertí una figura que avanzaba como un punto en la nada; igual que yo, estaba despierta desde la madrugada. No sé cuánto tiempo pasó, pero al volver a la conciencia el cielo era azul y mi cuerpo ardía en fiebre con el corazón latiendo lleno de historias de caminantes, y de esperanza.

niña sobre las nubes

Pelos de bruja

Iba a clases de mecanografía así que sacaron de algún rincón escondido la máquina de escribir de mi abuelo. Eran tan grande, tan oscura y tan sofisticada que nada más verla sentí una atracción irresistible. Al darle a la primera tecla comprendí por qué: había casi que golpear la máquina para poner en marcha aquel armatoste y dejar impresa la letra. Hacía tanto ruido que cualquiera diría que se abría un portal hacia otro mundo, hacia todos los mundos que yo quisiera.

manos en teclado máquina de escribir

Paseando por el cementerio

Le enseñó su más preciado tesoro y guardó silencio. Le contó esos secretos que solo se reconocen con los ojos frente al espejo. Pasearon desde la bajamar al rompeolas y se estremecieron cuando a un día le siguió otro y otro y otro. La vida era amable en las aguas profundas. El enterrador siempre había querido que una sonrisa le demostrara que había vida después de la muerte.

burbuja con edificios dentro

No me desees

-¿Por qué lloras? -le preguntó La Noche.
-¡Porque estamos lejos! -le arrojó tiritando mientras se cubría con un manto de fuego y mil años de ventaja.
-Dulce espejo de deseos -la acunó con su oscura ternura. -Si esperas, preparas, escuchas, comprendes… verás que en los mundos que brillas, en los planetas que te reconocen, en los seres que te observan ardes también en la pasión que alimenta sus anhelos.
-¿Cómo puede ser eso? -por respuesta obtuvo un guiño y una visión centelleante en sus pupilas.

A millones de años luz, una joven y un joven se miraban bajo el cielo estrellado hasta caer en la hoguera de su primer beso.

Niña pelirroja

Tocarse

Se dio cuenta de que era después cuando la vida le regalaba sus mejores aromas. Después de sentir, después de arriesgarse, después de balancearse. Por eso, compró un tarro enorme; bueno, dos. En uno escribió “sueños” y en el otro “caminos”. Se prometió que cada vez que descubriera un nuevo perfume lo guardaría dentro. De este modo, cuando no pudiera evitar caerse tendría a mano para respirar oxígeno del que sana las heridas. El único problema era capturar y meter dentro lo que experimentaba. -Para eso está la magia -concluyó. Y automáticamente entró la inocencia en uno de los botes.

Manos de astronautas a punto de tocarse

Ondas nada más

Decían que una bruja malvada les había lanzado un hechizo, encerrando sus almas en las notas. Así que cuando alguien los tocaba, con la melodía desaparecía su esencia. Los instrumentos intentaron ponerse en huelga y no sonar, trataron de herir sus cajas de música para hacer daño a los oídos, procuraron afear su apariencia de dulce y melancólica promesa…En el fondo no querían dejar de vibrar, aunque los devoraran al acariciarlos. Es por eso que aquella maldición fue bendecida por las musas blancas, porque los corazones lloran y ríen en los conciertos; porque un alma muere pero también cobra vida gracias al alma que se conmueve.

pianista tocando en medio del parque

sundress-336590_1920

Pasión breve en cuentos para leer I

Te regalo estos bocaditos de realidad apasionada en forma de cuentos, porque a veces para soñar solo hace falta mirar un poco lo que tenemos delante y dejar que la imaginación haga el resto. Por eso comparto aquí una selección de pequeños escritos para leer traviesamente, desesperadamente, milagrosamente y recuperar el entusiasmo por todo aquello que nos rodea. Son mis pequeñas vitaminas, las que escribo más o menos a diario para ayudarme a ser yo misma, a seguir conectada con lo que me rodea a través de la fantasía pero estando aquí, con los pies bien plantados en el suelo. Si al leerlos logro que por un instante algo palpite en tu pecho, o que una imagen entre en tu mente y llegue hasta tus entrañas, me daré por satisfecha. No es fácil, lo sé, pero así es la pasión. Quien la probó, lo sabe.

Suspiros de magia

Había cambiado todas las monedas por una bolsita de piedras así que, camino al patio trasero, se quedó mirando el cajón de las hierbas y al instante agarró la adormidera. El vendedor ambulante le había explicado que si lanzaba los guijarros pidiendo un deseo vendría a convertirlos en realidad un hacedor de sueños. Así que lo extraordinario de aquella compra no era solo lo que se podía conseguir con ella, sino que le permitiría conocer también a quien poseía los secretos de la magia que convertía en realidad los anhelos. Por eso, cogió también el martillo, un saco y una larga cuerda gruesa.

Niña

Pasión en el cine

Nos conocimos una noche como esta, en el Grand Café del Boulevard des Capucines de París. Corría el año 1895 y me llamó la atención el anuncio de que allí tendría lugar un acontecimiento histórico: la primera proyección de cine pública de los hermanos Lumière. Cuando llegué había unas cuantas filas de sillas y muchos caballeros; pero en la mesa del fondo, en penumbra, se vislumbraban unos guantes blancos junto a un pañuelo de seda bordado. Me acerqué para descubrir cómo era la única dama de la sala.

Cine_Lumierejpg

Llorando música

La aguja lloraba en medio del mercadillo callejero aún por encima del parloteo de los compradores, también de las quejas a causa del tráfico atascado en la avenida contigua. “Otro disco”, chirriaba. “Música”, aguijoneaba. “Más ternura”, se lamentó al fin ante el ir y venir de quienes no escuchaban el silencio en el que había quedado la gramola. Me paré junto a ella y la acaricié despacio, llevando hacia un lado su brazo extensible, dándole un descanso. Luego, entretuve mi tacto en sus curvas, porque ya había decidido llevarme a casa sus redondeces para la magia sonora…

Gramola

El espejo

Había algo en él que le despertaba una necesidad feroz de rebelarse, de ir más allá de lo humanamente permitido. Le provocaba el mismo cosquilleo que ver un cartel de “Prohibido el paso”; cuando se le dibujaba una sonrisa en la comisura de la boca mientras sentía dolorosamente secos los labios y el paladar. Por eso iba, para estar viva.

Pantano

Conjugando amar

Cerraron las puertas a su espalda. Se quedó parado un instante, de pie, mudo y sin apenas capacidad para pensar, mirar o respirar. De pronto, un sonido entró bandido en sus oídos, resbalando hasta esa parte del cerebro en la que se cuecen los miedos y la cólera; también el amor. Al escucharlo. sentía como una aguja se la perforaba así que pudo ponerse en marcha en dirección a la ventana. Permanecía abierta dejando ver un almendro de dedos huesudos y colores agrietados, posado sobre sombras negras, inquietantes. En aquella mano abierta al cielo y a la noche estaban ella y su pasión, aullándole a él.

caballos

 

niños explorando el mundo

El País Pequeño de la Perpetua Corriente

Iba por todas las habitaciones con los ojos abiertos de par en par. Casi no podía respirar porque una puerta conducía a otra y, cuando creías que ya no había más, de algún rincón se pasaba a la siguiente y desde aquella, a alguna de más allá, o de más arriba. Finalmente, decidí asomarme a una ventana que permanecía abierta cuando llegué a un torreón. Me subí a un baúl para no caerme y, desde él, me alongué despacio, tratando de controlar el vértigo, envalentonándome para gritar al nuevo país que se abría ante mí.

-¡Hola! –el sonido de mi voz quedó colgando de las ramas para saltar por ellas, rebotando en las hojas, permaneciendo suspendido en el aire hasta avanzar con eco a través de la llanura.

-¡Hola! –escuché al fin.

-¡Hola! –repetí.

-¡Hola! –contestó aquella voz.

Así que satisfecho me bajé del baúl, puse los pies firmes en el suelo y retrocedí sobre mis pasos para deshacer el camino andado pensando que aquel trayecto no lo iba a olvidar nunca. Había alguien ahí fuera.

casa solitaria en el campo

Los días siguientes preparé afanado una mochila. Puse dentro una cantimplora, medio bocadillo de paté de hígado, que me encantaba, y unos lápices de colorear. No pensé en dónde dibujaría. Para mí, en aquellos tiempos, el papel no existía. Solo los colores y lo que dibujaba con ellos, porque siempre hay algo donde pintar si se mira alrededor con atención. También busqué, y en esto tardé un poco más, qué ropa ponerme. No porque fuera uno de esos presumidos, sino porque no sabía a dónde iba y esto me provocaba un gran nerviosismo. Era ese nerviosismo bueno que te impide dormir, pero no soñar. Por eso tardé varios días en ponerme en marcha. Varios días y unas cuantas madrugadas en dulce y ansioso duermevela hasta que, finalmente, decidí que me llevaría una camiseta y un paraguas. Fuera a donde fuera, siempre podría sacármela si hacía calor, y ponerme a cubierto si llovía. No quería enfermarme durante el viaje. A veces me enfermaba, y sería desconsiderado llegar de visita con mala salud.

Así que pertrechado con mi atuendo de travesía, con mis víveres y con mis lápices, lleno de ilusión, emprendí de nuevo el camino hacia el torreón, a través de puertas secretas en estancias continúas, para conocer a quien estaba al otro lado.

pasadizo

Pero cuando llegué por fin a la ventana me la encontré cerrada. Aquella vez estaba abierta, de modo que me senté en el suelo, desinflado y desconcertado. Quizás el viento la había golpeado, o tal vez me hubiera equivocado de habitación. Miré a mi alrededor y no. Definitivamente era aquella. Allí estaba el baúl y, sobre él, los cristales a través de los cuales se veían los árboles y, más allá, el espacio abierto, azul, desde el que me saludaron. Así que me acerqué decidido, puse un pie delante de otro, sobre la madera y pegué la nariz. Sí, era el sitio. Traté de abrirla empujándola con todo mi cuerpo pero no pude. ¡Qué tristeza más grande!

De nuevo en el suelo me quedé mirando el baúl. Quizás dentro estuviera la llave de la ventana. El resto de la habitación, con la cama y la mesa de noche, el armario de tres cuerpos y la lavadera con agua, la silla de mimbre o la mecedora estaban demasiado lejos. Sin duda, de haber sido llave, me hubiera escondido dentro de aquel cajón donde, realmente, podría haber cualquier cosa. Me quité la mochila de la espalda como quien se remanga la camisa para trabajar mejor y me acerqué sigiloso al mueble. Una vez delante me agaché para observarlo bien y después tocarlo. Al hacerlo, se me llenaron las manos de polvo y estornudé.

-Salud… –lanzó una voz desde mi espalda, pero al girarme no había nadie.

Volví a agacharme para escudriñar si salía de dentro del baúl, aunque tenía un poco de miedo. Quizás debía volver pero, una vez allí, tenía que comprobar todas las opciones. Una aventura era una aventura, o eso me repetía cuando levanté la tapa y estornudé otra vez, porque el aire de aquel país encerrado se llenó de polvo.

niño espiando por un agujero en la pared

-Salud… –volvió a decirme.

-¿Por qué está cerrada la ventana? –me atreví a preguntar aferrado a la tapa del baúl.

-Porque estoy aquí dentro.

-¿Dentro del baúl? –y me agaché para mirar con más atención. A un primer vistazo allí solo había ropa vieja, unos cuantos sombreros y más polvo.

-¿Vas a estornudar otra vez? –me preguntó.

-No lo sé –y de golpe cerré la tapa. Estaba un poco avergonzado. –Creo que no.

-Si lo haces no importa –me gustó mucho que dijera eso. –A mí también me pasa, a veces.

-¿Tienes alergia al polvo?

-¿Se llama así?

-Sí. No es nada en realidad. Solo necesito que mi cuerpo se adapte a lo que permanece cerrado. Luego ya estoy bien.

niño

-Mi cuerpo también necesita adaptarse entonces.

-¿Estás aquí encerrado? –no comprendía bien qué hacía dentro del baúl y lo abrí de nuevo para mirar dentro, buscándolo.

-¿Dentro de dónde?

Entonces me di cuenta. Él no veía lo que estaba haciendo. Solo me escuchaba, pero esto al principio fue solo una intuición, por lo que me decía, así que me dispuse a comprobarlo. Dejé la tapa del baúl apoyada en la pared, debajo de la ventana cerrada, para abrir mi mochila y sacar el medio bocadillo de paté para ofrecérselo.

-¿Quieres?

-¿Qué es? –no era una respuesta del todo aclaratoria.

-Es un bocadillo de paté.

-Ah. No, gracias

-¿Te gusta el paté? –indagué para comprobar mi hipótesis.

-No especialmente. Me gusta más la mantequilla. ¿Y a ti?

-A mí me encanta –como se hizo el silencio, seguí hablando. Por nada del mundo quería que se marchara. –También me gusta la mantequilla. Otro día, si quieres, lo traigo de mantequilla –y guardé mi medio bocadillo como si estuviera infectado. A partir de ahora comería todos los bocadillos del sabor favorito de mi amigo.

-Bueno.

Se hizo el silencio un largo rato así que decidí sentarme en el suelo. Como no decía nada empecé a sacar de mi mochila el paraguas, la cantimplora y los colores… los colores como el arco iris, y me quedé mirando al vacío, esperando no sé qué.

-¿Qué haces? –preguntó mi amigo.

-Quiero dibujar. ¿Tú dibujas?

-No.

A los colores no iba a renunciar así que decidí contarle algo más sobre ellos y mostrarle el país de los colores.

-Yo utilizo colores. Me gusta dibujar con ellos.

-¿Son bonitos los colores?

-Sí –respondí casi ahogando un grito de alegría porque no se había cerrado en banda, como me pareció que había hecho con el paté. –Me gustan todos pero mucho mucho el rojo, que es caliente; el azul, que parece frío pero también es caliente; y el lila, que es una mezcla de ambos: ni frío ni caliente, o muy caliente, según se mire.

-Suena bien. ¿Cómo lo haces?

-¿Dibujar?

-Sí.

-Hum, no sé –mientras hablaba miraba a mi alrededor buscando dónde hacerlo. Al momento vi bajo la cama un periódico viejo que cogí inmediatamente. Al lado había una cajita pequeña que también me llevé conmigo. La puse junto al paraguas y las cosas que había sacado de mi mochila y que ahora estaban esparcidas por el suelo.  –Se puede pintar sobre cualquier cosa, eso es lo bueno de los colores –desdoblaba el papel y se lo mostraba para que él pudiera verlo. –De haber cogido bolígrafos, por ejemplo, no podría pintar aquí, porque ya hay letras escritas, ¿ves? –hice el amago de mostrárselo y todo, aunque todavía no sabía si me estaba mirado, aunque enseguida me puse a dibujar porque eso ya no importaba. –Voy a hacernos un mapa para que siempre podamos encontrarnos aquí.

niño dibujando con colores

-Vale.

Cogí el azul y tracé un cuadrado, dentro del que hice unos círculos con las veces que había que girar a través de las puertas escondidas. Recordaba, así de momento y con los ojos cerrados, más de una docena, pero había que contar también con las escaleras que había bajado y subido, de modo que las puse en lila; finalmente, iba a dibujar el torreón pero no sabía ni qué color poner ni cómo representarlo. Una ventana no era adecuado, ya que estaba cerrada, el baúl tampoco, porque en verdad dentro no había encontrado nada. Miré a mi alrededor buscando inspiración pero no se me ocurría como marcar el punto de encuentro hasta que la voz de mi amigo me dio la respuesta.

-Dibuja un paraguas –me sonreí de oreja a oreja porque finalmente había averiguado que sí me veía. A mi lado, junto a la mochila, un poco más allá del dibujo, entre este y la ventana, estaba mi paraguas.

-Claro, es que en este país estamos a cubierto, ¿verdad?

-Jajaja –su risa me hizo reír a mí también. -¿Cómo lo adivinaste?

-Porque para eso lo puse. Para si llovía, tener donde refugiarme.

-Eso está muy bien pensado. Este será nuestro refugio.

-¡Vale! –estaba entusiasmado. -Te voy a hacer una copia del mapa para que te la lleves. Yo la pondré dentro de esta caja –alargué la mano para cogerla y abrirla. -Será nuestro secreto. ¿Tienes un cofre del tesoro donde ponerlo?

-Sí, claro –al escucharlo me puse manos a la obra con los colores para dibujar en el pedazo de periódico, justo al lado del mío, un mapa igual para mi amigo.