maquina-de-escribir-1940-feria-mundial

Registrar una obra literaria: trámites de la creación

Paciencia, ropa que hable de quien eres y una gran sonrisa. Así recomiendo que se vayan a hacer los trámites para el registrar la propiedad intelectual de la obra que se haya escrito, o de la obra de otro cuando se coordina una biografía, como fue mi caso en esta ocasión. Se pueden realizar digitalmente, si se posee firma electrónica, pero no cabe duda de que la experiencia en vivo vale la pena. Realmente puede ser un día inspirador tanto el conocimiento de los entresijos de la parte administrativa que todo artista debe tener como porque, por el mismo hecho de serlo, es maravilloso pasearse por la calle con el documento impreso, palpable y latente en la mano. Entonces eres más consciente de quién eres; algo que también se consigue en el ordenador pero este es un baño, por así decirlo, diferente.

Registrar una obra es necesario y muy recomendable tanto si se va a presentar a un certamen literario o si se va a enviar a editoriales y agentes literarios; como si se piensa en la autoedición; como si se muestra a personas que, aun siendo de confianza, tal vez no esté de más que quede constancia en algún lugar oficial de que es originalmente nuestra. Así es que una vez que llegamos a la conclusión de que queremos registrar lo que hemos parido con experiencia, sangre, dolor, placer y mucho trabajo, tenemos que organizar esta parte práctica de la vida del escritor.

Por ser precisamente una tarea práctica deberemos ponernos el corazón en su sitio y conectarlo al cerebro, pues vamos a salir al mundo real y este tiene sus propias reglas.

Pongamos por ejemplo la provincia de Las Palmas, donde fui a registrar una biografía de la que acabo de coordinar los textos para su edición. Tengo que confesar que he hecho los trámites con Lolita Pasión Travesías. Cuentos para soñadores , pero de una vez a otra se me diluyen los recuerdos en ese mar de emociones en el que vivimos los escritores. Por eso me pongo muy seria cada vez, con mi hemisferio del cerebro práctico conectado, y lo hago todo desde el principio sin dar nada por hecho. Al fin y al cabo, viviré una experiencia y la vida siempre te sorprende cuando te abres a recorrer el camino tal y como es. Así se alimentan mejor los relatos.

palabras escritas

De modo que con la obra en mi ordenador en PDF e impresa en el escritorio entro en Google y tecleo “registro de la propiedad intelectual“. Inmediatamente encuentro la página del Ministerio de Cultura español en la que te informan de que, para registrar tu creación debes ir a su delegación en tu comunidad autónoma. Así que vuelvo a la página de inicio en Google y escribo “registro de la propiedad intelectual + Canarias ” y encuentro la dirección donde debo realizarlo en la provincia de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, las dos capitales de provincia del archipiélago. Pero como cuando se trata de creatividad sé que mi cerebro tiende a la distracción, decido ir a la Oficina Canaria de Información para confirmar que estoy dando los pasos correctos. Evidentemente, no  hace falta, pero en mi caso una persona física me da tranquilidad, sobre todo en lo que a los trámites administrativos se refiere. Por eso, una vez allí, y tras hacer la cola que me podía haber ahorrado, les pregunto dónde registrar una obra literaria y me confirman que, efectivamente, en Las Palmas, se realiza en la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, ubicada en la calle Murga, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Al salir por la puerta me doy cuenta de que esa es la dirección que constaba en la página web y justo cuando iba a comenzar a darme de cabezazos por el tiempo perdido algo sucede. Me giro antes de dejar el edificio y veo a las personas sentadas esperando. Entonces, siento que esa hora y media no ha sido tan mala; sobre todo si miro con mi corazón de escritora. La atención personal en la oficina fue directa y sonriente, y la espera en la cola de lo más interesante. Estuve en silencio en medio de una familia que conversaba sobre su día a día mientras escuchaba enternecida sus desahogos por las dificultades del día a día, que no se diferenciaban mucho de las mías, todo hay que decirlo. Para un escritor, por lo menos para mí, las conversaciones son un tesoro para la inspiración y muchas más veces de lo que los demás se piensan son estos pequeños bocados de realidad los que nos dan las fuerzas para continuar.

La calle Murga no se encontraba lejos de donde estaba así que me dispuse a ir dando un paseo. Es bueno sentir el sol en el rostro tras días de encierro y trabajo frente al ordenador, saboreando la vida, con la obra a registrar bajo el brazo y la mirada despreocupada resbalando por los árboles, los edificios, las ventanas y el cielo; comprobando que ninguno ha dejado de estar ahí. A veces nos olvidamos de esto, sea uno artista o no. Por eso, cuando cruzaba el paso de peatones que me conducía al edificio gubernamental donde iba a registrar la obra para la que había coordinado los textos, reconocí inmediatamente a un amigo escritor al que había años que no veía. Este encuentro ante el registro de la propiedad intelectual es un cuento en sí mismo para cualquier creador, dado que en las mareas de la vida, uno navega contra el viento y las corrientes en solitario, incluso cuando los días están despejados y la mar en calma. Por eso, aunque no lo digamos, siempre nos acordamos de los otros que también han escogido este camino que desde fuera se ve tan arriesgado. Así es que allí, en medio de los coches, nos abrazamos y nos reímos un buen rato por aquella casualidad, en medio de las pitas de los conductores frenéticos. Decidimos celebrarlo e irnos a desayunar para contarnos esos años, la lucha y el resultado. Él fue quién me avisó de que mi documentación no estaba completa pero, aún así, me permití esa conversación en un puerto seguro un poco más, antes de volver a colocar mi cerebro en el modo administrativo e ir a hacer el trámite.

Fachada oficina del Registro de la Pro`piedad Intelectual

Una vez en la oficina del Registro de la Propiedad Intelectual en Las Palmas de Gran Canaria, me atendió una funcionaria maravillosamente amable que supuse debía estar acostumbrada a los despistes de los artistas, porque contestaba paciente y comprensiva a todas mis preguntas, y a mis angustias también. Todo ello me impactó notablemente y todavía resuenan en mis oídos sus palabras al explicarme que allí se registra “la obra creada por la persona, no recopilada”. Sus palabras retumbaron en mi corazón como si se tratara de una pelota sobre un frontón, rebotando una y otra vez por su delicadeza al pronunciarlas; porque, mientras las decía, acariciaba con las yemas de los dedos cada una de las páginas que le había entregado hasta comprobar el documento completo. Hay algo especial en las oficinas de cultura de cualquier organismo o institución, en las bibliotecas, en las librerías… Tal vez se trate del silencio, porque no es un silencio vacío, sino lleno de detalles que, al levantar la cabeza, uno observa a su alrededor y acaba por hacerlo sentir arropado, en casa. Carteles de obras de teatro en la pared, figuritas de instrumentos sobre la mesa, junto al ordenador, un perchero o una gramola que tal vez no se usan, pero que están ahí…Al terminar de admirar los rincones y fijar los ojos sobre la persona que te atiende comprendes que no es una persona cualquiera, y que cuando pronuncia “obra creada” sabe de lo que está hablando. Se produce entonces un guiño cómplice, una respiración calmada, una calidez de abrazo en el tono y en el momento. Y comprendes que puedes volver mañana con lo que te falta, porque ella seguirá allí, y no tener toda la documentación necesaria deja de ser un drama. Es cierto que hay prisa, que los horarios de entrega se pasan, que no te dará tiempo de reunir todo lo necesario, pero aun así vuelve a latir el corazón de escritora y escoges vivir el momento, entregarte a la conversación poniendo toda tu atención y no olvidar ningún detalle de lo que te cuenta.

dirección web para registrar una obra literaria

Así es que, para registrar una obra literaria, ya sea novela, memoria, ensayo, relato, poemas, cuento u obra teatral (también para un guion cinematográfico o estudio), hace falta entregar rellenado y firmado el formulario del Registro de la Propiedad Intelectual, que se recoge en la oficina física delegada del Ministerio de Cultura en cada comunidad autónoma, o que se puede descargar de la página web. Esta solicitud debe ir acompañada de una copia de la obra a registrar encuadernada o anillada con una primera página en donde se especifique claramente el título de la misma y el nombre y apellidos del autor. Una vez que se entrega de esta forma, en esta oficina nos dan un recibo con la cantidad que hay que pagar en el banco por registrar la obra, en este caso un poco más de trece euros. Con este recibo se va a la oficina bancaria más cercana en la que permitan hacer este trámite; recomiendo preguntar al funcionario dónde, porque no todas lo hacen. Luego, una vez pagada la tasa, nos quedamos con una copia y entregamos otra en el Registro, donde nos la sellan y devuelven junto con una copia la solicitud anterior, también sellada.

Y ya está. Atrás queda el siguiente en la cola de la oficina, al que miramos al salir con una sonrisa entrañable porque lo vemos con la obra en la mano, sin encuadernar y sin formulario, con el rostro de cachorro asustado que teníamos nosotros el día anterior. Pero sabemos que estará bien, ¿verdad?

Caminando en la oscuridad

Allí lo dejo, entrando, para irme a casa con el documento que confirma que el trabajo que he coordinado está registrado a nombre de la autora de las memorias y me voy a por el siguiente reto, que de eso está hecha la vida.

 

Compartir mola! :)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.