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La carta de presentación a una editorial o cómo encantar.

“No hay pasión en tus palabras y con lo que cuentas no me dan ganas de leer tu novela”. Esta fue la primera crítica que recibí al mostrar a un amigo experto la carta que iba a enviar a una editorial. Dado que el título de la obra es ‘Lolita Pasión’, me quedé frustrada porque había escrito aquellas letras lo mejor que sabía; o eso creía. Pero no era así,  no había escrito lo mejor que sabía, había escrito un texto con lo que creía que las editoriales querían leer. Pero no caí en esto en aquel momento, lo que hice entonces tras recibir aquella crítica fue sentarme y contar la verdad sobre mí y sobre mi novela, como si el mundo se fuera a acabar mañana, es decir, sin vergüenza y sin miramientos. Creo que mi orgullo herido tuvo mucho que ver en lo que expuse porque salió de un tirón una carta muy diferente. Y era cierto, podía hacerlo mejor. Cuando le enseñé este otro borrador a mi consejero sus palabras fueron diferentes. Dijo algo así como: “Vaya, te has despachado a gusto”. Y aunque me dio algunos consejos más que también agradecí, afirmó rotundo que aquella carta sí le movería a leer mi historia.

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  •  La perspectiva empresarial

El siguiente paso que di fue hablar con un experto en relaciones comerciales entre empresas. Tras la primera crítica, llegué a la conclusión de que no sabía dónde me estaba metiendo y que el mundo editorial, al igual que otros sectores de la economía, se regía por los intereses comerciales. En él, creía, las buenas historias pasaban a un segundo plano. Para publicar una novela esta debe ajustarse a lo que en ese momento interesa al público objetivo al que la editorial se dirige. Como me indigné, mi segundo consejero me explicó que había mucha pasión en lo que escribía pero que debía tener en cuenta que las editoriales buscaban obras que siguieran su línea comercial porque ese era el público en el que se especializaban, el que compraban las obras que editaban. Es decir, no podía enviar una novela histórica, por ejemplo, a una editorial que dirigía sus libros al público interesado en la autoayuda. Así comprendí que la carta necesitaba ese enfoque en alguno de sus párrafos y me hice un listado de las editoriales a las que podía enviar mi novela según su género, mientras trataba en vano de no pensar demasiado en ello. “¿Interés comercial? -pensaba-. Eso no es lo que había soñado.”  Así que yo no sabía, o no creía saber por mi visión romántica del oficio del escritor, cómo reflejar el posible interés comercial de mi obra en una carta que debía ser lo más corta posible. De modo que realizaba borradores hasta que me llegó la inspiración. Para poder escribir la carta de presentación me ayudó mucho establecer entre las editoriales y mi novela un símil con dos personas que se conocen y una se enamora de la otra. ¿Qué haría la que se enamoró? Obviamente, se acercaría al objeto de su amor para conquistarlo ofreciendo lo mejor de sí mismo.

  • La perspectiva artística 

Por eso, y ya asumiéndolo como un verdadero reto, acudí a una novelista editada que, además, trabajaba para una editorial. Tengo que reconocer que esa fue la mejor conversación sobre literatura y la más bonita de mi vida, hasta el momento, claro. Me habló de los derechos de autor, de que mi autoestima no debía depender de que eligieran mi novela o no o que al escribir aquella carta había que tener en cuenta la integridad, puesto que lo que dices en ella lo leerán personas que no conoces. Así que yo debía entender que no había que dar nada por sentado, pero tampoco ser demasiado obvia. Necesitaba ofrecerles una carta acorde con mi estilo porque las personas que aman la lectura, al igual que les sucede a los perros con el miedo, reconocen un buen libro desde la primera frase. Esto último volvió a recordarme mi simil del encuentro entre enamorados y la fuerza de los flechazos para abordar la escritura de esas primeras frases de presentación.

  • La perspectiva del escritor como personaje público 

Además, cuando presentas una novela hay otro factor determinante aparte de la línea editorial a la que te diriges. El otro factor importante eres tú. No basta con describir por qué es interesante tu obra, qué aporta de nuevo o por qué crees que tendrá éxito y poner un título llamativo, atractivo y sugerente. Para que una editorial apueste por ti e invierta su dinero lo que escribas en esa carta debe hablar de ti, debes contar tu historia con la misma intensidad que lo hiciste en la novela. De esta forma, esa carta será una extensión de la obra y serás tú quien los anime a leerla porque te conocerán, dejarás de ser uno más para ser un escritor interesante al que leer. Además, es bueno explicar cómo te mueves en las redes sociales pues ya todas las empresas, más aún las editoriales, saben que la red es una gran plataforma de lanzamiento para las novelas y que son los autores con su actividad en ellas los que consiguen que estén de actualidad el mayor tiempo posible. Ya no escribes aislado, ya no eres un escritor del que se conoce el nombre y poco más; ahora eres un autor público que si sabe utilizar su imaginación dejará de escribir solo porque relamente hay personas, comentarios e historias muy inspiradoras en las redes sociales y laborales.

  • La perspectiva desde el contenido: la sinopsis y el capítulo de muestra. 

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Con todo esto en la cabeza y en el corazón me senté de nuevo a escribir una carta de presentación para enviar a las editoriales. La parte formal fue fácil de buscar y de entender pues hay muchos y buenos post al respecto en la red, así que no voy a entrar ahora en este apartado. En cuanto al contenido vuelvo a insistir en que para lograr que una editorial publique tu novela tienes que arriesgar, porque tienes que transmitir que lo que cuentas en la obra va a interesar a una buena parte de la población. ¿Y cómo se hace eso? Esto se logra en la sinopsis, uno de los escritos más difíciles de hacer. Digamos que tienes una historia sobre un fuego que destruye un pueblo y quieres mostrar cómo en las grandes catástrofes los seres humanos se solidarizan y hasta se enamoran. Para llegar a resumir una novela de más o menos, pongamos, doscientas páginas, en treinta líneas y hasta en una hay que hilar muy fino; es decir, tienes que ir al comienzo. ¿Cómo se te ocurrió la historia? ¿Qué escribiste primero y por qué? ¿Hay moraleja? Porque la sinopsis debería reunir todo esto y mucho más. La sinopsis eres tú contando la historia a tus amigos un sábado por la noche mientras se divierten en un pub, es lo que respondes cuando tu familia te pregunta qué es lo que escribes…Así que por muy difícil que parezca ya tienes un borrador de ese resumen antes de sentarte a escribir la carta; solo tienes que recordar todas esas veces, apuntar lo que dijiste y extraer lo mejor de cada una. El consejo más grande que puedo dar sobre la sinopsis es que cuanto más hables de lo que escribes mejor será. No nos engañemos, no es fácil pero si podemos escribir novelas que emocionen también podremos emocionar en nuestra carta de presentación hablando de nosotros y de por qué nos gusta escribir sin vergüenzas.

Enviar la novela entera es un error muy común, por lo que es bueno seleccionar un capítulo representativo y adjuntar solo ese, o tal vez las primeras cincuenta páginas directamente. El capítulo irá acompañado de la carta de presentación del escritor y de la obra. En mi caso, y tras la crítica debastadora que me hicieron de la primera, tras caminar mucho y casi desistir de volver a intentarlo, encendí mi ordenador y escribí sobre lo que sentía, sobre lo que me movía y también conté por qué se debía confiar en que mi obra iba a interesar al público en general. No sé si estaba bien o mal, pero una vez que comprendí cómo tenía que explicar mi trabajo, abordé mi vocación, mi pasión y mi novela; una obra con un proceso de creación que me ha enseñado a amar la vida y en la que confío plenamente. Tuve en cuenta todas las reglas básicas empresariales pero soy escritora, y un escritor escribe de lo que conoce y de lo que siente. Espero no olvidarlo, mucho menos ahora que una editorial confía en mí para publicarme el libro. Procuraré recordar también los consejos de mis consultores de confianza para, como sucede en todas las historias de amor más tarde o más temprano, seguir lanzándome a la aventura de mostrar lo que escribo con una gran sonrisa después de un: “Hola, me llamo Julieta”.

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