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Escribir experiencias que emocionen: ¿Por qué?

¿Por qué nos gusta escribir y leer historias y experiencias? La respuesta no es sencilla pero se podría decir que porque nos indica el camino, y no el camino sino que hay un camino. Muchas personas comparten sus experiencias en las redes sociales, muchas empresas e instituciones lo hacen también como una manera de identificar los valores que promueven con sus productos, y lo que ahora está tan de moda, su marca, con emociones de carne y hueso que puedan generar la empatía. Con ello, lo que se pretende no es otra cosa que lo que pretendemos todos al relacionarnos; no se nos puede olvidar nunca que la principal característica del ser humano es que es social. Nadie puede vivir solo en la montaña de forma autosuficiciente, por lo menos no si quiere disfrutar de algunas de las ventajas que te da la vida en común. Hasta aquí no hay ningún problema, y no debería haberlo, tan solo pegas, tal vez producto del exceso de información y de la falta de sinceridad, de verdad propia, en lo que se cuenta.

Y es que muchas veces la percepción que tenemos de nosotros mismos, e incluso la que los demás tienen de nosotros, o queremos que tengan, nos lleva a hablar, comportarnos o escribir de manera poco auténtica. Y esto sucede tanto en todas las realidades, incluida la virtual, como en todas en las personas o entidades, así como en el ámbito público como en el privado. ¿Cómo solucionar esto? En mi opinión cada uno de nosotros posee una brújula interior, que tal vez indique lo correcto o lo incorrecto de forma cuestionable para unos u otros, pero seguro que sí nos indica lo que nos gusta y lo que no, lo que nos llega y lo que no, lo que queremos ser y lo que no. Sin embargo, ser influenciado es inevitable, y menos mal, pero, ¿cuál es la mejor para nosotros? Y, sobre todo: ¿Cómo hablar de nosotros, o de nuestro trabajo, siendo auténticos, en un lugar que es común? En este caso, puedo hablar de internet y las redes sociales a nivel personal y profesional, ya que una buena historia, una buena experiencia, si se logra escribir con la verdad del corazón, funciona. Pero no funciona cuando queremos llegar a los demás con ella, funciona cuando es auténtica, cuando cerramos los ojos y saltamos para contar lo que somos; desde la realidad de lo que podemos ser y con la sinceridad de lo que ofrecemos porque lo hacemos bien o regular, pero haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ser mejores. Lo que sucede luego es como fuera de internet. Aunque las estadísticas y las opiniones propias sirven para analizar el camino, en realidad puede pasar cualquier cosa. ¿No es maravilloso?

Escribir sobre las experiencias de otros

Hace poco vi una foto de Meryl Streep en el metro de New York. Desde un primer vistazo se apreciaba que era de hace unos cuantos años ya, bastantes. Tras esa primera ojeada que te hace abrir la foto y leer el texto que la acompaña (porque es Meryl Streep, sobre todo) en la retina ya se me quedó grabada una especie de fondo de tristeza que llevaba a cuestas la actriz a pesar de su sonrisa. Luego, la información que acompañaba a la publicación te quebraba por dentro para recomponerte al instante (porque es Meryl Streep, claro). Contaban que le sacaron la instantánea justo cuando regresaba del casting de King Kong, en el que la rechazaron porque, por lo visto era demasiado fea para ser la protagonista.

Meryl Streep

También fui testigo de cómo un vídeo de ‎Kate Winslet al recibir un premio se compartía una y otra vez, haciéndose viral, en el que ella dedicaba aquel galardón a un profesor de interpretación que le había dicho que se conformara con personajes secundarios porque, según sus palabras allí en vivo y en directo al recogerlo, “era demasiado gorda”.

¿Qué tienen el común estos dos testimonios? Es obvio, ¿verdad? Ambas actrices lo consiguieron pese al fracaso y no solo su experiencia es inspiradora sino la forma en la que se cuenta. La imagen de Meryl Streep , su sonrisa, y el “era demasiado fea” del texto forman una comunión perfecta para comunicar al cerebro y al corazón a través de los ojos. Con el vídeo de Kate Winslet sucede algo parecido. La esencia de la escritura al compartirlo, y por raro que parezca, no es “que era ·demasiado gorda para ser protagonista”, sino que le dedicaba el premio a todas las jóvenes que sufren esta situación, e indirectamente a su profesor de interpretación que no creyó en ella. Ambos contenidos provocan empatía porque, ¿quién no ha sido rechazada en algún trabajo, grupo, comunidad, casting? La emoción, y la sonrisa triste cuando un amigo trata de animarte sacándote una foto es similar, ¿o no?. Igualmente, ¿cuántas veces nos ha dicho un profesor, conocido e, incluso, ser querido cercano, que no podremos lograrlo? Así es que la rabia de Kate provoca esa corriente de aire que nos hace levantarnos y luchar inmediatamente después de ver su vídeo, y de compartirlo como revancha en las redes sociales, claro. Lo que estamos diciendo es que, como ellas, no vamos a rendirnos. Las emociones de sus experiencias y el cómo hablaron de ellas provocará más experiencias, y emociones.

Escribir sobre las experiencias de los nuestros

Las biografías, ya sean literarias o audiovisuales, son uno de mis géneros favoritos. No me había planteado por qué hasta hace unos años, cuando leí la de Pablo Neruda, Confieso que que vivido mientras luchaba por terminar de escribir mi novela histórica Lolita Pasión. Me encontraba sola, en un camino desconocido, sin nadie a quién consultarle que viviera mi misma experiencia, o que tan siquiera estuviera en un camino literario similar. Sin embargo, cuando leí sus palabras, su vida, cómo había tomado sus decisiones y cómo había sido coherente hasta el final… Aquel libro, aún hoy, me estimula como nadie puede imaginarse, hasta el punto de que quiero que su título sea mi epitafio. Pablo Neruda fue un muchacho tímido, que se crió en un pueblo pequeño, que amaba la vida sencilla y que adoraba jugar como hacen los niños, hasta su muerte con casi 70 años. De su vida aprendí que se puede ser feliz estando triste, que un escritor no se hace pero que un poema  sí nace, se da a luz, se sufre y se disfruta con la misma intensidad que debe vivirse la vida. Todo esto no es fácil pero, ¿quién puede confesar que ha vivido? Mi pregunta siempre es cuál es la mejor decisión para vivir la vida cuando me encuentro en una encrucijada. No la que pueda o deba, sino la que me hará vivir; con lo bueno y lo  malo. Eso aprendí leyendo la biografía de Pablo Neruda que él mismo escribió. Creo que esa es la razón de que en las redes sociales tengan tanto éxito las imágenes de autores con frases célebres, al igual que las películas biográficas de Bill Gates o Napoleón o las series de televisión o webseries de internet de personajes famosos. Algunas veces uno cree que está solo, pero luego comprende que sus emociones y sus experiencias también las vivieron otros, y si estos otros consiguieron lo que nosotros anhelamos, ¿por qué uno no va a lograrlo? Así que lo intenta, o comienza a soñarlo.

Pablo Neruda

Veo de esta forma la mejor manera de comunicar en las redes sociales las experiencias de las entidades, instituciones o eventos, también a través de los blogs de las webs corporativas. Conocer a los que forman parte del equipo a través de contar realmente quienes son, lo que sienten, sus éxitos y sus fracasos, haciendo protagonistas a los que trabajan en estos lugares, así como a quienes acuden a ellos para buscar lo que necesitan. Creo que esta es la mejor manera de que las personas que no tienen a quién consultar confíen, o que se encuentren en un determinado camino en el que lo que se ofrece desde estos negocios les es necesario, confíen es contarles la verdad; no solo de sus productos sino también de sí mismos y de quienes acuden a ellos para resolver sus problemas del día a día gracias a sus servicios. Existen los gabinetes de prensa para informar de lo que se hace, y existe un blog para contar al escribir lo que se hace. La diferencia en la forma de hacerlo es abismal y deberíamos tener tanto uno como otro en cuenta si queremos tener presencia en internet y fuera del mundo digital.

Escribir sobre las experiencias en sí y su solución

También buscamos soluciones a nuestros problemas, inquietudes o desconocimiento de materias de formación cuando acudimos a las redes sociales. De ahí la importancia de ofrecer soluciones, herramientas, recursos, experiencia al fin. En mi caso, y por mi formación de periodista, reconozco que me cuesta seguir los consejos de aquellas personas o sitios que carecen de reconocimiento de entidades o instituciones oficiales. Cuando escribo, por ejemplo, y tengo una duda ortográfica voy a la RAE, así como los eventos históricos los consulto en bibliotecas universitarias, por ejemplo. También es verdad que me ayuda mucho leer las experiencias de otros escritores, las soluciones que dan a sus inquietudes creativas y cómo han hecho para llegar aquí o allí. En este caso me gustan todas las historias, porque no quiero buscar una fórmula matemática, solo quiero sentirme parte de algo, me gusta pensar que no estamos solos en el camino. Me sucede lo mismo con mis compañeros de cine o del mundo de la comunicación. Me interesan todas sus experiencias, al igual que su forma de resolverlas, sus recomendaciones y sus usos; aunque luego yo elija mi propia manera de crear me motiva mucho que haya otras personas luchando por lo que aman hacer en esta vida.

Escribir con las experiencias de la historia

Escuché a un amigo quejarse de la falta de la originalidad en las redes sociales porque todos compartian pensamientos ajenos de figuras famosas, porque no ofrecían su propia opinión o porque no la tenían. Luego leí un comentario en una red social que me hizo mucha gracia. Alguien decía con humor que daba más los buenos días en internet que en la oficina. Es duro romper el hielo, terminé pensando, porque, ¿quién da la propia opinión sin conocer bien a los que tiene al lado? Es mejor comenzar por dar los buenos días. No es lo que yo suelo hacer pero comprendo que en este sentido no hay tanta diferencia entre nuestro día a día y el mundo virtual. Las citas y frases célebres ayudan también a eso, a comunicarnos de forma periódica, entre que decidimos lo que contamos o participamos. Me gusta pensar que las redes sociales son como la plaza o el parque, es un lugar común en el que enterarse de lo que sucede, pero no es obligatorio hablar, o por lo menos cada uno lo hará a la manera en la que lo hace en estos lugares no virtuales. Sé que internet no comenzó así, pero sí está evolucionando hacia un lugar con un tipo de comunicación cada vez más individualizada, y en mi opinión, socialmente aceptable. De otra forma no se leería tanto el añadido de “envíame un mensaje privado y lo hablamos” al escribir conversaciones, por ejemplo, como se haría en una cafetería al perdirle el teléfono a alguien para quedar, a solas y fuera de la mirada atenta de otros.

El fenómeno que provoca la era digital está vivo y es bueno ser conscientes de ello, de sus múltiples variables y consecuencias. Las corrientes son variadas, pero yo estoy a favor de comprender que está sucediendo algo, de participar y de aprender; porque por sencillo o complicado que sea, ya forma parte de nuestras vidas. Pero también conviene recordar que se puede elegir cómo estar y cómo expresarnos tanto en las redes sociales como fuera de ellas.

Caminando en la oscuridad

Existe la tendencia en las redes sociales y profesionales en los últimos tiempos de aprovechar las experiencias individuales para expresar lo que se siente, lo que nos sucede, lo que hacemos y lo que hemos vivido. El cómo y el por qué es fundamental. Las reacciones también, porque cuando uno habla en primera persona debe estar preparado para responder en primera persona también. Estas son algunas fórmulas que funcionan, y no desde un punto de vista práctico solamente, sino que funcionan porque, al ser personas que vivimos en sociedad, se suele cumplir ese dicho de: “Si él puede, ¿por qué yo no? Y esto sucede para bien y para mal, generando la admiración y la envidia según sea el carácter de cada una de las personas que leen, o ven, lo que se cuenta. Pero sucede así siempre, ¿verdad? Nos sucede a todos. Por eso funciona el: “Yo también puedo”. En el modo positivo porque la experiencia nos reta, nos refuerza, nos inspira; y en el modo negativo porque no podemos dejar de pensar en ello y crece en nuestro interior la necesidad de saber más, de comprender por qué algunos sí y uno no. A mí me gusta ser positiva, o trato de serlo, lo he aprendido al dedicarme escribir, y creo que este modo negativo también es un camino, porque, de algún modo, dentro de nosotros queremos hacer algo al respecto y en algún momento reuniremos las fuerzas para hacerlo. Si compartir experiencias ayuda, ¿por qué no hacerlo?

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