corazón

Amor, el Diablo y el Cielo en el Infierno

Demasiado amor puede matarte, o convertirte en el Diablo. Aunque a él nunca le gustó ese nombre, porque se lo dieron en el Cielo, donde tras desterrarlo, o hacerlo caer, tras quitarle las alas, buscaron una forma de llamarlo que dejara claro que ya no era de los suyos. Porque vino a entrevistarse conmigo, porque tras siglos escuchando a humanos y ángeles, hasta a los mismos hombres refiriéndose a él como el peor de los seres de la Creación, buscó mis servicios. Porque quería que fuera su abogado.

amor en carruaje

Al principio no estaba seguro de aceptar su caso. Es cierto que me tentaba la idea, mucho más por comprender las circunstancias que lo habían llevado a representar todo lo bajo, todo lo vil, todo lo peor de los seres humanos, que al fin y al cabo también habían sido creado por el Padre de todo lo que habita en la tierra, en el cielo, en los mares y, por extensión en ese lugar más abajo de la tierra donde lo habían confinado. Las leyendas y cuentos sobre él decían que había sido el ángel más fiel, el más obediente, el más leal de todos los miembros de su ejército celestial. Mi primera pregunta era por qué un ser todopoderoso necesitaba un ejército, y de ser así, por qué había tenido la necesidad, ya que estos seres eran perfectos, de crear al hombre, a su imagen y semejanza. Así es que, ya que el Diablo conseguía, según la leyenda también, adquirir adeptos, recurriendo a sus instintos más viles, algo se nos escapaba al hablar de sus culpas. Había muchas cuestiones que no encajaban. Por eso me propuse averiguarlo y la mejor manera de hacerlo era visitándolo a él: al mismísimo padre de todos los demonios.

Como es de suponer, él vino a buscarme. Se presentó ante mí con apariencia humana. Era un hombre elegante, con esa elegancia que atrae y que reside mucho más allá de su apariencia. Su forma de saludarme, estrechándome la mano con extremada cortesía y dirigiéndose a mí con educación y respeto, me descolocó desde el primer momento.

-Buenos días -me lo encontré sentado en mi despacho sin que nadie lo hubiera anunciado. Permanecía sentado en el sillón de los clientes, de espaldas a mí, que entraba por la puerta después de mi descanso para el desayuno y mi vuelta matinal por diferentes lugares de la ciudad con la que me relajaba antes de zambullirme en la realidad de los problemas e inconvenientes que angustiaban a los seres comunes que habitaban sobre la tierra. Ya a primera vista me di cuenta de que no era un cliente común. Su voz era serena y no se giró para recibirme. Así que entré y me senté, admirando por fin su aspecto sin saber aún que se trataba del mismísimo Señor de los Infiernos.

-Puedo ayudarle en algo -le pregunté desconcertado por su mirada fija en mis ojos, penetrante pero tierna, invitándome a relajarme.

-Tengo entendido que es usted un abogado poco común.

-Agradezco que me tenga en esa consideración -su entrada en la conversación seguía inspirándome confianza. -Si me lo permite, no sé su nombre. ¿Cómo se llama?

-Tengo muchos nombres. Puede llamarme Samael.

-Y, ¿tiene apellido?

-Es mejor que obviemos el apellido de momento, si le parece bien.

-Necesito saber con quién estoy hablando.

-Se lo diré si finalmente decide aceptar mi caso, ¿le parece bien? -acompañaba sus palabras con una imperturbable pero exquisita educación porque, mientras hablaba, sacó del bolsillo interior de la chaqueta de su impecable traje de diseño italiano; que yo no pude evitar admirar y que me llevó a concluir que podía ser un cliente con el que pagar las facturas para el mantenimiento de mi despacho unos cuantos meses, quizás durante años si mis impresiones eras acertadas. -¿Puedo fumar?

-No es algo que permita en mi despacho pero con usted haré una excepción. Por favor, cuénteme en qué puedo ayudarle.

-Tengo un problema, digamos familiar -Samael extrajo un cigarrillo de su pitillera plateada y le prendió fuego con un mechero dorado muy fino que estaba dentro. -que ha derivado en calumnias y, como consecuencia, en destierro -inhaló el humo y lo exhaló con total serenidad.

-¿Destierro? -no era una causa común, de eso no me cabía duda. El destierro no era una práctica habitual desde hacía, en fin, desde hacía muchísimos años, por lo menos en occidente y en el siglo XXI. -No comprendo. ¿Su familia lo ha desheredado?

espíritu

-Es mucho peor que eso. Me han desterrado al inframundo y allí no me ha quedado más remedio que subsistir de la única forma que estaba a mi alcance.

-Y, ¿cómo ha subsistido, Samael? -en mi profesión había escuchado toda clase de relatos pero ninguno, hasta el momento, había incluido el inframundo.

-Tratando con los peores seres humanos imaginables. Es una ironía que me rebelara contra mi padre porque no estaba de acuerdo con su devoción por los seres humanos, en detrimento de los ángeles, y que ahora deba recibir a todos aquellos que justifican, precisamente, mi oposición a su creación.

-Disculpe, no lo comprendo -comenzaba a pensar que tenía ante mí a un demente. -¿Dice que se oponía a su padre porque creó a seres humanos?

-Exacto -volvió a darle una calada al cigarrillo y, esta vez, cruzó la pierda cómodamente.

-¿A qué se refiere usted cuando habla de calumnias? -intentaba centrar la consulta porque, de alguna manera, mi esencia de abogado buscaba una lógica a un relato que estaba perdiendo toda coherencia.

-Mis hermanos, los ángeles, son obedientes por naturaleza. Esa la esencia de nuestros actos. Fuimos creados para acompañar a Dios y para ayudarlo en la Creación, para guiar a sus creaciones según sus designios, para dar amor sin límites.

-Comprendo -dije, por aparentar que aquella conversación tenía algún sentido pero estaba deseando coger el móvil y enviar un mensaje a mi socio en el despacho para que llamara a los sanitarios y que se llevaran a aquel tipo a donde pudieran curarlo de su locura. No me podía creer que un demente se hubiera colado en mi oficina.

-Sé que está comenzando a perder la paciencia pero, créame, lo que le cuento no son desvaríos de un loco.

-La verdad, no sé qué pensar -inmediatamente la habitación se llenó de luz y las paredes desaparecieron. Mi cuerpo comenzó a flotar mientras que mi cliente permanecía sentado, con la pierna cruzada, fumando como si nada sucediera.

-Podría haber llenado la habitación de llamas, le hubiera mostrado el infierno, pero no quiero que esta conversación se cimiente sobre el miedo -me explicó desde donde estaba mientras yo ascendía hasta lo alto del edificio y, al mirar hacia abajo, veía mi despacho tal cual, solo que ahora mis ojos podían ver a través de las paredes. No podía creerlo pero estaba volando. -Solo quiero que comprenda que no soy de este mundo, por lo menos no de este mundo de humanos.

-Entonces, es usted un ángel -al decir esto, volví de nuevo a mi asiento sin que nada me sucediera.

-Un ángel no. O más bien ya no.

-Pero me ha hecho volar. O es que ha utilizado algún truco síquico -intentaba buscar alguna explicación racional. Yo era un hombre de leyes y, por eso mismo, no aceptaba fácilmente lo sobrenatural.

-¿Tiene usted fe, abogado? -me preguntó cuando me tuvo otra vez frente a frente. -Disculpe, ¿dónde puedo apagar la colilla? -no supe qué responderle porque estaba atónito, de modo que la hizo desaparecer.

-Sí, supongo que sí. No son cuestiones que uno se plantee directamente pero nos educan para tenerla -miraba su mano y la colilla que había desaparecido ante mis ojos.

-Interesante respuesta. Y ahora, tras conocerme, ¿tiene fe? -no podía responder. Mi cuerpo se había entumecido y mis miembros no respondían. Tenía la garganta seca y era incapaz de emitir ningún sonido. -La fe es fundamental. Incluso para creer en el mal hay que aceptar el bien.

-Supongo que sí -pude contestar al fin.

-Entonces, ¿sabe que el mayor acto de fe es el amor? -ahora su tono se había tornado melancólico. -Es un salto al vacío, es renunciar a todo lo que uno ve, a los hechos, y confiar solo en lo que se siente. Es un salto de fe porque no se ve lo que hay al otro lado, pero uno espera que haya algo, ¿verdad? -moví afirmativamente la cabeza -Así que ha estado enamorado.

-Me temo que sí.

-Por eso lo elegí. Porque sabe lo que es el amor, y porque aún le duele el amor.

-¿Cómo sabe eso?

-Yo lo sé todo. Mucho más en las almas a las que puedo tentar para llevarme conmigo.

-¿Me está diciendo que puede tentarme? ¿Que se llevaría mi alma por amor?

-Sí quisiera sí, claro -y me dedicó una sonrisa.

Tanto poder y tan tranquilo. Lo miraba y no podía comprender cómo se mantenía sereno. No me pareció un hombre poderoso, sí cautivador, pero no poderoso. Tal vez no fuera un hombre. Me mantuve en silencio un instante, la sospecha de quién era tomaba forma de certeza en mi interior.

-¿Qué le pasó con su familia? -no quería preguntarle lo que ya sabía.

-Yo amaba a mi familia.

-La familia no es fácil.

-No lo es. Sobre todo cuando hay amor. Elyon no da explicaciones. Solo nos reunió un día a todos sus ángeles para decirnos que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza.

-¿Elyon? -intentaba acotar los hechos, los protagonistas y aquel nombre no lo había mencionado antes.

-Sí. Elyon, Olam, Yahweh…Dios, hombre. Llámalo como quieras. El que nos creó -entonces sí advertí rencor en sus palabras.

-De acuerdo. Llamemos Elyon a Dios. ¿Y por qué le desterraron?

-Yo amaba a Dios. Lo amaba con ese amor que no conoce freno ni límites. Hubiera hecho cualquier cosa que él me pidiera pero aquello, decir que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza. Aquello no lo entendí. Así que, tras observarlos durante largo tiempo no estuve de acuerdo.

-No estuvo de acuerdo, ¿con qué? -no quedaba claro cómo podía ayudarle un abogado.

-Con amar a los seres humanos como amaba a Elyon. Dios es perfecto, es la máxima expresión de la belleza y la sabiduría. Él está en todas las cosas bellas, y en las terribles también, porque son necesarias; él las creó para que la vida fuera posible, porque todo lo que hace tiene un sentido y un objetivo. El hombre es todo lo contrario a eso -y se puso la mano en el pecho para pedirme disculpas al decir esto, incluso bajó un poco la cabeza para demostrarme que me estaba teniendo en cuenta. -Los seres humanos, si los tientas un poquito, pierden toda noción de lo que es justo o injusto, se dejan llevar por sus más bajos instintos, incluso actúan contra sus propios hermanos, padres, esposas, hijos, si se trata de supervivencia, a veces incluso solo por capricho. ¿Cómo amar a seres así como se ama al Creador? ¿Cómo obedecer para cuidarlos, guiarlos y protegerlos? Yo no estaba de acuerdo con aquello y defendí mis argumentos ante el consejo celestial.

Me había quedado atónito. Estaba asistiendo, en vivo y en directo, a una conversación con el mismísimo Demonio. Pero este no era el ser vil y repulsivo del que hablaban todas las leyendas. Era cabal y razonable en la explicación de sus argumentos. Sin embargo, si él existía, y lo tenía ante mis ojos, también debía existir el Infierno, y como consecuencia, los tormentos y torturas que tenían lugar en él.

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-Así que huiste del Cielo y creaste el Infierno -intenté continuar con la cronología de los hechos porque el caso ya me estaba interesando realmente.

-Más bien me expulsaron, o me invitaron a marcharme, por ser justo, tras una revuelta en la que logré convencer a más de un ángel para que se opusiera a esta nueva creación de Elyon.

-Una revuelta. No suena bien.

-Y no fue bien. Luchamos con todas las armas que teníamos a nuestro alcance. Por eso descubrimos el lado oscuro del amor. Porque nos dejamos cegar por él, porque Dios no nos escuchaba pero no cedía a nuestros deseos. Porque él quería que protegiéramos a los seres humanos y, finalmente, terminamos por pensar que si estos habían sido creado a su imagen y semejanza…entonces, ¿qué éramos nosotros? Así comenzó la guerra.

-Dijiste revuelta -le corregí.

-Se convirtió en una guerra en la que nos expulsaron del Cielo y, dado que en la Tierra estaban los seres humanos y los ángeles que quedaban afines a Elyon los protegían, tuvimos que buscarnos otro sitio, otros métodos, otros objetivos.

-El Infierno.

-Sí, el Infierno. Pero este no fue creado para el mal estrictamente dicho, ni para los malvados. Solo lo mantenemos para que Dios vea que los seres humanos no son cómo él cree, Que se dejan llevar por sus instintos, que traicionan y matan, que reniegan del amor si tienen que elegir entre este y otros placeres más inmediatos, que mienten, que se olvidan de aquellos que los ayudaron, que desean lo que no es suyo….La lista es interminable. Llevo milenios recopilando información.

-No puedo negar que la historia que me cuentas es interesante pero, ¿qué quieres que haga yo? Solo soy un abogado.

Entonces, Samael se levantó y se dirigió hacia mí bordeando la mesa de mi despacho para ponerse de espaldas y mirar por los grandes ventanales el mundo.

-Quiero volver a casa -su voz sonaba triste.

-Lo comprendo pero, ¿cómo puedo ayudarte?

ángel caído

El Diablo se dio la vuelta y me miró fijamente. Sus ojos eran color café pero, al mantener sus pupilas fijas en mí me di cuenta de que poseían una aureola color caramelo alrededor de las pupilas y que, al cabo de unos instantes, y con el reflejo de la luz que irradiaban, se tornaban verdes y grisáceos hasta terminar en ámbar y retornar al café inicial. Hubiera jurado que en ellos habitaba la dulzura del amor, no su maldad.

-Quiero volver a casa. ¿Puedes hacer algo?

No supe que contestar porque era imposible que el Diablo saliera victorioso de un juicio. Estaba el inconveniente de llamar a Dios, a Elyon, a Olam, a Yahweh como testigo. De igual manera, habría que convocar a otros ángeles, así como a aquellos condenados que sufrían tormentos indecibles en el Infierno. No sería un caso fácil, y mucho menos convencional. Pero Samael estaba allí, en mi despacho, mirándome con aquellos ojos llenos de matices, como la realidad, como la vida misma. Debían existir los matices también en el Cielo y habría que demostrarlo. Posiblemente no ganáramos el proceso pero estaba seguro de que el mundo no sería el mismo una vez que este concluyera. Así que, por el amor que veía en él, merecía la pena intentarlo.

-Está bien, señor Samael. Llevaré su caso. Seré el abogado del Diablo.

 

 

 

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