niños explorando el mundo

El País Pequeño de la Perpetua Corriente

Iba por todas las habitaciones con los ojos abiertos de par en par. Casi no podía respirar porque una puerta conducía a otra y, cuando creías que ya no había más, de algún rincón se pasaba a la siguiente y desde aquella, a alguna de más allá, o de más arriba. Finalmente, decidí asomarme a una ventana que permanecía abierta cuando llegué a un torreón. Me subí a un baúl para no caerme y, desde él, me alongué despacio, tratando de controlar el vértigo, envalentonándome para gritar al nuevo país que se abría ante mí.

-¡Hola! –el sonido de mi voz quedó colgando de las ramas para saltar por ellas, rebotando en las hojas, permaneciendo suspendido en el aire hasta avanzar con eco a través de la llanura.

-¡Hola! –escuché al fin.

-¡Hola! –repetí.

-¡Hola! –contestó aquella voz.

Así que satisfecho me bajé del baúl, puse los pies firmes en el suelo y retrocedí sobre mis pasos para deshacer el camino andado pensando que aquel trayecto no lo iba a olvidar nunca. Había alguien ahí fuera.

casa solitaria en el campo

Los días siguientes preparé afanado una mochila. Puse dentro una cantimplora, medio bocadillo de paté de hígado, que me encantaba, y unos lápices de colorear. No pensé en dónde dibujaría. Para mí, en aquellos tiempos, el papel no existía. Solo los colores y lo que dibujaba con ellos, porque siempre hay algo donde pintar si se mira alrededor con atención. También busqué, y en esto tardé un poco más, qué ropa ponerme. No porque fuera uno de esos presumidos, sino porque no sabía a dónde iba y esto me provocaba un gran nerviosismo. Era ese nerviosismo bueno que te impide dormir, pero no soñar. Por eso tardé varios días en ponerme en marcha. Varios días y unas cuantas madrugadas en dulce y ansioso duermevela hasta que, finalmente, decidí que me llevaría una camiseta y un paraguas. Fuera a donde fuera, siempre podría sacármela si hacía calor, y ponerme a cubierto si llovía. No quería enfermarme durante el viaje. A veces me enfermaba, y sería desconsiderado llegar de visita con mala salud.

Así que pertrechado con mi atuendo de travesía, con mis víveres y con mis lápices, lleno de ilusión, emprendí de nuevo el camino hacia el torreón, a través de puertas secretas en estancias continúas, para conocer a quien estaba al otro lado.

pasadizo

Pero cuando llegué por fin a la ventana me la encontré cerrada. Aquella vez estaba abierta, de modo que me senté en el suelo, desinflado y desconcertado. Quizás el viento la había golpeado, o tal vez me hubiera equivocado de habitación. Miré a mi alrededor y no. Definitivamente era aquella. Allí estaba el baúl y, sobre él, los cristales a través de los cuales se veían los árboles y, más allá, el espacio abierto, azul, desde el que me saludaron. Así que me acerqué decidido, puse un pie delante de otro, sobre la madera y pegué la nariz. Sí, era el sitio. Traté de abrirla empujándola con todo mi cuerpo pero no pude. ¡Qué tristeza más grande!

De nuevo en el suelo me quedé mirando el baúl. Quizás dentro estuviera la llave de la ventana. El resto de la habitación, con la cama y la mesa de noche, el armario de tres cuerpos y la lavadera con agua, la silla de mimbre o la mecedora estaban demasiado lejos. Sin duda, de haber sido llave, me hubiera escondido dentro de aquel cajón donde, realmente, podría haber cualquier cosa. Me quité la mochila de la espalda como quien se remanga la camisa para trabajar mejor y me acerqué sigiloso al mueble. Una vez delante me agaché para observarlo bien y después tocarlo. Al hacerlo, se me llenaron las manos de polvo y estornudé.

-Salud… –lanzó una voz desde mi espalda, pero al girarme no había nadie.

Volví a agacharme para escudriñar si salía de dentro del baúl, aunque tenía un poco de miedo. Quizás debía volver pero, una vez allí, tenía que comprobar todas las opciones. Una aventura era una aventura, o eso me repetía cuando levanté la tapa y estornudé otra vez, porque el aire de aquel país encerrado se llenó de polvo.

niño espiando por un agujero en la pared

-Salud… –volvió a decirme.

-¿Por qué está cerrada la ventana? –me atreví a preguntar aferrado a la tapa del baúl.

-Porque estoy aquí dentro.

-¿Dentro del baúl? –y me agaché para mirar con más atención. A un primer vistazo allí solo había ropa vieja, unos cuantos sombreros y más polvo.

-¿Vas a estornudar otra vez? –me preguntó.

-No lo sé –y de golpe cerré la tapa. Estaba un poco avergonzado. –Creo que no.

-Si lo haces no importa –me gustó mucho que dijera eso. –A mí también me pasa, a veces.

-¿Tienes alergia al polvo?

-¿Se llama así?

-Sí. No es nada en realidad. Solo necesito que mi cuerpo se adapte a lo que permanece cerrado. Luego ya estoy bien.

niño

-Mi cuerpo también necesita adaptarse entonces.

-¿Estás aquí encerrado? –no comprendía bien qué hacía dentro del baúl y lo abrí de nuevo para mirar dentro, buscándolo.

-¿Dentro de dónde?

Entonces me di cuenta. Él no veía lo que estaba haciendo. Solo me escuchaba, pero esto al principio fue solo una intuición, por lo que me decía, así que me dispuse a comprobarlo. Dejé la tapa del baúl apoyada en la pared, debajo de la ventana cerrada, para abrir mi mochila y sacar el medio bocadillo de paté para ofrecérselo.

-¿Quieres?

-¿Qué es? –no era una respuesta del todo aclaratoria.

-Es un bocadillo de paté.

-Ah. No, gracias

-¿Te gusta el paté? –indagué para comprobar mi hipótesis.

-No especialmente. Me gusta más la mantequilla. ¿Y a ti?

-A mí me encanta –como se hizo el silencio, seguí hablando. Por nada del mundo quería que se marchara. –También me gusta la mantequilla. Otro día, si quieres, lo traigo de mantequilla –y guardé mi medio bocadillo como si estuviera infectado. A partir de ahora comería todos los bocadillos del sabor favorito de mi amigo.

-Bueno.

Se hizo el silencio un largo rato así que decidí sentarme en el suelo. Como no decía nada empecé a sacar de mi mochila el paraguas, la cantimplora y los colores… los colores como el arco iris, y me quedé mirando al vacío, esperando no sé qué.

-¿Qué haces? –preguntó mi amigo.

-Quiero dibujar. ¿Tú dibujas?

-No.

A los colores no iba a renunciar así que decidí contarle algo más sobre ellos y mostrarle el país de los colores.

-Yo utilizo colores. Me gusta dibujar con ellos.

-¿Son bonitos los colores?

-Sí –respondí casi ahogando un grito de alegría porque no se había cerrado en banda, como me pareció que había hecho con el paté. –Me gustan todos pero mucho mucho el rojo, que es caliente; el azul, que parece frío pero también es caliente; y el lila, que es una mezcla de ambos: ni frío ni caliente, o muy caliente, según se mire.

-Suena bien. ¿Cómo lo haces?

-¿Dibujar?

-Sí.

-Hum, no sé –mientras hablaba miraba a mi alrededor buscando dónde hacerlo. Al momento vi bajo la cama un periódico viejo que cogí inmediatamente. Al lado había una cajita pequeña que también me llevé conmigo. La puse junto al paraguas y las cosas que había sacado de mi mochila y que ahora estaban esparcidas por el suelo.  –Se puede pintar sobre cualquier cosa, eso es lo bueno de los colores –desdoblaba el papel y se lo mostraba para que él pudiera verlo. –De haber cogido bolígrafos, por ejemplo, no podría pintar aquí, porque ya hay letras escritas, ¿ves? –hice el amago de mostrárselo y todo, aunque todavía no sabía si me estaba mirado, aunque enseguida me puse a dibujar porque eso ya no importaba. –Voy a hacernos un mapa para que siempre podamos encontrarnos aquí.

niño dibujando con colores

-Vale.

Cogí el azul y tracé un cuadrado, dentro del que hice unos círculos con las veces que había que girar a través de las puertas escondidas. Recordaba, así de momento y con los ojos cerrados, más de una docena, pero había que contar también con las escaleras que había bajado y subido, de modo que las puse en lila; finalmente, iba a dibujar el torreón pero no sabía ni qué color poner ni cómo representarlo. Una ventana no era adecuado, ya que estaba cerrada, el baúl tampoco, porque en verdad dentro no había encontrado nada. Miré a mi alrededor buscando inspiración pero no se me ocurría como marcar el punto de encuentro hasta que la voz de mi amigo me dio la respuesta.

-Dibuja un paraguas –me sonreí de oreja a oreja porque finalmente había averiguado que sí me veía. A mi lado, junto a la mochila, un poco más allá del dibujo, entre este y la ventana, estaba mi paraguas.

-Claro, es que en este país estamos a cubierto, ¿verdad?

-Jajaja –su risa me hizo reír a mí también. -¿Cómo lo adivinaste?

-Porque para eso lo puse. Para si llovía, tener donde refugiarme.

-Eso está muy bien pensado. Este será nuestro refugio.

-¡Vale! –estaba entusiasmado. -Te voy a hacer una copia del mapa para que te la lleves. Yo la pondré dentro de esta caja –alargué la mano para cogerla y abrirla. -Será nuestro secreto. ¿Tienes un cofre del tesoro donde ponerlo?

-Sí, claro –al escucharlo me puse manos a la obra con los colores para dibujar en el pedazo de periódico, justo al lado del mío, un mapa igual para mi amigo. 

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Registrar una obra literaria: trámites de la creación

Paciencia, ropa que hable de quien eres y una gran sonrisa. Así recomiendo que se vayan a hacer los trámites para el registrar la propiedad intelectual de la obra que se haya escrito, o de la obra de otro cuando se coordina una biografía, como fue mi caso en esta ocasión. Se pueden realizar digitalmente, si se posee firma electrónica, pero no cabe duda de que la experiencia en vivo vale la pena. Realmente puede ser un día inspirador tanto el conocimiento de los entresijos de la parte administrativa que todo artista debe tener como porque, por el mismo hecho de serlo, es maravilloso pasearse por la calle con el documento impreso, palpable y latente en la mano. Entonces eres más consciente de quién eres; algo que también se consigue en el ordenador pero este es un baño, por así decirlo, diferente.

Registrar una obra es necesario y muy recomendable tanto si se va a presentar a un certamen literario o si se va a enviar a editoriales y agentes literarios; como si se piensa en la autoedición; como si se muestra a personas que, aun siendo de confianza, tal vez no esté de más que quede constancia en algún lugar oficial de que es originalmente nuestra. Así es que una vez que llegamos a la conclusión de que queremos registrar lo que hemos parido con experiencia, sangre, dolor, placer y mucho trabajo, tenemos que organizar esta parte práctica de la vida del escritor.

Por ser precisamente una tarea práctica deberemos ponernos el corazón en su sitio y conectarlo al cerebro, pues vamos a salir al mundo real y este tiene sus propias reglas.

Pongamos por ejemplo la provincia de Las Palmas, donde fui a registrar una biografía de la que acabo de coordinar los textos para su edición. Tengo que confesar que he hecho los trámites con Lolita Pasión Travesías. Cuentos para soñadores , pero de una vez a otra se me diluyen los recuerdos en ese mar de emociones en el que vivimos los escritores. Por eso me pongo muy seria cada vez, con mi hemisferio del cerebro práctico conectado, y lo hago todo desde el principio sin dar nada por hecho. Al fin y al cabo, viviré una experiencia y la vida siempre te sorprende cuando te abres a recorrer el camino tal y como es. Así se alimentan mejor los relatos.

palabras escritas

De modo que con la obra en mi ordenador en PDF e impresa en el escritorio entro en Google y tecleo “registro de la propiedad intelectual“. Inmediatamente encuentro la página del Ministerio de Cultura español en la que te informan de que, para registrar tu creación debes ir a su delegación en tu comunidad autónoma. Así que vuelvo a la página de inicio en Google y escribo “registro de la propiedad intelectual + Canarias ” y encuentro la dirección donde debo realizarlo en la provincia de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, las dos capitales de provincia del archipiélago. Pero como cuando se trata de creatividad sé que mi cerebro tiende a la distracción, decido ir a la Oficina Canaria de Información para confirmar que estoy dando los pasos correctos. Evidentemente, no  hace falta, pero en mi caso una persona física me da tranquilidad, sobre todo en lo que a los trámites administrativos se refiere. Por eso, una vez allí, y tras hacer la cola que me podía haber ahorrado, les pregunto dónde registrar una obra literaria y me confirman que, efectivamente, en Las Palmas, se realiza en la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Consejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, ubicada en la calle Murga, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Al salir por la puerta me doy cuenta de que esa es la dirección que constaba en la página web y justo cuando iba a comenzar a darme de cabezazos por el tiempo perdido algo sucede. Me giro antes de dejar el edificio y veo a las personas sentadas esperando. Entonces, siento que esa hora y media no ha sido tan mala; sobre todo si miro con mi corazón de escritora. La atención personal en la oficina fue directa y sonriente, y la espera en la cola de lo más interesante. Estuve en silencio en medio de una familia que conversaba sobre su día a día mientras escuchaba enternecida sus desahogos por las dificultades del día a día, que no se diferenciaban mucho de las mías, todo hay que decirlo. Para un escritor, por lo menos para mí, las conversaciones son un tesoro para la inspiración y muchas más veces de lo que los demás se piensan son estos pequeños bocados de realidad los que nos dan las fuerzas para continuar.

La calle Murga no se encontraba lejos de donde estaba así que me dispuse a ir dando un paseo. Es bueno sentir el sol en el rostro tras días de encierro y trabajo frente al ordenador, saboreando la vida, con la obra a registrar bajo el brazo y la mirada despreocupada resbalando por los árboles, los edificios, las ventanas y el cielo; comprobando que ninguno ha dejado de estar ahí. A veces nos olvidamos de esto, sea uno artista o no. Por eso, cuando cruzaba el paso de peatones que me conducía al edificio gubernamental donde iba a registrar la obra para la que había coordinado los textos, reconocí inmediatamente a un amigo escritor al que había años que no veía. Este encuentro ante el registro de la propiedad intelectual es un cuento en sí mismo para cualquier creador, dado que en las mareas de la vida, uno navega contra el viento y las corrientes en solitario, incluso cuando los días están despejados y la mar en calma. Por eso, aunque no lo digamos, siempre nos acordamos de los otros que también han escogido este camino que desde fuera se ve tan arriesgado. Así es que allí, en medio de los coches, nos abrazamos y nos reímos un buen rato por aquella casualidad, en medio de las pitas de los conductores frenéticos. Decidimos celebrarlo e irnos a desayunar para contarnos esos años, la lucha y el resultado. Él fue quién me avisó de que mi documentación no estaba completa pero, aún así, me permití esa conversación en un puerto seguro un poco más, antes de volver a colocar mi cerebro en el modo administrativo e ir a hacer el trámite.

Fachada oficina del Registro de la Pro`piedad Intelectual

Una vez en la oficina del Registro de la Propiedad Intelectual en Las Palmas de Gran Canaria, me atendió una funcionaria maravillosamente amable que supuse debía estar acostumbrada a los despistes de los artistas, porque contestaba paciente y comprensiva a todas mis preguntas, y a mis angustias también. Todo ello me impactó notablemente y todavía resuenan en mis oídos sus palabras al explicarme que allí se registra “la obra creada por la persona, no recopilada”. Sus palabras retumbaron en mi corazón como si se tratara de una pelota sobre un frontón, rebotando una y otra vez por su delicadeza al pronunciarlas; porque, mientras las decía, acariciaba con las yemas de los dedos cada una de las páginas que le había entregado hasta comprobar el documento completo. Hay algo especial en las oficinas de cultura de cualquier organismo o institución, en las bibliotecas, en las librerías… Tal vez se trate del silencio, porque no es un silencio vacío, sino lleno de detalles que, al levantar la cabeza, uno observa a su alrededor y acaba por hacerlo sentir arropado, en casa. Carteles de obras de teatro en la pared, figuritas de instrumentos sobre la mesa, junto al ordenador, un perchero o una gramola que tal vez no se usan, pero que están ahí…Al terminar de admirar los rincones y fijar los ojos sobre la persona que te atiende comprendes que no es una persona cualquiera, y que cuando pronuncia “obra creada” sabe de lo que está hablando. Se produce entonces un guiño cómplice, una respiración calmada, una calidez de abrazo en el tono y en el momento. Y comprendes que puedes volver mañana con lo que te falta, porque ella seguirá allí, y no tener toda la documentación necesaria deja de ser un drama. Es cierto que hay prisa, que los horarios de entrega se pasan, que no te dará tiempo de reunir todo lo necesario, pero aun así vuelve a latir el corazón de escritora y escoges vivir el momento, entregarte a la conversación poniendo toda tu atención y no olvidar ningún detalle de lo que te cuenta.

dirección web para registrar una obra literaria

Así es que, para registrar una obra literaria, ya sea novela, memoria, ensayo, relato, poemas, cuento u obra teatral (también para un guion cinematográfico o estudio), hace falta entregar rellenado y firmado el formulario del Registro de la Propiedad Intelectual, que se recoge en la oficina física delegada del Ministerio de Cultura en cada comunidad autónoma, o que se puede descargar de la página web. Esta solicitud debe ir acompañada de una copia de la obra a registrar encuadernada o anillada con una primera página en donde se especifique claramente el título de la misma y el nombre y apellidos del autor. Una vez que se entrega de esta forma, en esta oficina nos dan un recibo con la cantidad que hay que pagar en el banco por registrar la obra, en este caso un poco más de trece euros. Con este recibo se va a la oficina bancaria más cercana en la que permitan hacer este trámite; recomiendo preguntar al funcionario dónde, porque no todas lo hacen. Luego, una vez pagada la tasa, nos quedamos con una copia y entregamos otra en el Registro, donde nos la sellan y devuelven junto con una copia la solicitud anterior, también sellada.

Y ya está. Atrás queda el siguiente en la cola de la oficina, al que miramos al salir con una sonrisa entrañable porque lo vemos con la obra en la mano, sin encuadernar y sin formulario, con el rostro de cachorro asustado que teníamos nosotros el día anterior. Pero sabemos que estará bien, ¿verdad?

Caminando en la oscuridad

Allí lo dejo, entrando, para irme a casa con el documento que confirma que el trabajo que he coordinado está registrado a nombre de la autora de las memorias y me voy a por el siguiente reto, que de eso está hecha la vida.

 

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Manual de Laura para viajar

Conducía por aquella carretera del norte al amanecer cuando se dio cuenta de que iba chocar contra una cabra. Pisó el frenl en un acto reflejo y logró que el vehículo quedara apenas a un milímetro del animal, que no se habían inmutado lo más mínimo y seguía rumiando tranquilamente en medio de la carretera. Laura la miró para maldecir pero al verle aquella expresión de indiferencia pastoril se echó a reír a carcajadas. Había comenzado a viajar sin rumbo, o con un rumbo preciso, aunque aún no se diera cuenta.

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Allí, en medio de la nada se dio cuenta de que estaba amaneciendo y de que aquellas primeras luces del día convertían en cielo, la carretera, su coche y la cabra en un milagro de la naturaleza. Un paisaje del alma, bello y accidentado, como estaba también la suya.

Se acercó al animal, que seguía donde mismo, para acariciarlo pero al llegar a su lado este reaccionó depositando rapidamente una retahíla de heces, pequeñas y oscuras como el chocolate. Laura se las quedó mirando sonriendo de nuevo. La cabra, sin inmutarse, había expresado su inquietud dedicándole sus excrementos. Pero seguía rumiando y su coche echando humo.

-Te voy a contar un cuento. A ver si cuando termine me dejas acariciarte. -le pidió con voz suave y mirada mansa.

-Bueno -le respondió la cabra. -pero no te conozco así que si no me gusta me iré aunque no hayas terminado.

Laura estaba muy sorprendida. Aquel animal, además de ser suicida y de estómago ligero, era también exigente.

-¿A qué esperas? -la cabra seguía hablándole. –Cuéntame un cuento y recuerda que estamos en  la hora bruja así que ten cuidado con lo que imaginas.

-¿La hora bruja? Nunca había escuchado hablar de ella.

-Claro, Laura -la joven se quedó perpleja porque supiera su nombre. -Es que solo eres humana. A la hora bruja -comenzó a explicarle, -se ve todo lo que no se ve, se siente todo lo que se esconde y se hace realidad todo lo que se sueña.

-¿Cómo puede ser eso? -ella no podía creer que aquella cabra hablara en serio. Con los deseos y sueños que ella había albergado toda su vida.

-Pues así es. Lo que ocurre es que solo sucede dos veces al día. Al amanecer y al anochecer y hay que estar avispado porque dura apenas un momento.

reloj

-¿Estamos ahora en la hora bruja? -preguntó Laura.

-¿Qué comes que adivinas, pequeña? ¿Si no fuera así iba una cabra a estar hablando contigo?

-Tal vez me quedé dormida al volante -razonó.

-Puede ser. Pero esta mañana yo pedí que una humana me contara un cuento y aquí estás. En medio de la nada dispuesta a hacerlo, ¿verdad?

-Sí. La verdad es que contarle un cuento a una cabra en la hora bruja es un privilegio.

-Pues venga, que nos queda poco tiempo.

-En la hora bruja todo es posible, ¿verdad?

-Más que nunca -respondió la cabra con un alarido.

-Entonces voy a contarte una historia de amor, pero no una historia de amor cualquiera. Te voy a contar la historia de cómo el amor nos lleva allá donde imaginamos, de cómo si uno es valiente abre la puerta de la fantasía y nos hace creer, pero no solo a nosotros sino también a quienes han renunciado a él o han dejado de creer que tanta felicidad sea posible. De cómo viajar con el amor nos lleva a otros mundos y nos transforma.

La cabra guardó silencio un momento, rumiando la respuesta.

-¿También devuelve la fe a las cabras?

-Por supuesto. Si una cabra ama todo es posible -al escuchar esto el animal se tumbó tal como estaba, en medio de la carretera, junto al coche que aún tenía la puerta del conductor abierta y las marcas del frenado sobre el asfalto, bajo el cielo rojizo del amanecer, dispuesta para viajar al cuento de Laura en la hora bruja.

Había una vez una joven que estaba enamorada de un caballero que vivía en un castillo inaccesible. Lo había descubierto cuando llegaba en su barca al pueblito, porque se había construido la torre más alta del reino al otro lado de la bahía, pero tenía que llegar hasta la costa una vez por semana, cuando iba al mercado a comprar víveres. Solía pasar desapercibido para los demás, porque ni su atuendo no la expresión severa de su rostro dejaban entrever ningún don agradable para animar a nadie a decirle esto o aquello, nada más allá de las áridas conversaciones sobre el tiempo. Sin embargo a veces, cuando escogía la fruta entre las que se exponían a la venta, la joven había observado que se le dibujaba una sonrisa al llevárselas a la nariz para inspirar su aroma. También se sentaba en uno de los pilones del puerto, siempre en el mismo, antes de subir a su barca para remar de nuevo hacia su fortaleza. Pasaba allí largo rato hasta que al fin se echaba al agua y desaparecía en soledad. Ella un día se sentó en aquel rincón, aspiró el aroma a marisco, escuchó el bullicio del mercado y admiró a todos aquellos pescadores que recogían sus redes y limpiaban sus barcos tras un día de dura faena. Entonces algo saltó en su interior, y amo a aquel caballero que había encontrado el lugar perfecto del puerto para disfrutar de la vida que había en él. Y no pudo comprender por qué nadie se había dado cuenta antes.

Decidida, la joven saltó a una de las chalanas de los pescadores y llegó remando hasta la fortaleza. Allí la empalizada estaba subida, no había más que muros de piedra. Ni siquiera una ventana le permitían ver lo que había dentro. Aunque ella sabía que allí estaría su caballero, pero no sabía en qué pasaba su tiempo o en qué pensaba. Lo que sí sabía era que estaría haciendo algo que mereciera la pena, como aspirar el aroma de la fruta o disfrutar de la vida del mercado.

-¡A del castillo! -gritó. Y como nadie contestaba gritó más fuerte: -¡A del castillo, por favor!

-¿Y por qué grita? -la interrumpió la cabra. -que entre y ya está.

-Es que el caballero había decidido aislarse del mundo y había levantado un castillo en medio del mar sin empalizada, sin almenas y hasta sin torres. Su mundo cabía en único obelisco sin huecos que casi rascaba el cielo.

-Caramba. ¿Y cómo entraba?

-La joven no lo sabía, por eso gritaba -aclaró guiñándole el ojo a la cabra.

Ese caballero es muy complicado. Creo que va a ser un cuento demasiado largo –la cabra miró el cielo. El rojo del amanecer ya era naranja y comenzaba a sentir unas ganas tremendas de tirar para el monte. –Dale prisa, muchachita, si quieres que se haga realidad tu historia.

-Vale vale. ¿Cuánto tiempo tenemos? –la cabra levantó el hocico, señalando las montañas.

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-Cuando sean verdes ya no habrá magia –en aquel momento aún retenían el fuego de la llegada de la mañana.

-Volvió a llamar y nadie contestó –Laura hablaba sin dejar de mirar al horizonte hasta que cerró los ojos para viajar con su corazón hasta el centro del relato -pero como ella era joven pero de alma vieja, de estirpe de brujas buenas, guardó silencio un instante para escuchar desde dentro, a la vez que pedía consejo a sus ancestras. Ella quería conocer a aquel caballero que había descubierto el tesoro de la vida aún estando fuera de ella.

Así que escuchó y escuchó hasta que un gemido casi imperceptible llegó hasta ella. Miró hacia lo alto, hacia el obelisto para ver de dónde salía. Allí no habían huecos, solo piedra. Sin embargo, su alma vieja comprendía que aquel lamento era como una bandera que de auxilio que hondeara al viento, invisible a los ojos y corazones de quienes solo veían las apariencias.

cabra

Por eso acercó un poco más la barca hasta el muro y se encaramó como pudo, escalando, subiendo con toda la dificultad del mundo, guiada por aquel lamento que solo ella escuchaba. Las manos le sangraban, se resbalaba y caía al agua pero volvía a subir al bote y desde él saltaba hasta la roca de nuevo. Mientras, el lamento era cada vez más débil, hasta que finalmente desapareció del todo. Desvaneciéndose como la bruma en la tarde que llena de humedad los corazones hasta congelarlos, pero no el de Laura, que seguía escalando, trepando y escuchando con su instinto de bruja buena.

Sin embargo, y casi cuando estaba en lo alto, una piedra mal encajada hizo que perdiera el equilibrió y cayó al mar sin remedio. El golpe fue tan fuerte, porque ya estaba casi casi a la altura del cielo, en lo alto del obelisco, que la dejó inconsciente y a merced de la marea.

-¿En serio? –la cabra no podía creérselo. –¿Tanto esfuerzo para nada? Ese caballero no se la merecía–se molestó de tal manera que escupió parte de la hierba que rumiaba justo al lado de los pies de Laura.

-Si crees en la hora bruja deberías creer en los encantamientos –le advirtió para tranquilizarla.

-No te digo que no pero, ¿que magia hace que te escondas? -era una cabra con carácter, de eso no cabía duda.

-¿No conoces el sufrimiento? -Laura acudió entonces a la verdad de su corazón para hacerla comprender.

El sufrimiento no es magia. Y él no se había escondido del todo. Iba al mercado a observar la vida, y gemía. En mi opinión -concluyó el animal, -algo dentro suyo luchaba por salir de aquella torre. Él fue el que hizo magia.

-Ciertamente eres muy lista–Laura se sorprendió con aquella reflexión y ya jamás la olvidaría. La cabra se acercó a ella y restregó su lomo contra su cintura. –Me caes bien -la acarició con ternura.

-Y tú a mí -la cabra estaba tan a gusto que casi sonreía. –Pero es que tengo que marcharme. Mira la montaña. Se está cerrando la puerta y he de irme al otro lado. ¿Me cuentas el final de la historia? Ella se habrá salvado, ¿verdad? –la cabra ya había salido de la carretera y trotaba alegremente monte arriba.

-Tendrás que esperar a la hora bruja de esta noche, o a la de mañana, para viajar con la hora bruja y saberlo –Laura la despedía dirigiéndose a su coche, que seguía en medio de la carretera, enviándole besos volados.

La cabra trotaba por el monte camino hacia la cumbre de la montaña a la vez que el verdor se llenaba de cantos de pájaros, de mariposas, de nubes que se levantaban dejando ver el cielo azul, despejado, amarillo. La hora bruja había concluído, por eso cuando llegó a la cima y bajó por la ladera ya caminaba a dos patas; con la melena al viento y una gran sonrisa en los labios. Caminaba hacia la bahía con el puerto de pescadores para llegar más allá, en medio del mar, hacia el obelisco de piedra dura que llegaba casi casi hasta el cielo; sin empalizada, sin almenas, sin torres…Al alcanzar la orilla se adentró en el agua y, un poco antes de llegar a él, se sumergió en las profundidades para llegar a su base, donde presionando una roca se habría una puerta por la que accedió hasta el interior. Allí estaba el caballero, sentado leyendo un libro junto a una chimenea. La recibió con una gran sonrisa y se levantó para envolverla en una toalla.

-Buenos días, Laura –y le dio un beso.

-Buenos días, mi vida –ella se quedó abrazada a él un buen rato para calentar su cuerpo mojado con el calor que desprendía.

-¿Mañana iremos al pueblo a comprar pescado? –le preguntó el caballero sin dejar de acariciarle la melena.

tango argentino

-Claro, cariño, y al atardecer, en la hora bruja, bailaremos como cabras con nuestros vecinos.

 

 

teléfono móvil

Periodismo, herramientas y redes sociales

Un periodista sin móvil es un periodista sin trabajo en los tiempos que corren. Así es, igual que sucedía hace apenas unos años con el ordenador, que era la principal herramienta de trabajo para ejercer la profesión del periodismo, como antes lo había sido la máquina de escribir, antes el bolígrafo y antes antes llegaríamos hasta la pluma de Cervantes con el tarro de tinta. Un smartphone, llamémoslo Android o iPhone, por hablar en términos que usan los expertos, aunque no sean en castellano, ofrece todas las ventajas imaginables para trabajar con el cronómetro conectado, como sucede cuando se vive al filo de la noticia. Desde él, en este momento se pueden consultar la actualidad apenas amanece, escuchar la radio con podcast incluidos, ver vídeos de los principales medios de comunicación si uno se suscribe a sus canales en las redes sociales y hasta grabarlos y editarlos en línea, escribir un blog o elaborar una noticia para entrar en la web corporativa para la que se trabaja, diseñar la página y hasta añadir las fotografías que se ha tomado con el mismo aparato y tener conversaciones en vivo y en directo con buena parte del mundo. Por eso, a veces me pregunto qué diría un periodista del siglo pasado, no del XX, sino del siglo XIX si levantara la cabeza y viera lo que se puede hacer estando al otro lado del mundo en apenas cinco minutos; qué digo cinco, dos minutos, si se tienen wifi, el teléfono en la mano y un cargador. Probablemente le reventaría la cabeza, pero dejando esto a un lado, e ignorando el hecho de que igual que puedes ver te pueden llamar a cualquier hora del día o de la noche si uno no se pone ciertos límites, ¿no es un gran invento?

internet

Los periodistas se informan en las redes sociales

El 50 por ciento de los periodistas se informa en las redes sociales, según un estudio realizado por la agencia de publicidad y comunicación Ogilvi Public Relations,  y el 54 por ciento de los encuestados coincidieron en que las nuevas plataformas fueron creciendo en importancia para la redacción. Así es que ahora conocemos las noticias también a través de internet, a donde las principales empresas de comunicación y los medios de comunicación convencionales se han trasladado conviviendo con sus soportes tradicionales. Así, se pueden leer El País y el ABC digitalmente, consultar los vídeos que comparten en YouTube, con un contenido diferente o más bien con un enfoque diferente, y a la vez abrir el abanico de plataformas para mantenernos informados con revistas especializadas en nuestra área profesional y sitios de nueva creación que poco a poco van ganando la confianza de sus seguidores. Las radios y las televisiones han vivido el mismo proceso así es que la necesidad de estar en diferentes plataformas con diferentes contenidos, aprendiendo a valorar la imagen y los vídeos, o a la inversa, escribiendo un blog con contenidos que se lanzan al aire por las emisoras ha sido una experiencia estimulante para todos. Teniendo en cuenta que si algo define al periodista es la curiosidad, es importante tener en cuenta el detalle de que han sido los usuarios no profesionales del periodismo los que han popularizado el uso de las redes sociales, luego se sumaron los profesionales de la comunicación y el marketing y, poco a poco, la prensa ha ido encontrando la manera de contar la noticia de forma atractiva; porque nunca ha dejado de contarla ya que su digitalización comenzó desde el año 2000, aunque durante muchos años se ha criticado que solo se traspasaba el formato convencional a la red y que no había una auténtica transformación digital.

cartel de zona wifi

Humanización del periodismo

El punto clave para el periodismo en internet han sido las redes sociales pero mucho más importante ha sido el uso que se ha dado por la mayor parte de la población de las mismas. La información, estando veinticuatro horas conectado, no se detiene y solo el que conoce el verdadero poder de las noticias comprende que la forma de darlas y el momento para hacerlo son clave a la hora de comprender un suceso o, sobre todo, generar influencia a través de la opinión sobre el mismo. Este hecho ha impulsado a los medios de comunicación a ponerse las pilas y a los periodistas a participar de la realidad que está aconteciendo con los conocimientos a su alcance. De modo que finamente y una vez más, hemos acabado todos de nuevo en el mismo sitio, haciendo real lo que durante tanto tiempo se definió como virtual.

ojos

La credibilidad de las opiniones

La realidad siempre ha sido una composición de realidades, circunstancias, contextos, opiniones y hechos comprobados y ahora hay que añadirle el mosaico de internet. Porque con sus webs, blogs, redes sociales y contenidos parece que las personas tuviéramos todo el día para estar leyendo noticias, y no es así. De modo que siendo un gran invento y facilitando el trabajo de periodista como el mayor adelanto después del fuego, un teléfono es un teléfono. Por eso conviene recordar la máxima del periodismo de investigación, que pone condiciones de seguridad para publicar una noticia si no se ha confirmado el hecho por cinco fuentes diferentes. En mi opinión, y vaya por delante que leer las experiencias y puntos de vista de los otros me enriquece y me ayuda en mi día a día, es una buena norma cuando se quiere dar credibilidad a lo que nos cuentan e incluso a lo que contamos nosotros.

corazón

Amor, el Diablo y el Cielo en el Infierno

Demasiado amor puede matarte, o convertirte en el Diablo. Aunque a él nunca le gustó ese nombre, porque se lo dieron en el Cielo, donde tras desterrarlo, o hacerlo caer, tras quitarle las alas, buscaron una forma de llamarlo que dejara claro que ya no era de los suyos. Porque vino a entrevistarse conmigo, porque tras siglos escuchando a humanos y ángeles, hasta a los mismos hombres refiriéndose a él como el peor de los seres de la Creación, buscó mis servicios. Porque quería que fuera su abogado.

amor en carruaje

Al principio no estaba seguro de aceptar su caso. Es cierto que me tentaba la idea, mucho más por comprender las circunstancias que lo habían llevado a representar todo lo bajo, todo lo vil, todo lo peor de los seres humanos, que al fin y al cabo también habían sido creado por el Padre de todo lo que habita en la tierra, en el cielo, en los mares y, por extensión en ese lugar más abajo de la tierra donde lo habían confinado. Las leyendas y cuentos sobre él decían que había sido el ángel más fiel, el más obediente, el más leal de todos los miembros de su ejército celestial. Mi primera pregunta era por qué un ser todopoderoso necesitaba un ejército, y de ser así, por qué había tenido la necesidad, ya que estos seres eran perfectos, de crear al hombre, a su imagen y semejanza. Así es que, ya que el Diablo conseguía, según la leyenda también, adquirir adeptos, recurriendo a sus instintos más viles, algo se nos escapaba al hablar de sus culpas. Había muchas cuestiones que no encajaban. Por eso me propuse averiguarlo y la mejor manera de hacerlo era visitándolo a él: al mismísimo padre de todos los demonios.

Como es de suponer, él vino a buscarme. Se presentó ante mí con apariencia humana. Era un hombre elegante, con esa elegancia que atrae y que reside mucho más allá de su apariencia. Su forma de saludarme, estrechándome la mano con extremada cortesía y dirigiéndose a mí con educación y respeto, me descolocó desde el primer momento.

-Buenos días -me lo encontré sentado en mi despacho sin que nadie lo hubiera anunciado. Permanecía sentado en el sillón de los clientes, de espaldas a mí, que entraba por la puerta después de mi descanso para el desayuno y mi vuelta matinal por diferentes lugares de la ciudad con la que me relajaba antes de zambullirme en la realidad de los problemas e inconvenientes que angustiaban a los seres comunes que habitaban sobre la tierra. Ya a primera vista me di cuenta de que no era un cliente común. Su voz era serena y no se giró para recibirme. Así que entré y me senté, admirando por fin su aspecto sin saber aún que se trataba del mismísimo Señor de los Infiernos.

-Puedo ayudarle en algo -le pregunté desconcertado por su mirada fija en mis ojos, penetrante pero tierna, invitándome a relajarme.

-Tengo entendido que es usted un abogado poco común.

-Agradezco que me tenga en esa consideración -su entrada en la conversación seguía inspirándome confianza. -Si me lo permite, no sé su nombre. ¿Cómo se llama?

-Tengo muchos nombres. Puede llamarme Samael.

-Y, ¿tiene apellido?

-Es mejor que obviemos el apellido de momento, si le parece bien.

-Necesito saber con quién estoy hablando.

-Se lo diré si finalmente decide aceptar mi caso, ¿le parece bien? -acompañaba sus palabras con una imperturbable pero exquisita educación porque, mientras hablaba, sacó del bolsillo interior de la chaqueta de su impecable traje de diseño italiano; que yo no pude evitar admirar y que me llevó a concluir que podía ser un cliente con el que pagar las facturas para el mantenimiento de mi despacho unos cuantos meses, quizás durante años si mis impresiones eras acertadas. -¿Puedo fumar?

-No es algo que permita en mi despacho pero con usted haré una excepción. Por favor, cuénteme en qué puedo ayudarle.

-Tengo un problema, digamos familiar -Samael extrajo un cigarrillo de su pitillera plateada y le prendió fuego con un mechero dorado muy fino que estaba dentro. -que ha derivado en calumnias y, como consecuencia, en destierro -inhaló el humo y lo exhaló con total serenidad.

-¿Destierro? -no era una causa común, de eso no me cabía duda. El destierro no era una práctica habitual desde hacía, en fin, desde hacía muchísimos años, por lo menos en occidente y en el siglo XXI. -No comprendo. ¿Su familia lo ha desheredado?

espíritu

-Es mucho peor que eso. Me han desterrado al inframundo y allí no me ha quedado más remedio que subsistir de la única forma que estaba a mi alcance.

-Y, ¿cómo ha subsistido, Samael? -en mi profesión había escuchado toda clase de relatos pero ninguno, hasta el momento, había incluido el inframundo.

-Tratando con los peores seres humanos imaginables. Es una ironía que me rebelara contra mi padre porque no estaba de acuerdo con su devoción por los seres humanos, en detrimento de los ángeles, y que ahora deba recibir a todos aquellos que justifican, precisamente, mi oposición a su creación.

-Disculpe, no lo comprendo -comenzaba a pensar que tenía ante mí a un demente. -¿Dice que se oponía a su padre porque creó a seres humanos?

-Exacto -volvió a darle una calada al cigarrillo y, esta vez, cruzó la pierda cómodamente.

-¿A qué se refiere usted cuando habla de calumnias? -intentaba centrar la consulta porque, de alguna manera, mi esencia de abogado buscaba una lógica a un relato que estaba perdiendo toda coherencia.

-Mis hermanos, los ángeles, son obedientes por naturaleza. Esa la esencia de nuestros actos. Fuimos creados para acompañar a Dios y para ayudarlo en la Creación, para guiar a sus creaciones según sus designios, para dar amor sin límites.

-Comprendo -dije, por aparentar que aquella conversación tenía algún sentido pero estaba deseando coger el móvil y enviar un mensaje a mi socio en el despacho para que llamara a los sanitarios y que se llevaran a aquel tipo a donde pudieran curarlo de su locura. No me podía creer que un demente se hubiera colado en mi oficina.

-Sé que está comenzando a perder la paciencia pero, créame, lo que le cuento no son desvaríos de un loco.

-La verdad, no sé qué pensar -inmediatamente la habitación se llenó de luz y las paredes desaparecieron. Mi cuerpo comenzó a flotar mientras que mi cliente permanecía sentado, con la pierna cruzada, fumando como si nada sucediera.

-Podría haber llenado la habitación de llamas, le hubiera mostrado el infierno, pero no quiero que esta conversación se cimiente sobre el miedo -me explicó desde donde estaba mientras yo ascendía hasta lo alto del edificio y, al mirar hacia abajo, veía mi despacho tal cual, solo que ahora mis ojos podían ver a través de las paredes. No podía creerlo pero estaba volando. -Solo quiero que comprenda que no soy de este mundo, por lo menos no de este mundo de humanos.

-Entonces, es usted un ángel -al decir esto, volví de nuevo a mi asiento sin que nada me sucediera.

-Un ángel no. O más bien ya no.

-Pero me ha hecho volar. O es que ha utilizado algún truco síquico -intentaba buscar alguna explicación racional. Yo era un hombre de leyes y, por eso mismo, no aceptaba fácilmente lo sobrenatural.

-¿Tiene usted fe, abogado? -me preguntó cuando me tuvo otra vez frente a frente. -Disculpe, ¿dónde puedo apagar la colilla? -no supe qué responderle porque estaba atónito, de modo que la hizo desaparecer.

-Sí, supongo que sí. No son cuestiones que uno se plantee directamente pero nos educan para tenerla -miraba su mano y la colilla que había desaparecido ante mis ojos.

-Interesante respuesta. Y ahora, tras conocerme, ¿tiene fe? -no podía responder. Mi cuerpo se había entumecido y mis miembros no respondían. Tenía la garganta seca y era incapaz de emitir ningún sonido. -La fe es fundamental. Incluso para creer en el mal hay que aceptar el bien.

-Supongo que sí -pude contestar al fin.

-Entonces, ¿sabe que el mayor acto de fe es el amor? -ahora su tono se había tornado melancólico. -Es un salto al vacío, es renunciar a todo lo que uno ve, a los hechos, y confiar solo en lo que se siente. Es un salto de fe porque no se ve lo que hay al otro lado, pero uno espera que haya algo, ¿verdad? -moví afirmativamente la cabeza -Así que ha estado enamorado.

-Me temo que sí.

-Por eso lo elegí. Porque sabe lo que es el amor, y porque aún le duele el amor.

-¿Cómo sabe eso?

-Yo lo sé todo. Mucho más en las almas a las que puedo tentar para llevarme conmigo.

-¿Me está diciendo que puede tentarme? ¿Que se llevaría mi alma por amor?

-Sí quisiera sí, claro -y me dedicó una sonrisa.

Tanto poder y tan tranquilo. Lo miraba y no podía comprender cómo se mantenía sereno. No me pareció un hombre poderoso, sí cautivador, pero no poderoso. Tal vez no fuera un hombre. Me mantuve en silencio un instante, la sospecha de quién era tomaba forma de certeza en mi interior.

-¿Qué le pasó con su familia? -no quería preguntarle lo que ya sabía.

-Yo amaba a mi familia.

-La familia no es fácil.

-No lo es. Sobre todo cuando hay amor. Elyon no da explicaciones. Solo nos reunió un día a todos sus ángeles para decirnos que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza.

-¿Elyon? -intentaba acotar los hechos, los protagonistas y aquel nombre no lo había mencionado antes.

-Sí. Elyon, Olam, Yahweh…Dios, hombre. Llámalo como quieras. El que nos creó -entonces sí advertí rencor en sus palabras.

-De acuerdo. Llamemos Elyon a Dios. ¿Y por qué le desterraron?

-Yo amaba a Dios. Lo amaba con ese amor que no conoce freno ni límites. Hubiera hecho cualquier cosa que él me pidiera pero aquello, decir que había creado a los seres humanos a su imagen y semejanza. Aquello no lo entendí. Así que, tras observarlos durante largo tiempo no estuve de acuerdo.

-No estuvo de acuerdo, ¿con qué? -no quedaba claro cómo podía ayudarle un abogado.

-Con amar a los seres humanos como amaba a Elyon. Dios es perfecto, es la máxima expresión de la belleza y la sabiduría. Él está en todas las cosas bellas, y en las terribles también, porque son necesarias; él las creó para que la vida fuera posible, porque todo lo que hace tiene un sentido y un objetivo. El hombre es todo lo contrario a eso -y se puso la mano en el pecho para pedirme disculpas al decir esto, incluso bajó un poco la cabeza para demostrarme que me estaba teniendo en cuenta. -Los seres humanos, si los tientas un poquito, pierden toda noción de lo que es justo o injusto, se dejan llevar por sus más bajos instintos, incluso actúan contra sus propios hermanos, padres, esposas, hijos, si se trata de supervivencia, a veces incluso solo por capricho. ¿Cómo amar a seres así como se ama al Creador? ¿Cómo obedecer para cuidarlos, guiarlos y protegerlos? Yo no estaba de acuerdo con aquello y defendí mis argumentos ante el consejo celestial.

Me había quedado atónito. Estaba asistiendo, en vivo y en directo, a una conversación con el mismísimo Demonio. Pero este no era el ser vil y repulsivo del que hablaban todas las leyendas. Era cabal y razonable en la explicación de sus argumentos. Sin embargo, si él existía, y lo tenía ante mis ojos, también debía existir el Infierno, y como consecuencia, los tormentos y torturas que tenían lugar en él.

volcán

-Así que huiste del Cielo y creaste el Infierno -intenté continuar con la cronología de los hechos porque el caso ya me estaba interesando realmente.

-Más bien me expulsaron, o me invitaron a marcharme, por ser justo, tras una revuelta en la que logré convencer a más de un ángel para que se opusiera a esta nueva creación de Elyon.

-Una revuelta. No suena bien.

-Y no fue bien. Luchamos con todas las armas que teníamos a nuestro alcance. Por eso descubrimos el lado oscuro del amor. Porque nos dejamos cegar por él, porque Dios no nos escuchaba pero no cedía a nuestros deseos. Porque él quería que protegiéramos a los seres humanos y, finalmente, terminamos por pensar que si estos habían sido creado a su imagen y semejanza…entonces, ¿qué éramos nosotros? Así comenzó la guerra.

-Dijiste revuelta -le corregí.

-Se convirtió en una guerra en la que nos expulsaron del Cielo y, dado que en la Tierra estaban los seres humanos y los ángeles que quedaban afines a Elyon los protegían, tuvimos que buscarnos otro sitio, otros métodos, otros objetivos.

-El Infierno.

-Sí, el Infierno. Pero este no fue creado para el mal estrictamente dicho, ni para los malvados. Solo lo mantenemos para que Dios vea que los seres humanos no son cómo él cree, Que se dejan llevar por sus instintos, que traicionan y matan, que reniegan del amor si tienen que elegir entre este y otros placeres más inmediatos, que mienten, que se olvidan de aquellos que los ayudaron, que desean lo que no es suyo….La lista es interminable. Llevo milenios recopilando información.

-No puedo negar que la historia que me cuentas es interesante pero, ¿qué quieres que haga yo? Solo soy un abogado.

Entonces, Samael se levantó y se dirigió hacia mí bordeando la mesa de mi despacho para ponerse de espaldas y mirar por los grandes ventanales el mundo.

-Quiero volver a casa -su voz sonaba triste.

-Lo comprendo pero, ¿cómo puedo ayudarte?

ángel caído

El Diablo se dio la vuelta y me miró fijamente. Sus ojos eran color café pero, al mantener sus pupilas fijas en mí me di cuenta de que poseían una aureola color caramelo alrededor de las pupilas y que, al cabo de unos instantes, y con el reflejo de la luz que irradiaban, se tornaban verdes y grisáceos hasta terminar en ámbar y retornar al café inicial. Hubiera jurado que en ellos habitaba la dulzura del amor, no su maldad.

-Quiero volver a casa. ¿Puedes hacer algo?

No supe que contestar porque era imposible que el Diablo saliera victorioso de un juicio. Estaba el inconveniente de llamar a Dios, a Elyon, a Olam, a Yahweh como testigo. De igual manera, habría que convocar a otros ángeles, así como a aquellos condenados que sufrían tormentos indecibles en el Infierno. No sería un caso fácil, y mucho menos convencional. Pero Samael estaba allí, en mi despacho, mirándome con aquellos ojos llenos de matices, como la realidad, como la vida misma. Debían existir los matices también en el Cielo y habría que demostrarlo. Posiblemente no ganáramos el proceso pero estaba seguro de que el mundo no sería el mismo una vez que este concluyera. Así que, por el amor que veía en él, merecía la pena intentarlo.

-Está bien, señor Samael. Llevaré su caso. Seré el abogado del Diablo.

 

 

 

windfsurfista entre las olas

Noticias e historias: el qué y para quién

“¿Qué quieres contar?” Esta es la base para organizar la estructura de las noticias, y si a esta le añadimos “¿Para quién?” podremos definir el tono con el que abordar su narración. Es decir, que no es lo mismo hablar en tercera persona que en primera, solo hay que recordar los usos sociales con base en la educación para el “usted” y el “tú”. Partiendo de ellos, comprenderemos no solo como abordar la elaboración de una noticia en un gabinete de prensa, sino como trasladarla a las redes sociales, por ejemplo, donde la interacción debería ser más directa porque nos dirigimos a una comunidad de personas con las que queremos establecer un vínculo; igual que sucede en las webs corporativas.

Mujer con globo terráqueo

Generar emociones

Dar a conocer a las personas que trabajan en una empresa de aviación o que realiza los cursos que se ofertan, mostrar quién regenta la tienda de la esquina, o cómo es que tras cuarenta años se ha mantenido en la brecha sin perder ese toque de encanto, la historia de su nacimiento, de dónde salen los productos típicos de la gastronomía de un lugar, o por qué reciben ese nombre y quién los cultiva con el sudor de su frente para garantizar que son buenos para la salud son caminos útiles para interesar a quien lee estos post en internet y que, tarde o temprano, vuelvan a leer más o, mucho mejor, viajen a este lugar que los está emocionando solo a través de la lectura.

Interesar en lo que se informa

La diferencia entre un comunicado de prensa y una publicación en internet dependerá de quiénes somos y de la relación que queremos establecer con nuestro entorno más afín, así como el menos afín, y de qué queramos compartir. Hay que tener en cuenta que este tono no variará de una información, o de un contacto, a otro, por lo que debería ser flexible dentro de los margenes de confianza que hemos establecido según lo que somos.

Quiénes somos

De esto se sobreentiende que antes deberíamos definir quiénes somos, algo que sirve también para la vida. Se trata de un trabajo previo que requiere tiempo y perspectiva, pero que sin duda garantizará que todas nuestras comunicaciones se realicen desde la mejor óptica para transmitir lo que somos. Y en una sociedad transparente en cuanto a lo que a la imagen se refiere, esta definición es importante  si queremos permanecer en el tiempo y afianzarnos en un sector determinado, e incluso abarcar muchos sectores diferentes.

Las experiencias

Así que no es lo mismo una noticia que un relato, sin embargo en las webs de las entidades y corporaciones, e incluso de las instituciones, se puede encontrar cada vez más a menudo el apartado del blog, en el que no se cuentan exactamente noticias pero sí se sale de él con la sensación de poseer más información sobre lo que hacen. ¿Por qué? En este apartado se utiliza un sistema de narración basado en generar emociones a través de las experiencias. No es nada del otro mundo, se trata, simplemente, de ir más allá de la mera noticia, o de ir más allá de ofrecer un calendario de actividades para quien consulte estas páginas buscando información, y ofrecer lo que significa, o sea, las emociones que genera, este servicio, empresa o organización, pública o privada. No es lo mismo conocer que hacer turismo pero, curiosamente, el dar a conocer es útil para que las personas se animen a comenzar a viajar, por ejemplo.

Bolsillo trasero del pantalón

Elaboración de las noticias

La web corporativa y las redes sociales son también útiles a la hora de trasladar un evento a las redes sociales, según mi experiencia al trabajar como periodista en diferentes medios, así como en mi labor como jefa de Prensa y como responsable de las redes sociales del Festivalito La Palma – Festival de las Estrellas. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, si bien para conectar con quienes participan de las actividades es necesario transmitir experiencias y mantener la conexión con ellos, también es bueno mantener un apartado meramente informativo, más objetivo, que estos y, sobre todo, los medios de comunicación, puedan consultar. Las noticias siempre son noticias, y aquí también es importante definir el qué se va a contar, y el para quién.

Para llegar a todos

El tono objetivo de la información se escoge en este caso porque la finalidad de la información es para toda la sociedad, no solo para quienes están participando activamente en el evento. Por eso, y dado que no tienen conexión con lo que se hace, ni conocen los precedentes del mismo, o el contexto, ni siquiera quién o quiénes lo organizan, se deberían contar todos estos datos a través de un medio objetivo y aséptico como es la nota de prensa. Se trata de tocar a la puerta de un desconocido, y la educación nos hace intuir en este caso que es mejor mantener la neutralidad y dejar que las preguntas tradicionales de la profesión periodística marquen la pauta para ofrecer la información: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué. Sin duda, la nota de prensa será enviada a los medios de comunicación y colgada en un apartado diferente al del “blog” en la web que organiza el evento, tal vez en “noticias” o “gabinete de prensa”. A este se dirigirán los profesionales intuitivamente al entrar en esta página, y también quiénes, por curiosidad, lleguen a ella buscando ampliar la información. Este y “quiénes somos” o “nosotros”  contienen información muy valiosa, similar a la que procesamos al conocer a alguien una primera vez, así que en su elaboración es muy importante prestar atención al contenido. No se contesta de cualquier forma a la pregunta de “¿Quiénes somos”?

Periódico en la puerta de una vivienda

Conectar en las redes sociales

En el caso de un evento en las redes sociales, así como en el apartado de inicio de la web del mismo, o en el blog que se decida establecer en la página para mantener al tanto a los participantes de cómo se está desarrollando el mismo el tono y las noticias que se comparten es completamente diferente. Es así, precisamente, porque se parte de la base de que se trata de personas que están disfrutando del evento, o a los que les gustaría este evento, y sobre todo, que conocen la actividad de la que se habla o están relacionados de algún modo con ella, con lo que comprenderán más rápidamente de qué se está hablando, y enseguida conectarán con la emoción que se transmite.

Contacto con quienes conocen lo que se ofrece

Porque se trata de eso si se comparte un evento online, de informar de las emociones que se están sucediendo en las diferentes actividades, los diferentes días, de destacar lo que sucede con las personas que lo protagonizan, con las peculiaridades y novedades que se ofrecen en el programa. Y hay que interactuar, para lo cual el primer paso es conectar emocionalmente. No es bueno tratar de trasladar un evento a las redes sociales si no se va a tener en cuenta a quiénes lo leen porque, en el fondo, están participando también de él. Su visión es muy valiosa no solo para el acontecimiento en curso, sino para futuros acontecimientos similares. Se aprende mucho de quienes tienen perspectiva, de ahí la importancia de escucharlos, de responder, de mantener el contacto.

joven en internet

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Informar para quedarse

Porque las noticias son siempre noticias en sí mismas de modo objetivo y esta es la principal diferencia entre informar y contar una historia, ya que para la primera se ha de mantener la distancia, mientras que para la segunda, sobre todo si el objetivo es que se recuerde, hay que acercar, transmitir, trasladar, conectar. No se trata de que con las informaciones no se generen este tipo de emociones, ya que la Historia está llena de acontecimientos transmitidos con objetividad por grandes profesionales que han calado en la sociedad movilizando a gran parte de ella. Se trata de que en un mundo hipercomunicado, en la denominada sociedad de la información, con la generalización del uso de internet y las redes sociales y el volumen de información que esto supone, con la consiguiente desinformación que esta trae consigo, es bueno poseer herramientas para mantener abierto el canal de comunicación y dar visibilidad que lo que se hace, ya sea a nivel privado o ya sea en entidades, corporaciones e instituciones.